Lo más visto

El Salvador  / social Kute Blackson Autor y motivador

“El mundo los necesita, su país los necesita”

Ni el Gobierno ni la familia ni los amigos, advierte el guía de renombre internacional Kute Blackson. Cumplir las metas es una lucha personal y posible de realizar, tal como él ha trabajado con todos los que se acercan a buscar su asesoría. Su libro más reciente, titulado “Tú eres el único” (You. Are. The. One.) detalla cómo pasar de la insatisfacción a una vida dirigida por propósitos concretos.

Enlace copiado
“El mundo los necesita, su país los necesita”

“El mundo los necesita, su país los necesita”

Enlace copiado

B lackson es un autor y motivador personal que nació en Ghana (en la parte occidental de África) que visitó El Salvador para dejar el mismo mensaje a los jóvenes de escasos recursos y en los más influyentes dirigentes empresariales: usen el poder que tienen para inspirar y promover una diferencia en el mundo. Fue invitado por la Organización de Presidentes Jóvenes (Young Presidents Organization, YPO) y la Organización de Emprendedores (EO) para un evento con más de 100 asistentes que se llevó a cabo el miércoles pasado. Aquí comparte cómo cualquier persona puede superar los obstáculos que le impiden lograr la vida que desea para sí.

¿Por qué visita El Salvador?

Tuve un evento con unas 400 personas, calculo. Eran jóvenes de 18 a 25 años que provienen de sectores con bajos ingresos económicos. Ellos están en los programas de la Fundación Gloria de Kriete. Así que nos reunimos en un auditorio y tuve la oportunidad de dirigirme a ellos. Me dediqué a inspirarlos, a explicarles que deben aprovechar cada momento, que construyan una visión sobre su vida y los propósitos que ellos tienen. Luego, ayer (miércoles) tuve otro gran evento con unas 136 personas. Entre ellos estaban los líderes más influyentes de El Salvador, América Latina; por ejemplo, vinieron personas de Costa Rica y Nicaragua. Era un evento de la YPO (siglas en inglés para Organización de Presidentes Jóvenes, una organización sin fines de lucro fundada por dirigentes de empresas) y la EO (siglas en inglés de la Organización de Emprendedores). La experiencia fue “poderosa”: dirigirme a los líderes más influyentes en el país, en la región y llevarlos a pensar de qué se trata su vida realmente. Cuál es el propósito que ellos tienen y cómo pueden aprovechar su posición de poder, de influencia, de recursos y oportunidades como una plataforma para hacer la diferencia en la humanidad. La idea es que también puedan inspirar a otras personas para que se fijen objetivos más grandes en términos de hacer la diferencia, inspirar a las personas, llevar amor.

¿Pudo conversar con algunos de los jóvenes de los que me habló al principio? ¿Qué impresión se llevó?

Algunos de ellos se acercaron a mí al final del evento y además que todo lo preparé para que fuera interactivo. Pero vi mucha voluntad para vivir. Ya me habían dicho que estos muchachos vienen de ambientes muy difíciles, complicados. Pero cuando los ves, en realidad no se nota porque muestran más su espíritu. Y no es un espíritu pobre, sino que está lleno de vida, de coraje, de visión. Les planteé preguntas y varios de ellos tienen sueños y esperanzas. Quieren hacer cambios en la cultura que puedan alcanzar a otras generaciones. Quieren enseñar y hacer tantas otras cosas. Ellos me mostraron que las circunstancias pueden ser muy desafiantes, pero esas circunstancias no definen quién eres. Y, en medio de esa circunstancia retadora, estos jóvenes mantienen su visión, y eso me llenó de esperanza por este país. El Salvador enfrenta tiempos complicados, pero siempre hay una caída profunda antes del resurgimiento. En los momentos más oscuros, la luz busca una salida, pero no la podemos ver. Cuando está más oscuro es cuando el éxito está por llegar. Entonces, estos chicos irradian luz por la mirada y no lo esperaba. Luz, energía. Solo espero que la gente influyente en el país continúe apoyando el desarrollo de los niños, porque ellos son el futuro. Y ahí sí hay esperanza.

Ellos están en una edad en la que usted tuvo un cambio fundamental en su vida. ¿Pudo reconocer algo de su pasado en ellos?

Sí. Cuando tenía 18 años y buscaba un camino. Yo no tuve una vida de ricos. Mi padre era ministro y se dedicaba a las iglesias, de manera que todo lo que él tenía iba para la gente. Así que sí tuve esos sueños. Mi cuarto era muy pequeño. Conozco ese sentimiento de tener grandes sueños y una visión amplia, pero mis circunstancias me frustraban. ¿Cómo lo hago, cómo lo logro? Sí que reconozco ese sentimiento: ¿quién soy yo para querer este cambio, para tener estos sueños? Así que, cuando ellos compartían sus experiencias, yo los comprendí. Pero, al final, perseguir tu sueños y tener fe en uno mismo requiere mucho coraje. Más todavía cuando vivimos en una sociedad que nos condiciona a no ser quien realmente queremos ser, que nos cuestiona: ¿quién crees que eres para esperar algo? ¿Qué te hace pensar que vas a conseguirlo? Así que traté de hacerles comprender que necesitan el sueño, la visión. Les dije que hay una razón por la cual sus sueños los han elegido a ellos. También se lo dije a los de YPO: creo que cada persona que ha nacido en El Salvador, en estos tiempos, en medio de situaciones tan desafiantes, ha sido por una razón. No es ningún accidente. Su alma encarnó en este lugar, en estos momentos, por una razón y no es ningún accidente. Hay algo que estaban destinados a hacer, aquí y ahora. El mundo los necesita, su país los necesita. Sus comunidades necesitan que den el paso al frente y compartan sus talentos. No es ningún accidente haber nacido aquí. Pudieron haber nacido en Jamaica, en Haití, en Hawái, pero no: fue en El Salvador. Y eso tiene una razón, insisto.

Usted estuvo con dos públicos muy diferentes. ¿Cómo fue pasar de los chicos de Oportunidades a los dirigentes empresariales?

Es curioso. Por un lado están esos jóvenes que tienen muy poco y, sin embargo, cuando estás con ellos había tanta luminosidad. Estoy seguro de que pasan muchas necesidades, pero por encima de todo estaba esa alegría natural en ellos. Mientras que los dirigentes empresariales eran diferentes: la luz estaba ahí, menos intensa, pero permanecía. Fue muy interesante ver esta especie de yuxtaposición. En realidad, en estos años he conocido a muchas personas que consiguieron todo lo que querían, pero todavía no son felices o no se sienten completos. Digamos que lograste todo lo que pensaste que querías y aún no logras ser feliz, ¡eso es peor que no tenerlo! Puede ser un infierno. Así que en ocasiones eso pasa.

¿Podría compartir una historia de alguien que haya puesto en práctica su mensaje?

Son varios. Ahora pienso en una mujer excepcional. Cuando ella tenía entre siete u ocho años vio a su madre abandonarla, con maletas en la mano. La vio salir de la casa, casi que huyendo. Después fue acosada por su padre, cada día, hasta que tuvo 18. Ella recibía el mensaje de que no valía nada y, bueno, para no alargarlo, era algo tan triste. Cuando trabajé con ella nos esforzamos para que ella enfrentara su dolor y lo apaciguara, lo calmara y lo dejase ir. Ella aprendió a perdonar, a liberar. Fue así que ella pudo conectarse con ella misma, amarse. Cuando conoces personas con esa historia te preguntas cómo es que todavía están vivos. Ahí es cuando ves el poder del espíritu humano. Como cuando una flor crece y luego alguien la aplasta, la hunde. Tú pensarías que la flor morirá, pero no. Sigue creciendo, debajo de una pequeña ranura y, desde ahí, sale. Igual nosotros. Cuando acabamos de salir de la oscuridad todavía se nota el daño, pero seguimos buscando salir. Ese es el poder del espíritu humano, a pesar de todo lo que pasamos. Ella, después del proceso, pudo salir, logró la alegría y la vivacidad.

En sus mensajes usted habla varias veces sobre cómo las personas se inclinan a pensar que el mundo, la sociedad, les debe algo. ¿En verdad eso es un obstáculo?

Lo primero es darse cuenta, convencerse, de que nadie te debe nada. “El Gobierno tiene que darme esto, mi familia tiene que darme esto”, no. Para mí esa es la clave para ser libre. Porque, a ver: tus padres ya te dieron la vida, y eso es grandioso. Hasta los 18 años tienen una responsabilidad en la crianza, pero después de eso... No. Ya te dieron la vida. ¿Cuánto vale la vida? Desde ya ese es el más precioso regalo. Incluso hubo un momento en que yo cuestionaba a Dios. ¿Por qué me pusiste en esta situación? ¿Te das cuenta de mi actitud? ¿Reclamándole a Dios? Pero pronto me di cuenta de que ya Dios nos ha dado lo que necesitamos: los ojos, las manos, la creatividad. Hay millones de versiones de nosotros mismos que podemos perfeccionar, muchos procesos dentro de nosotros. Milagros que ocurren en nuestro interior, y ¿los reconocemos? Pasamos quejándonos: “Ay, qué vida tan pesada”, pero puedo respirar, ver, tocar, saborear. Ya nos han dado todo, pero no lo reconocemos y no somos conscientes. La diferencia la hace no solo lo que pensamos, sino que también aquello por lo que estamos agradecidos. Para superar el obstáculo de pensar que alguien nos debe algo hay que cultivar un sentimiento radical de agradecimiento. Somos bendecidos. Es un privilegio estar vivos y pasar por la experiencia de ser humanos. Es cierto que no es perfecta, pero estar agradecidos por vivirla ya es un paso enorme.

¿Considera que hay dirigentes en la actualidad que demuestran esa actitud?

Sí. En cierta manera y en algunos de ellos. Si se mantienen en una posición de “yo, yo soy todo, mío, ¿qué puedo ganar con esto?” pues desde ya: no son líderes. Porque un verdadero líder está dedicado al servicio. El verdadero liderazgo nos guía. Una posición jerárquica no te hace líder. Tu disposición a servir te hace líder. Como presidente de una empresa o de un país te define tu servicio a los demás que dependen de ti. Cuando hay una desconexión de la vocación de servicio comienzas a pensar qué vas a ganar para ti, qué va para tu beneficio personal. Nos olvidamos y nos domina el ego. Pero los que sí son líderes, como (Nelson) Mandela, Ghandi, Martin Luther King, la madre Teresa (de Calcuta), JFK (John F. Kennedy), todos ellos: vocación de servicio. Un líder necesita superar la etapa de “yo” y pasar al “nosotros”.

Una de sus lectoras destacaba una idea en su libro más reciente, sobre que tendemos a embarcarnos en una búsqueda que no termina, motivados por ego: ¿también es limitante?

El ego se dedica a buscar, buscar, buscar, pero no encuentra. Y eso es porque está relacionado con lo que nosotros creemos que somos. Una colección de pensamientos, recuerdos, identidades, condicionamiento. Es todo con lo que construimos esa identidad. Entonces, cuando estamos muy apegados a esa manera de identificarnos, entonces más pesado es el ego. No es algo físico, es un proceso de quiénes creemos que somos. Parte de esa búsqueda de la que hablaba, y que difícilmente conduce a un hallazgo, es para buscar un momento de paz. Digamos que el ego tiene miedo a morir, miedo a no existir. Y que al final lo que creemos que somos no existe. Pensamos: “Esto soy yo, mi poder, mi fama, mi posición en el trabajo. Yo”. Pero, en el momento en que eso se pone a prueba, la gente pelea o se quiebra. Entonces, cuando se quedan sin dinero, o los quitan del trabajo, pues entonces llega el colapso. Se rompe esa noción de “yo soy”, y por eso el ego busca, porque está el miedo a que deje de existir. Es así que buscamos más dinero, más fama. Nos damos las grandes comidas, o nos rebalsamos de trabajo para recordamos quiénes somos. Queremos evitar la pérdida de nuestro noción de quiénes creemos que somos.

¿Qué mensaje daría a millones de personas de entre 20 y 40 años que tienen una gran responsabilidad en construir el futuro, pero al mismo tiempo son apáticos?

El mundo los necesita. Es fácil quejarse y no digo que no tengan motivos para hacerlo, pero yo siempre les pregunto: “¿Qué hiciste hoy para hacer una diferencia? Hoy”. Y recibo respuestas como “bueno, eh... Pues... Ya sabes...”. Pero ¿qué acción has tomado hoy para que tu país sea mejor? Y el 98 % de las personas no puede darme una respuesta. Pero si quieres algo diferente, deja de esperar que la sociedad, la cultura, tu presidente o alguien más lo inicie. Haz algo. Primero en ti mismo, después en tus hábitos de vida, cómo vivir con mayor integridad con mi pareja, mis hijos, en mi trabajo. Después qué acciones tomo en mi vida para iniciar la diferencia. El océano se formó con una sola gota. No es que vas a cambiar el mundo, pero si todos damos un poco más, entonces vamos a formar el océano. En vez de quejarse y quedarse de apáticos, hay que preguntarse qué podemos hacer. Busca qué está bajo tu control. El país es un colectivo de pequeñas acciones, y por eso, si muchos dejan de hacer algo, nunca vendrá la diferencia. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo que podamos. En chino, la palabra “crisis” tiene la misma composición (gráfica) que “oportunidad”. Son casi la misma palabra. Debemos adoptar este concepto y crear una visión de algo que es más grande que tú, de liderazgo y de unir a todos los que están tu alrededor.

Lee también

Comentarios