El municipio de los informantes

Catalina está demasiado angustiada como para esperar a que el alcalde de San José Guayabal, Mauricio Vilanova, salga de la reunión. Así que esquiva a la secretaria, e irrumpe en el despacho municipal. Se desliza en una de las seis sillas plásticas que rodean el escritorio del alcalde y se suelta: “Los antisociales, de apellido Montes, no se tientan los hígados pa’ matar en el cantón El Sauce de Tonacatepeque”.
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Sin extorsión.  Comerciantes del centro de Guayabal dicen que no necesitan vigilantes, porque ningún pandillero llega a extorsionar.

Sin extorsión. Comerciantes del centro de Guayabal dicen que no necesitan vigilantes, porque ningún pandillero llega a extorsionar.

Registro.  Con los informantes, el alcalde tiene una base de datos de los pandilleros. El más buscado de Guayabal es “el Payaso”.

Registro. Con los informantes, el alcalde tiene una base de datos de los pandilleros. El más buscado de Guayabal es “el Payaso”.

Patrullaje.  Después de las llamadas de informantes, los elementos del GCAC patrullan con la colaboración de la alcaldía.

Patrullaje. Después de las llamadas de informantes, los elementos del GCAC patrullan con la colaboración de la alcaldía.

El municipio de los informantes

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Catalina no es de San José Guayabal, pero se desplazó hasta el despacho de Vilanova porque, según dice, ha escuchado que ayuda a los que ofrecen información sobre los pandilleros que llegan a San José Guayabal a intentar reclutar, amenazar, extorsionar y cometer homicidios.

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—Tengo dos pedazos de tierra abandonados, quiero que me ayude a venderlos. Ni yo, ni mis hijos podemos ir a verlos –dice Catalina.

—Nadie va a comprar esos terrenos. No con esos pandilleros que andan molestando –responde el alcalde Vilanova.

—No quiero perderlos, por eso quiero vender. Ayúdenos.

—Lo que sí podemos hacer es pasar esta información al GCAC e ir a patrullar en la zona. Si sabe algo más, nos informa.

La mujer se queda callada y asiente con la cabeza. Se levanta de la silla y pasa una vez más entre los tres soldados y el policía del Grupo Conjunto de Apoyo a la Comunidad (GCAC), que esta mañana del 17 de mayo están en reunión con Vilanova, el alcalde que en 2016 acaparó la atención de el periódico español El País, que lo bautizó como el sheriff antipandillas.

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“No estoy de acuerdo con las autodefensas, ni con entregar armas a los civiles. De hecho, el diputado Guillermo Gallegos me parece una persona falsa, que ha tomado el tema de la seguridad como una plataforma electoral.

En lo que creemos es en las comunidades organizadas, que ya no le tengan miedo a los pandilleros y que se atrevan a informar. En función de denunciar es que se deben organizar las comunidades”, dice el alcalde ahora, cuando está de moda la discusión sobre la posibilidad de armar comunidades contra las pandillas o legalizar las autodefensas.

Vilanova explica que en los nueve cantones, cinco barrios y una colonia, donde viven aproximadamente 11,000 habitantes, ha logrado tener una red de informantes.

Ha levantado una pequeña base de datos en la que registra el nombre, el alias, la pandilla a la que pertenecen y en qué delitos han participado los pandilleros. Esa base es alimentada constantemente y también es compartida con elementos del GCAC.

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“Ahora tenemos buena información sobre lo que hacen los pandilleros y dónde se mueven, pero todo es gracias a los informantes. Esa es la clave para enfrentar a las pandillas. No queremos matarlos, queremos capturarlos. Todo eso se logra con informantes sin miedo”, dice.

Génesis
Cuando Vilanova ganó, por primera vez, la Alcaldía de Guayabal en 2000, el problema de inseguridad era una banda que hurtaba el ganado.

La gente se quejaba en la alcaldía de que los policías de la localidad no hacían nada con las denuncias que presentaban las víctimas. Los policías, por su parte, argumentaban que tenían toda la disposición de capturar a los responsables, pero que no tenían los recursos para movilizarse, ya que el único vehículo patrulla pasaba más días en el taller que patrullando.

Las víctimas se organizaron y se turnaron para cuidar a los animales por las noches. “No teníamos armas, solo bastaba estar despiertos para que los de la banda no se llevaran a los animales. En esos días comenzamos a investigar, por nuestra propia cuenta, quiénes eran y hacia dónde llevaban el ganado para vender y destazar”, dice un habitante, mientras recuerda aquella época.

La investigación que hizo la comunidad, y que luego informó al alcalde Vilanova, llamó la atención de investigadores policiales del departamento de Cuscatlán. Con los perfiles que la comunidad hizo de cada uno de los miembros de la estructura y con la identificación de los lugares a donde llevaban el ganado hurtado, la Policía Nacional Civil (PNC) hizo una redada y desarticuló la banda de más de 15 personas involucradas.

En 2004, cuando un pandillero conocido como “Chato” llegó a la zona central del municipio para reclutar adolescentes y activar una célula de la pandilla en Guayabal, el alcalde probó nuevamente la fórmula que había tenido éxito contra la banda: crear una red de informantes, que no tuvieran miedo para denunciar. “A este pandillero no lo dejamos en paz. Los informantes nos decían sus movimientos y nosotros íbamos con el GCAC. No le dimos espacio para reclutar a muchos, no le dejamos cometer delitos. Al final se fue de Guayabal y en 2005 nos dimos cuenta de que fue asesinado en un parque de San Salvador”, cuenta el residente.

Así funciona la red
Desde 2004, la red de informantes del alcalde fue incrementando en número y en denuncias sobre los pandilleros que quedaron después de que “Chato” se fue de Guayabal.

“Estuvimos tranquilos después de que el ‘Chato’ se fue, pero en 2014 se nos complicó todo cuando la tregua iba finalizando. Varios pandilleros llegaron al municipio y retomaron el trabajo inconcluso del ‘Chato’. El problema es que no solo vino de la misma pandilla del ‘Chato’, también vino de la otra”, comenta el alcalde.

Uno de los delitos más denunciados por los informantes, desde la llegada de los pandilleros, fue el de la extorsión a pequeños y medianos empresarios del municipio. Uno de esos casos ocurrió el año pasado, cuando los habitantes dijeron al alcalde, y después el alcalde a investigadores policiales, que un mediano empresario había sido extorsionado con $15,000.

Los informantes revelaron que uno de los principales involucrados en la extorsión era un pandillero que trabajaba para el empresario. Los pobladores también dijeron que el día en que se iba a recoger la extorsión, un pandillero iba a estar vigilando en el parque que no pasara la policía o el alcalde con el GCAC.

“A mí me dieron la orden, desde un penal, que me quedara en el parque, porque otro iba a recoger el dinero. Vi a dos hombres con cajas de chocolate, que supuestamente andaban vendiendo, pero en realidad eran investigadores. Uno me dijo que si iba a comprar y yo dije que no, segundos después me tiró al suelo y con el otro investigador me apuntaban con pistolas diciendo que eran policías y que me iban a llevar a la cárcel”, relata Tulipán, el pandillero que participó de aquella extorsión y quien sostiene que ha buscado reinsertarse con la ayuda del alcalde.

Vilanova dice que gracias a los informantes la policía capturó a Tulipán y que lo conoció y lo metió a un programa de reinserción a través del proceso judicial, después de que fue condenado a tres años de libertad condicional.

“Yo me metí en la pandilla para buscar venganza. Es que el 9 de junio de 2010, cuando yo tenía nueve años, los pandilleros mataron a mi mamá y a mi papá enfrente de mí. Eso sucedió en Valle del Sol, Apopa. Los mataron porque no pagaron la extorsión. Después me vine a Guayabal, a vivir con mi abuela y fue aquí donde me metí en la pandilla contraria”, cuenta el pandillero retirado.

Vilanova dice que a la par del trabajo de los informantes, las capturas y la represión del delito, lo “importante también es invertir en la educación, salud y prevención de violencia”.

Según el alcalde, cada año destina un poco más de $60,000 en apoyo a las escuelas, que sale del presupuesto anual de la municipalidad. Ese dinero se reparte entre el combustible a los camiones que todos los días pasan por los cantones llevando estudiantes, pago a los motoristas, bonificación a maestros que trabajan en el municipio y refrigerios.

“Nuestros informantes hacen gran parte del trabajo de inteligencia y gracias a ellos se resuelven casos. Pero la visión tiene que ir más allá y como alcaldía tenemos que invertir en prevención de violencia. Aquí hace falta un control de natalidad y en eso también queremos trabajar como alcaldía”, agrega Vilanova.

Patrullaje
Después de que Catalina sale de la oficina, el alcalde se levanta de su escritorio, adornado con un armadillo armado y vestido al estilo sheriff del viejo oeste. Camina hacia un estante y saca una subametralladora Uzi, de la cual dice tener todos los permisos en regla. “Vamos a patrullar El Sauce”, dice y los elementos del GCAC lo siguen, se suben al vehículo que la alcaldía les entregó y llegan hasta el cantón.

“Como los policías todavía siguen sin recursos, la alcaldía ha dado un vehículo para patrullajes. Antes, como no tenían ni motorista, yo era el motorista y patrullaba con ellos. Ahora la alcaldía paga un motorista que patrulla con ellos. Yo casi no lo hago porque siempre que hay campaña electoral me recomiendan (cúpula de ARENA) no hacerlo”, explica Vilanova.

Cuando los del GCAC, acompañados esta vez por el alcalde, llegan al cantón de Catalina, no encuentran a ningún pandillero. Lo único que hallan, tal como dijo Catalina, es un caserío desalojado. Hasta las gallinas y perros, que las más de 70 familias no pudieron llevarse, murieron en el lugar.

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