El país debe retener el talento de los jóvenes

La migración y la “fuga de cerebros” han sido permanentes en los últimos años, sin que se pueda evitar. Para coautores de “El país que viene”, se debe apostar por atraer a los que se fueron y evitar que se sigan fugando. Hay que crear condiciones adecuadas.
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El foro coincide en que la falta de oportunidades obliga al abandono del país e impide que muchos salvadoreños quieran regresar.

El foro coincide en que la falta de oportunidades obliga al abandono del país e impide que muchos salvadoreños quieran regresar.

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La fuga del talento joven en el país no es una noticia nueva, de los más de 2 millones de ciudadanos salvadoreños que han emigrado, muchos son jóvenes que decidieron buscar nuevos derroteros en el extranjero, ya sean estas opciones laborales o carreras universitarias.

 

 

Los esfuerzos por rescatar el talento que dejó El Salvador son varios; de hecho, la segunda edición de “El país que viene” estaba enfocada a “los jóvenes en el exterior” y reunió a inmigrantes de Estados Unidos, Canadá, Chile, Costa Rica, México, Corea del Sur, Inglaterra, entre otros. Cada uno con diferentes experiencias y visiones. Algunas ya son generaciones nacidas en otros países con ascendencia salvadoreña.

 

La llamada “fuga de cerebros” se da, según cinco ponentes de “El país que viene” reunidos por LA PRENSA GRÁFICA, en primer lugar, por el marco de inseguridad permanente en El Salvador y, en segundo, por la búsqueda de otras oportunidades ya sean académicas o laborales.

 

Herman Duarte, abogado internacional y coautor del segundo libro, destaca el esfuerzo que se hace con el Viceministerio de Salvadoreños en el Exterior, una buena respuesta para el reencuentro de la comunidad salvadoreña en el extranjero, así como la identificación de potenciales talentos.

 

Pero Duarte también cuestiona otros aspectos que son importantes para aquellos que tienen la intención de regresar: enfatiza que no hay un adecuado marco jurídico, al igual que irrespeto al Estado de derecho. Según el abogado, El Salvador es el penúltimo en el ranking de la CEPAL en inversión extranjera, una situación que tienen en cuenta muchos de los salvadoreños con intención de regresar.

 

Otro de los problemas apunta a la inseguridad y la violencia, pero también destaca que siguen vigentes conceptos como clasismo y discriminación, así como muchos estigmas.

 

Pero Duarte apunta también a otro aspecto que es muy crítico, y es que con la migración también está sucediendo la deportación, una situación para la que el país debe estar preparado, pues no es el regreso voluntario de salvadoreños que quieren desarrollar sus apuestas.

 

“En 2016 hubo casi 60,000 personas deportadas. ¿Cómo esto va a impactar a este país? Ellos no tienen opción y tienen que instalarse acá. ¿Cómo el país va a dar respuesta a estos salvadoreños?”, se pregunta.

 

Claudia Ortiz, de FUNDE, no solo tiene en cuenta la migración externa, sino también la migración interna, de cómo la población local se moviliza por diferentes razones, una de ellas es la inseguridad. “Los pobres migran al norte y los ricos al sur”, dice para ilustrar que muchos sectores habitacionales se van creando con el exclusivo término de vender seguridad, un concepto que resulta por la violencia.

 

Para el editor de los libros Diego Echegoyén, “la migración configura el rostro de El Salvador”, y lo dice para estampar los movimientos migratorios que se dieron en las décadas de los ochenta, cuando la gente se fue por la guerra civil; los noventa, por la postguerra tras los Acuerdos de Paz; en 2001 tras los terremotos. Todas estas “estampidas” propiciaron la fuga de cerebros salvadoreños.

 

Echegoyén dice que “la fuga no solo es de cerebros, sino de corazones”, en el sentido de que muchos de ellos quieren regresar pero no encuentran alternativas seguras para hacerlo; en tal sentido, urge a los partidos políticos a ponerse de acuerdo para crear las condiciones adecuadas.

 

La diputada del FMLN Cristina Cornejo asegura que el establecer una oportunidad de diálogo en el país de manera urgente no debe ser exclusivamente para el rescate del talento en el extranjero, sino también que se le ofrecerá a ese grupo que quisiera regresar.

 

Hay que abordar la estigmatización de juventudes, la creación de oportunidades, el desarrollo del emprendimiento, pero también ve oportuno el discutir problemas como la educación sexual, la despenalización del aborto, situaciones que por razones políticas e ideológicas no se discuten por un tema electoral.

 

Un buen momento

 

“Es un buen momento para ver qué tanto es el compromiso de la juventud para exigir cambios, si no es el absentismo el que decide”, sostiene la diputada.

 

Carlos Rodríguez, de la juventud de GANA, también coincide en que el país vive un momento duro, no solo por los que se van del país, sino también por los que regresan y no encuentran oportunidades, y ve en el diálogo una plataforma para discutir los puntos en común de lo urgente a lo importante, sobre todo porque se vive un año preelectoral, que seguirá de otro en similares circunstancias electorales.

 

Rodríguez dice que muchos de los jóvenes viven en apatía, sobre todo en la parte que decide el destino político, y explica que de 66,000 potenciales votantes de 18 años solamente 4,200 se registraron en el padrón electoral, de ahí que es oportuna una reflexión para enfocarse de manera diferente para abordar las necesidades de los jóvenes, sus aspiraciones y tratar de evitar o contrarrestar el efecto de la migración.

 

Ortiz dice que son los mismos jóvenes los que deben generar una nueva visión de país, en el sentido de que no deben esperar a que se les solucionen los problemas, sino construir ese necesario cambio generacional.

 

Echegoyén, en cambio, asegura que la clase política también debe cambiar para tratar de ser el mejor ejemplo para los jóvenes. Para él, “transformar el país requiere de una nueva fuerza, nuevos actores y más diálogo”.

 

 

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