El peligro de tener 17 años en El Salvador

Un informe de la PNC da cuenta de tasas altísimas de homicidio de adolescentes en los últimos años. En 2015, la tasa de víctimas de 17 años fue de 207 por cada 100,000 habitantes.
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Crimen. Ángel Ulises Ortiz, de 17 años, fue asesinado en la zona rural de Panchimalco. Familiares recogieron su sangre de la escena del crimen.

Crimen. Ángel Ulises Ortiz, de 17 años, fue asesinado en la zona rural de Panchimalco. Familiares recogieron su sangre de la escena del crimen.

El peligro de tener 17 años en El Salvador

El peligro de tener 17 años en El Salvador

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Manuel tiene miedo de caminar por las veredas de la zona rural de Panchimalco, al sur del departamento de San Salvador, que lo llevan de su casa al centro escolar donde cursa bachillerato. La razón: una de las dos estructuras de pandilleros rivales que operan en ese tramo, que recorre en 30 minutos, le ha exigido que traslade armas de fuego escondidas en su vieja maleta de hombros.

Manuel, de 17 años, estatura baja, piel morena, cabello liso y ojos negros, ha comenzado a estudiar segundo año de bachillerato, pero no está seguro de poder continuar. Le ha dicho a uno de sus maestros que debido a que las amenazas se volvieron más frecuentes a finales del año pasado, porque no ha cedido a llevar las pistolas, quizás ya no llegue a la escuela.

El complejo escolar donde Manuel está matriculado está construido a la orilla de una angosta calle rústica, que se abre paso entre los vértices de varias colinas. Es el único que brinda bachillerato en esa parte de Panchimalco. Allí, en ese terreno accidentado, lleno de cerros, ríos, laderas, barrancos, quebradas y acantilados, donde el punto más alto alcanza una altitud de 585 metros sobre el nivel del mar, operan grupos de las dos pandillas más numerosas del país que libran una guerra a muerte. Manuel, para poder estudiar, debe cruzar cuatro veces al día los caseríos que hacen las veces de frontera entre esos grupos rivales.

Los temores de Manuel aumentaron el domingo 31 de enero pasado, cuando en una de esas veredas fue asesinado Ángel Ulises Méndez, también de 17 años, mientras cargaba en hombros un cántaro con agua hacia su casa desde una pila de invierno.

Los investigadores señalaron que el joven fue sorprendido en el camino por un grupo de hombres que le dispararon con cuatro armas diferentes: un fusil M-16, una escopeta, una carabina y una pistola calibre 380.

Ángel, de acuerdo con lo declarado por su familia, estudiaba segundo año de bachillerato. La policía dijo que la muerte del adolescente se debió a que colaboraba con un grupo de pandilleros; sin embargo, no aclaró si lo hacía por voluntad o por la fuerza.

Manuel y Ángel son dos jóvenes víctimas de la violencia, en un país que en 2015 rompió con sus propios datos históricos de homicidio: las autoridades reportaron 6,657 asesinatos. Eso refleja un promedio diario de 18 homicidios y según la Policía Nacional Civil (PNC), el 10 % de esas víctimas fueron menores de 18 años. En lo que va de este año, el promedio diario de homicidios ya aumentó a 24.

LA PRENSA GRÁFICA construyó, con información de la Oficina de Información y Respuesta de la PNC, gráficos comparativos para descubrir la cantidad y la tasa de niños y adolescentes que han sido víctimas de homicidio, desde 2011. De esos datos, se puede inferir que la probabilidad de que maten a un menor de edad en El Salvador aumenta a medida que se acerca a la adolescencia, más específicamente a los 17 años (ver infografía). Los homicidios por edad desde cero a 17 años, entre el 1.º de enero de 2011 y el 31 de diciembre de 2015, dan cuenta de esa tendencia: 85 homicidios de niños entre los cero y 12 años; 233, entre los 12 y 14 años; 912, entre 15 y 16 años; y 856 solo las víctimas de 17 años de edad.

El peligro que enfrentan los adolescentes en el país, principalmente los que tienen 17 años, se vuelve más evidente al analizar las tasas de homicidios de menores en los últimos cinco años.

En 2011, según las proyecciones de población de la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), había una población de 873,660 que tenía entre los 12 y 17 años. En ese año hubo 485 víctimas de homicidio en ese rango de edad. La tasa general de asesinatos de adolescentes, en ese entonces, fue de 55.5. Sin embargo, la tasa solo de los jóvenes que murieron víctimas de la delincuencia a los 17 años, en 2011, fue de 133.7; para 2015, la tasa de adolescentes (de 12 a 17 años) asesinados fue de 77.6; pero la tasa de las víctimas de 17 años fue de 207. Un dato que duplica a la altísima tasa general de homicidios que ocurrió durante el año pasado (103) en El Salvador, y que lo catapultó como el país más violento del mundo que no está en situación de guerra.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera una epidemia cuando hay más de 10 muertes por cada 100,00 habitantes. En 2015, el país sobrepasó en 10 veces esa cifra y si se analiza solo a las víctimas de 17 años, la tasa es veinte veces más grave que la estimación de la OMS.

¿Por qué matan a niños y adolescentes en El Salvador?

Un investigador policial, que pidió hablar sobre el tema bajo anonimato, dijo que las pandillas y el crimen organizado están echando mano cada vez más de menores de edad, para que cometan los delitos en su nombre. Ese aumento de participación de menores en delitos, según la experiencia del investigador, los está haciendo cada vez más blanco de ataques de rivales y de sus propios compañeros.

Sin embargo, el policía también baraja otra posibilidad: hay muchos adolescentes que viven en zonas de riesgo y se resisten a ser reclutados, terminan siendo desplazados de las comunidades o asesinados por no ceder a los favores que les piden las pandillas o el crimen organizado. Muchos de esos casos, según el investigador, se trata de estudiantes.

El Ministerio de Educación dice conocer ese tipo de casos y por ello, según el viceministro Francisco Castaneda, trabajan en una estrategia que asegura ayudará a cuidar a los jóvenes en su camino a la escuela: policías vigilarán a estudiantes que se queden en plazas y lugares públicos después de clases, como forma de prevención. La idea, de acuerdo con Castaneda, es que los agentes puedan notificar a los padres de familia y a directores de centros escolares, sobre la estancia de los muchachos en sitios donde puedan ser blanco de acoso o vulnerables a sufrir violencia.

Niñez con miedo y desesperanzada

Nadine Perrault, representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), dice: “Cuando uno mira la situación de los niños en El Salvador hay una sola palabra que puede definirlos: miedo”.

La representante del organismo internacional echa mano de las cifras de violencia para llegar a esa conclusión. “Las cifras hablan por sí solas. Si uno mira las cifras, ve que no es una situación que podríamos esperar o desear para los niños”, dice desde la cuarta planta de un edificio ubicado en una zona exclusiva de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán, donde una noche antes fue tiroteado un vehículo que circulaba por la zona: murió una mujer víctima de disparos en la cabeza.

Perrault, sin embargo, dice que no todo está perdido y que la apuesta es continuar con la instalación de los comités de protección del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONNA) a escala local, porque en ese nivel se “conocen los casos de niños que están en riesgo”.

LA PRENSA GRÁFICA solicitó al CONNA una entrevista para tratar el tema; sin embargo, la unidad de comunicaciones dijo que no son la entidad del Estado encargada.

Otra de las instituciones que ha recomendado al Estado crear programas de prevención para niños y adolescentes es la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Ana Margarita de Guardado, procuradora adjunta de niñez, adolescentes y juventudes de la PDDH, señala: “Ser joven ahora es como sentir una amenaza permanente en su espalda, es no poder salir, es estar encerrado, que me lleven a la escuela, no poder caminar por mis veredas, no poder ir a jugar en el parque, porque todos esos son centros de contacto para acoso”. Guardado, además, dice que el Estado ha perdido la batalla porque no tiene lista una respuesta “integral” para las víctimas, sobre todo para adolescentes: “La niñez del país está desesperanzada, porque un adolescente que se levanta cada día, sin saber si va a vivir, es un indicador de que el país está en crisis”.

 

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