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El pueblo de las masacres

San Pedro Perulapán se convirtió este año en uno de los municipios más violentos del país. Detrás de esa violencia hay por lo menos tres explicaciones.
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Homicidio.  Policía custodia escena del homicidio de un hombre que no fue identificado en el cantón La Loma, de San Pedro Perulapán.

Homicidio. Policía custodia escena del homicidio de un hombre que no fue identificado en el cantón La Loma, de San Pedro Perulapán.

En Cantón La Esperanza Una mujer y un niño caminan en las cercanías de la escena de homicidio de Caris Osmael Mendoza, de 18 años.

En Cantón La Esperanza Una mujer y un niño caminan en las cercanías de la escena de homicidio de Caris Osmael Mendoza, de 18 años.

Masacre.  Cuatro hombres, entre ellos un cabo del Ejército, fueron asesinados en el cantón El Rodeo cuando un grupo de pandilleros ametralló un bus. La masacre ocurrió el 5 de agosto de este año.

Masacre. Cuatro hombres, entre ellos un cabo del Ejército, fueron asesinados en el cantón El Rodeo cuando un grupo de pandilleros ametralló un bus. La masacre ocurrió el 5 de agosto de este año.

El pueblo de las masacres

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Vicente Candelario Vivas tiene la fama de ser uno de los asesinos más despiadados y temidos de San Pedro Perulapán. O al menos así lo califican, en voz baja, los sobrevivientes de la masacre ocurrida en ese municipio el 31 de julio de 2015 durante una fiesta, en la que murieron una niña de seis años y dos jóvenes que eran hermanos. Chente “Cabra”, como lo llaman en el cantón La Esperanza, está en la mira de la Policía del municipio desde hace tres años, pero no han podido capturarlo por escurridizo.

—El día de la masacre, Chente “Cabra” se quitó el gorro que andaba en la cara, se limpió el sudor y se fijó que entre los muertos no estaba el que andaba buscando —dice la madre de la niña asesinada.

—¿A quién buscaba en la fiesta?

—Dicen que a un pandillero.

—¿Por qué?

—No sé, pero mató a mi niña y se fue diciendo a los que andaban con él que se habían equivocado.

La del 31 de julio es la masacre más reciente en la que, según las investigaciones de la Policía, participó Chente “Cabra”. El sargento Román Gutiérrez, de la subdelegación policial de Perulapán, explica que en la última redada de pandilleros, acusados de varios homicidios y masacres, Vivas logró esconderse una vez más.

La Policía lo tiene perfilado así: un hombre entre los 28 y 30 años, con entrenamiento militar y hábil en el uso de las armas largas, armas que probablemente robó cuando desertó del Ejército.

“La Policía sabe de los movimientos de ese muchacho, pero también él sabe, de alguna manera, nuestros movimientos. El 27 de octubre la Policía, en coordinación con la Fiscalía, capturó 41 pandilleros, pero no se logró su captura”, admite Gutiérrez.

¿Por qué mata Vicente Candelario Vivas? “Según nuestras investigaciones, hace unos tres años unos pandilleros asesinaron a tres familiares, dicen que eran dos primos y un hermano... Al principio por venganza, pero luego se organizó con una pandilla que ahora dirige en el cantón La Esperanza y El Rodeo, donde mata buscando pandilleros rivales y para quedarse con todo el territorio”, explica el agente Gutiérrez.

El jefe de la oficina fiscal de Cuscatlán, Ernesto López, confirma que la Fiscalía General de la República (FGR) tiene un expediente abierto de investigación en contra de Chente “Cabra”, y que ya ha girado órdenes de captura, por ser el principal sospechoso de cometer, o en algunos casos de ordenar, algunas masacres y homicidios en San Pedro Perulapán.

Según los datos del Instituto de Medicina Legal (IML), en San Pedro Perulapán los homicidios empezaron a incrementar desde 2013, cuando 36 personas fueron asesinadas; en 2014 hubo 84 homicidios; y entre enero y el 20 de noviembre de 2015 hubo 135.

“Chente Cabra” es uno de los que durante estos últimos tres años, según la Policía, Fiscalía y habitantes, ha ido elevando la cantidad de homicidios y masacres en el municipio de Cuscatlán.

San Pedro Perulapán tiene 50,000 habitantes y 50 policías, lo que significa que hay un policía por cada 1,000 habitantes. Ese municipio, con 120 caseríos y 17 cantones, concentra el 95 % de su población en la zona rural.

El director de la casa de la cultura del municipio, Martín Beltrán, cree que la historia permite catalogar ese lugar como el pueblo de las masacres. En 1839, según cuenta Beltrán, el presidente de El Salvador Francisco Morazán se enfrentó al general hondureño Francisco Ferrera, quien había invadido el territorio salvadoreño desde Chalatenango llegando hasta San Pedro Perulapán, donde declaró la guerra con el propósito de reunificar a Centroamérica. Tras la batalla, rememora Beltrán, hubo 160 muertos del ejército hondureño y 17 del salvadoreño, es decir, solo ese día 177 personas murieron en ese territorio.

Dando grandes zancadas en la historia, Beltrán también cuenta que el Ejército salvadoreño, en las vísperas del conflicto armado, masacró a 40 campesinos de los cantones El Rodeo, Tecoluco Abajo y La Esperanza el 1.º de abril de 1978, bajo el argumento de que colaboraban con grupos insurgentes. Beltrán asegura que él es uno de los que sobrevivió a esa masacre y por eso la recuerda. Las masacres de este año, dice este hombre, le han hecho regresar a aquella época.

Según la Policía de Perulapán, entre enero y septiembre de 2015 fueron cometidas nueve masacres en el municipio. Entre junio, julio y agosto hubo cuatro.

Otra de las razones del aumento de la violencia en el municipio, según el subdirector de la Policía, Howard Cotto, es un histórico conflicto de la familia Raymundo Mendoza por la tenencia de tierras, lo que ha hecho que sus miembros se asesinen para quedarse con las herencias.

Conflicto familiar

El 19 de enero de 1940 fue fusilado Anacleto Raymundo en la cárcel de Cojutepeque, por orden de un juez, según los registros de reos condenados a muerte que publicó la Revista Judicial de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) en los años 1938-1943.

Anacleto Raymundo era un joven jornalero que, queriendo apropiarse de la herencia familiar de tierras, asesinó a machetazos a su hermana Lucía Raymundo Mendoza y a su prima Lorenza Carpio el 26 de agosto de 1938, en el cantón Tecomate de San Pedro Perulapán, según los registros.

El conflicto familiar que propició ese doble homicidio no acabó en esa época, sino que se extendió hasta la actualidad, según las investigaciones que la Policía ha realizado para encontrar las razones que han hecho de Perulapán un escenario de masacres, según el subdirector de la PNC.

“Hay un componente que diferencia la violencia en Perulapán, porque todo surge a partir de un fenómeno de tipo familiar que data ya desde hace muchos años”, dijo escuetamente Cotto al ser abordado en octubre, cuando Perulapán ya estaba a la cabeza de la lista de los 10 municipios más violentos del país, una clasificación que hace el Instituto de Medicina Legal (IML), luego de comparar el total de homicidios con la cantidad de habitantes de cada municipio.

Para Cotto y el sargento Gutiérrez de Perulapán, en este pueblo las masacres no solo son un tema de pandilleros como Chente “Cabra”, sino también de los descendientes de Anacleto Raymundo.

El 10 de agosto de este año, según las primeras investigaciones, un grupo de hombres armados llegó al cantón Tecomate para asesinar a José Gilberto Raymundo, de 63 años, quien había regresado de Estados Unidos a inicios de ese mes para visitar a su hija Carolina, de 35 años, y a su nieta de ocho meses de edad, quienes también murieron en el ataque.

Siete días después, Mario Alexánder Raymundo, de 25 años, caminaba por la calle principal del cantón El Rodeo cuando un hombre lo persiguió y le disparó en dos ocasiones en la cabeza.

La madre de Mario confirma que es familiar, aunque lejana, de los tres Raymundo que fueron asesinados en Tecomate, y que probablemente la muerte de su hijo esté relacionada con una venganza familiar.

“Mi hijo no era pandillero, quería seguir estudiando y hasta iba a la iglesia”, dice la madre, y agrega: “No quiero culpar a nadie, pero si mi hijo no tenía ningún problema, entonces podrían ser ellos, que yo ni los conozco bien”.

Según esta mujer, hace unos años, no recuerda exactamente cuándo, le asesinaron a un primo, y luego se enteró que la razón del crimen fue por quitarle un terreno que tenía en el cantón Tecomate.

En la vivienda donde fue asesinada Carolina y la bebé de ocho meses ya no queda nadie. La vivienda fue abandonada después de la masacre.

La masacre que desató otra

A las masacres protagonizadas por Chente “Cabra” y las de la familia Raymundo, que a veces ha sido víctima y a veces victimaria, según investigaciones, se suma que en junio de este año los policías asesinaron en un supuesto enfrentamiento a seis pandilleros.

La tía de José Nilson Ventura Díaz, uno de los seis pandilleros que falleció ese mes, está convencida de que no se trató de un enfrentamiento.

“Es que los encontraron dormidos y los mataron, y no los capturaron como debían hacerlo. ¿Cómo se iban a enfrentar desde la casa?, ¿cómo es eso que una cama estaba tirada al revés?”, se pregunta.

Según una hipótesis de la Policía de Perulapán, esta masacre hizo que la pandilla fraguara una venganza para matar a algún policía, plan que fue ejecutado el 17 de septiembre, cuando cuatro pandilleros con fusiles M-16 se sentaron dos a cada lado de la serpenteante calle del cantón Miraflores a esperar que pasara el último bus de la ruta 144-A, en el que sabían que venía a bordo el agente José Reynaldo Hernández.

Cuando el bus hizo una parada en el cantón, los pandilleros abrieron fuego y lo asesinaron junto con otras tres personas. Además, al menos otras nueve personas fueron heridas y trasladadas a un hospital.

La esposa del agente Hernández, dos días después, abrazó a sus hijos, uno de dos y otro de seis años, frente al féretro que fue sepultado en el patio de su vivienda, y con voz cortada les dijo que se despidieran de su padre, porque se había ido de viaje al cielo y desde allá los cuidaría por siempre.

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