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El sonido de la reinserción

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Con paz.  Karla dice que la música la ha ayudado para poder mejorar en todo lo que estaba fallando. Espera que esto continúe.

Con paz. Karla dice que la música la ha ayudado para poder mejorar en todo lo que estaba fallando. Espera que esto continúe.

Apoyo. Jimena Barreto y Edwin García son los expertos de la Fundación Batuta. Ellos han instruido.

Apoyo. Jimena Barreto y Edwin García son los expertos de la Fundación Batuta. Ellos han instruido.

El sonido de la reinserción

El sonido de la reinserción

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Las cuatro cuerdas de un violín y su arco son ahora sus armas. La armadura que tenía Karla, años atrás, la cambió por estos instrumentos, de los cuales salen las melodías que le han ayudado a cambiar dentro del Centro de Inserción Social Femenino del Instituto Salvadoreño de Desarrollo Integral de la Niñez y

Adolescencia (ISNA). Durante la plática, Karla recordó cuando en septiembre del año pasado –en su primer acercamiento con un instrumento musical– tocó la melodía “Estrellita”. “Me sentí contenta. Más o menos podía sacarla toda fea, pero hacía el intento. Ya cuando la fuimos perfeccionando me sentía feliz... nunca imaginé poder tocar una melodía”.Karla lleva algún tiempo en el ISNA, su comportamiento —al pertenecer a una pandilla— no fue el correcto, ella lo dice y lo sabe; pero tiene claro que ya no quiere desaprovechar su tiempo.

Junto a 24 jóvenes internas –las cuales algunas también pertenecieron a pandillas–, Karla forma parte de la primera Orquesta Sinfónica Juvenil Femenina del ISNA, que surgió en septiembre de 2012. Ya realizaron algunos conciertos. Mañana tienen otro en el Palacio Nacional, a las 4 de la tarde. La risa se apodera de ella al pensarlo.

Para realizar este taller de música para docentes e instructores del ISNA y del Sistema Nacional de Coros y Orquestas de SECULTURA, se contó con la cooperación y el apoyo técnico y financiero de la Organización de Estados Americanos (OEA).

“Se nos informó que a través de la música iban a tratar de ir como desarrollando hasta el cumplimiento de algunos derechos: derecho a la cultura y a la educación que tienen las jóvenes”, comentó Ricardo Lazo, director del Centro de Inserción Social Femenino del ISNA.

Durante estos seis meses de esta iniciativa, en el Centro de Inserción Social Femenino –donde hay 64 jóvenes– la situación pinta diferente. “Sinceramente, esto ha tenido impacto en la estabilidad del centro; ha impactado en tener un poco más de valores de tolerancia, paciencia, aceptación. Se ha mantenido más estable y hay interés en la música... se comprobó la hipótesis de que a través de la música se lograba establecer una cultura de paz”, dijo Lazo.

Y Karla lo asienta con su cabeza. “Con mis compañeras, que algunas no se llevan, tenemos que ponernos de acuerdo porque debemos estar todas en lo mismo: estamos tocando música y dejamos nuestras diferencias a un lado, porque nuestro primer objetivo en la orquesta es tocar, dar un buen espectáculo y no ir a hacer el ridículo”, explicó la joven, quien además de ensayar violín va a taller de panadería y computación.

Objetivo

Mariano Vales, representante de la OEA, explicó que el poder utilizar “esta actividad cultural para demostrar que es posible en una cosa tan tangible como es el problema de las pandillas, puede llegar a convencer a la opinión pública que esto es efectivo y estimularlo a escala nacional”.

Karla lo sabe y lo acepta, pero ve más allá: “Me ha gustado la iniciativa que nos han dado en el ISNA. Sé que la sociedad nos discrimina, no confía en que uno puede mejorar; pero esto nos ha servido para vean que el que quiere, puede”.

Eso lo confirman los instructores de la Fundación Nacional Batuta, de Colombia, que junto con la OEA y con fondos de la embajada de Gran Bretaña han trabajado de lleno con las jóvenes.

“Les enseñamos porque a través del canto, el violín y el chelo ellas despiertan su parte sensible a través de la música... se vuelven más humanas; y a través de la práctica del canto en conjunto, empiezan a entender por qué la disciplina es necesaria, por qué el trabajo en equipo y la tolerancia son parte fundamental de hacer las cosas bien”, comentó Edwin García, de Batuta.

El Centro de Inserción Social Femenino ha tenido un cambio desde que esta iniciativa se realiza, así lo confirmó el director, ahora predomina una cultura de paz entre ellas.

Karla reconoce lo difícil que ha sido: “Era tremenda, no me medía la boca para decirle a cualquiera hasta de lo que podía morir; ahora, todo lo que me dicen, lo hago, estudio... A mí el violín me relaja y me ayuda mucho a tranquilizarme y me hace recordar cuál es el objetivo de estar en este lugar: salir y ser una mejor persona”, dijo la joven interna a manera de reflexión.

El experto de OEA explicó que este proyecto se basa científicamente en que la música permite aumentar el autocontrol de las personas: es un vehículo efectivo pues el autocontrol es una de las funciones cognitivas. Este tipo de proyecto se ha realizado en Venezuela y en Colombia para la inserción social.

Esto se espera replicar en los cuatro centros de inserción del ISNA, que tiene 669 internos. “Como subdirección, en el ISNA central se están haciendo las gestiones para llevar esta misma actividad del programa musical a los otros tres centros de menores que se tienen”, contó Ricardo Lazo.

La colombiana Jimena Barreto fue directa: “Todo eso necesita un acompañamiento para que fructifique en algo más grande que a ellas las dignifique; su nombre: recursos. Y esto tiene que salir de un lado; tienen que estar convencidos de que esta actividad trae bondad, nada más”.

Eso es lo que siente Karla y lo expresa con pena, pero con determinación: “Llamo a la sociedad para que simple y sencillamente nos den una oportunidad como personas; errores cometemos todos, pero de los errores se aprende; si la oportunidad se me presenta, ¿por qué no ser maestra?, ser una violinista profesional y tener un lugar donde pueda impartir clases. Para mí, todo lo que venga de ahora en adelante y vea que me va a beneficiar, ¿por qué no aprovecharlo?”, dice llena de orgullo. Ve el futuro.

Mañana por la tarde, Karla y sus compañeras de la orquesta sinfónica juvenil demostrarán sus capacidades y su deseo de tener la oportunidad de ser alguien. El Palacio Nacional las espera.

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