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El último cliente de la Bella Nápoles cuenta cómo fue de triste el día en que el Café cerró sus puertas

El último cliente del restaurante que durante muchos años ofreció el exquisito sabor de su pan y repostería relató a LA PRENSA GRÁFICA cómo se vivieron las últimas horas del restaurante Bella Nápoles en el Centro Histórico de San Salvador.

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“Sí, en efecto, yo fui el último cliente de su historia”. Con esas palabras, Luis Sánchez, un joven salvadoreño y social media manager de una empresa nacional, relató a LA PRENSA GRÁFICA cómo transcurrieron las últimas horas de vida del Café Bella Nápoles, el cual, durante más de medio siglo, deleitó con sus exquisitas recetas a millones de salvadoreños.

Fundado en 1961 y ubicado desde el principio de sus tiempos en la  4.ª avenida sur, Café Bella Nápoles era una icónica cafetería del Centro Histórico de San Salvador, hasta este pasado sábado 20 de enero, día en que se vio obligada a cerrar sus puertas al público. Un vocero del negocio dijo a LA PRENSA GRÁFICA que se vieron forzados a clausurar porque tenían alrededor de dos años de estar en una situación delicada, puesto que cada vez recibían menos visitantes.

“Fue bien extraño porque la escena fue bien fea”, contó Sánchez, quien fue el último cliente que atendió Bella Nápoles el pasado sábado. “Habían matado a alguien cabal como a cinco o diez metros del restaurante y habían personas aún al interior cuando pasé por ahí”, relató el joven, quien también confirmó que “ellos (Bella Nápoles) no habían avisado nada sobre el cierre, solo colocaron en la entrada principal el mismo aviso que pusieron en Facebook”.

Momento en que las instalaciones comenzaron a cerrar. (Foto: Cortesía)

Entre nostalgia y preocupación

Para Luis, las razones del cierre podrían ir más allá de un problema financiero, extendiéndose a algo mucho más trascendental en la sociedad salvadoreño, como la violencia. “Estábamos reflexionando con mi compañera que, cabal, hace varios días también habían asesinado a otra persona, por lo que quizás yo pensaría que eso generó el declive de clientes, además de que con las obras de construcción que han hecho en la zona, el acceso era cada vez más difícil”, comentó.

“Habían matado a alguien cabal como a cinco o diez metros del restaurante y habían personas aún al interior cuando pasé por ahí”

Curiosamente, como para dar validez a su idea, ese último día del Bella Nápoles tuvo a la violencia como la principal protagonista. “Por lo que yo entiendo, ellos tenían el plan de dar la atención normal del día, pero cuando vieron lo que ocurrió decidieron cerrar antes. Yo logré entrar porque una compañera mía estaba adentro, pero ellos ya estaban terminando de despachar a la gente y ya habían cerrado todo el local, porque estaban con miedo que algunos extraños se quisieran meter al negocio por cubrirse de lo que ocurría afuera”, relató

“Al final, la gente comenzó a salirse lo más rápido que podían”, continuó contando el joven. “La zona estaba acordonada pero solo en la calle, no en la acera, pero toda la gente iba con sospecha y expectación por lo que podría estar sucediendo”, recordando así cómo el cierre de una panadería que él conoció de toda su vida se daba en medio de una tensa situación de violencia en San Salvador.

El sábado, Bella Nápoles cerró a eso de las 5:00 de la tarde. (Foto: Cortesía)

Más que comida, era una tradición

“Nos dejaron estar adentro para protegernos de lo que podría estar pasando. Pero cuando salió la gente de la primera mesa, ellos comenzaron a bajar las cortinas, a quitar las cosas de las mesas, a desmontar todo”

La tarde del sábado transcurrió de esa forma, llena de la incertidumbre de no saber qué sucedía en el exterior, mezclada con la nostalgia de la noticia que a todos tomó por sorpresa. “Yo iba a buscar a mi compañera y me entró un poco la situación de nervios de que ella saliera sola de ese lugar porque estaba muy peligroso”, señaló.

“Nos dejaron estar adentro para protegernos de lo que podría estar pasando. Pero cuando salió la gente de la primera mesa, ellos comenzaron a bajar las cortinas, a quitar las cosas de las mesas, a desmontar todo”, expresó.

“En la medida en que la gente se fue yendo del lugar, ellos comenzaron a cerrar. Los mismos empleados nos llegaron a cobrar aunque nos saliéramos un poco después. Terminamos de pagar, nos dejaron comprar unas últimas cosas y ahí nos dijeron que éramos los últimos. Me dejaron traerme una caja con pastelitos de carne, alfajores y otros productos como una cortesía”, comentó con una nostálgica sonrisa de recuerdo.

El último adiós al lugar que endulzó su niñez

Para Luis, el impacto de ver un negocio que conoció desde su niñez es algo “difícil de asimilar”. “Fue bien feo ver las mesas ya puestas, todo cerrado, las cortinas bajadas. Fue una mezcla de sentimientos porque es un lugar con el que uno ha crecido”, relató.

“Prácticamente compré ahí toda mi vida”

“Prácticamente compré ahí toda mi vida”, recordó. “Conocí el lugar por mi mamá que, para los cumpleaños, uno de los sitios predilectos para comprar pasteles era ese. Además, ella me contaba que con sus compañeros de Universidad y de trabajo ella iba seguido. Toda mi vida he sido cliente. Será difícil recordar la forma en que tuvo que cerrar”, reconoció.

Hasta el momento, Café Bella Nápoles no ha confirmado si se tiene pensado trasladarse a otras instalaciones por lo que, por ahora, se trata de un cierre definitivo del lugar.

Luis Sánchez, último cliente del lugar, muestra la última caja que fue vendida en ese establecimiento. (Foto: Cortesía)

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