El último paseo del pequeño César

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Víctimas.  César Alejandro Pérez, de tres años, y su tío Juan Francisco Carrillo Pérez, de 30, fueron asesinados por pandilleros en el cantón El Cedro, de Panchimalco, San Salvador. Las víctimas —según la familia, vecinos y la policía— nunca habían sido amenazadas.

Víctimas. César Alejandro Pérez, de tres años, y su tío Juan Francisco Carrillo Pérez, de 30, fueron asesinados por pandilleros en el cantón El Cedro, de Panchimalco, San Salvador. Las víctimas —según la familia, vecinos y la policía— nunca habían sido amenazadas.

El último paseo del pequeño César

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A los asesinos de César Alejandro Pérez no les importó que tuviera tan solo tres años de vida. Tampoco escatimaron balas calibre 9 milímetros para asegurarse de que estaba muerto en los brazos de su tío, Juan Francisco Carrillo Pérez, de 30, quien en el intento de protegerlo también fue asesinado este jueves 25 de febrero por la tarde, en un cantón de Panchimalco.

Ese jueves, el pequeño César había pedido a su tío Juan Francisco que atara la correa a su perrito Boby, como puntualmente lo hacía a las 3 de la tarde todos los días, para acompañarlo a recoger leña en las faldas del cerro en el que está asentado el cantón El Cedro, de Panchimalco, donde vivían. Así lo explicó la abuela del niño, mientras se perfumaba antes de subirse al carro de la funeraria que la llevaría a Medicina Legal, en San Salvador, para reclamar los cuerpos de su nieto e hijo, para velarlos y luego sepultarlos.

—Era un niño inquieto, pues sí, como todos los niños; le gustaba jugar y correr con su perrito Boby detrás de su tío que recogía la leña para la cocinada de la noche –dijo la abuela, con una sonrisa nerviosa que terminó en un suspiro.

—¿Los asesinaron mientras recogían leña?

—No, cuando ya venían de recogerla por segunda vez. Juan Francisco traía cargando un manojo de leña, mientras iba cuidando al niño, que andaba feliz paseando al perrito. En eso, unos hombres armados los detuvieron y les dispararon.

La abuela de César también dijo que su hijo Juan Francisco nunca mencionó que había sido amenazado por los pandilleros que se cruzan por el cantón El Cedro. De hecho, enfatizó que no tenía muchos amigos y que no salía de la casa, excepto los domingos en que iba a jugar fútbol en la cancha del cantón.

—Por eso no nos explicamos por qué los mataron a ellos dos. Es que, vaya, yo le había dicho a Juan Francisco que dejara de trabajar en el centro, porque venía muy noche y le tocaba caminar solito hasta la casa.

—¿En la noche es más peligroso este lugar?

—¡Sí, hombre! Si por eso le dije que dejara de trabajar, porque en las noches se ven pasar hombres armados y a veces hasta se oyen balazos y hay muertos. Por eso le dije que aquí lo iba a mantener yo de mi trabajo, porque yo hago limpieza, lavo y plancho en la casa de mis patrones en una colonia de San Salvador.

Los vecinos y familiares del pequeño César y su tío coincidieron al decir, sin titubear, que “el niño era un angelito que no merecía morir de esa manera”. También confirmaron que Juan Francisco era un muchacho que últimamente, desde que había dejado de trabajar en el centro de San Salvador, se había dedicado a trabajar la tierra, cultivando maíz y limpiando el terreno de la casa que había construido con sus manos, y las de su mamá y hermana, cuando las monjas de la parroquia del cantón les ayudaron a comprar los materiales de construcción hace algunos años.

La Policía Nacional Civil (PNC) de Panchimalco dijo que una de las hipótesis del crimen es que la mamá del niño, quien trabaja como empleada doméstica en San Salvador, se negó a tener una relación sentimental con uno de los pandilleros que aterrorizan el cantón. Creen que, probablemente, asesinar a su niño fue su venganza.

El jefe del sistema 911 de la PNC de San Marcos, Ernesto Morán, dijo que un día después del crimen habían capturado a un pandillero, que recientemente había salido de un centro penal. “Lo capturamos porque es uno de los sospechosos de cometer crímenes en el cantón”, dijo, sin dar el nombre del criminal.

El fiscal general, Douglas Meléndez, también se pronunció, escuetamente, sobre el crimen durante un evento en la sede central de la policía diciendo: “Las investigaciones están avanzando y habrá resultados, porque en nuestro país debe de respetarse la vida de los menores y eso es fundamental”.

Mientras el fiscal daba esas declaraciones, la abuela del pequeño César decía: “Dios mediante, se haga justicia”. Lo hacía mientras subía al carro de la funeraria, con rumbo a Medicina Legal, cargando en la mano una foto enmarcada de su nieto y su hijo.

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