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Elecciones centroamericanas llegan a Washington

El cabildeo, que lleva en realidad casi un año, ha entrado en noviembre en una especie de “sprint final”. El Departamento de Estado habla de neutralidad. En el Senado hay preocupación por el narcotráfico y la corrupción. Desde el lobby conservador se habla, otra vez, de la influencia de Caracas.
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Discusión.  En la foto, de izquierda a derecha, participaron Carl Meachan, José Cárdenas, Carlos Ponce y Roger Noriega.

Discusión. En la foto, de izquierda a derecha, participaron Carl Meachan, José Cárdenas, Carlos Ponce y Roger Noriega.

Elecciones centroamericanas llegan a Washington

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La administración Obama, como ha sido la regla, guarda un prudente silencio. Desde las cercanías de Foggy Bottom, la zona de Washington que alberga al Departamento de Estado, fuentes conocedoras de la agenda centroamericana dicen que las prioridades en las discusiones sobre las elecciones centroamericanas siguen siendo la seguridad y el narcotráfico, y que el equipo de John Kerry se prepara para trabajar con quien sea que gane en El Salvador y Honduras. Así el renglón oficial.

Durante buena parte de la administración Obama, el crimen organizado ha sido el único tema que tuvo a Centroamérica, en particular al triángulo norte, en la agenda de Washington. Ante la cercanía de eventos electorales en Honduras, centro neurálgico del tráfico regional, y El Salvador, una plaza en deterioro según el Departamento de Estado, el énfasis es aun mayor.

Ya el 18 de junio pasado, a cinco meses de las elecciones hondureñas y ocho de las salvadoreñas, 21 senadores demócratas firmaron una carta dirigida al secretario Kerry para pedir al Departamento de Estado que revise en detalle la situación de los derechos humanos en Honduras, así como el fracaso de la reforma policial en ese país, antes de que la cámara alta dé el aval final a fondos directos de asistencia al Ejército y la Policía hondureños.

“Además, le pedimos que haga todos los esfuerzos razonables para garantizar que las elecciones de noviembre en Honduras sean libres, pacíficas y justas”, dice uno de los párrafos de la carta de dos páginas, firmada entre otros por los senadores Patrick Leahy, Barbara Mikulski y Barbara Boxer.

Leahy, senador demócrata de Vermont y presidente del subcomité de ayuda externa del comité de apropiaciones (hacienda) del Senado, fue quien condicionó verbalmente el desembolso de fondos para el FOMILENIO II para El Salvador: a su juicio, el gobierno de Mauricio Funes no ha hecho lo suficiente para combatir al crimen organizado y la corrupción en la Policía.

Esta semana dos fuentes cercanas al proceso de asignación de fondos para el FOMILENIO II –una en el Congreso y otra en el Ejecutivo– aseguraron que las objeciones de Leahy siguen pendientes y el tema aún no está resuelto.

Coinciden, no obstante, en que el tema será abordado en Washington hasta después de las elecciones salvadoreñas.

La primera referencia directa a las elecciones en El Salvador vino desde la cámara baja y fue más explícita. Los representantes Matt Salmon, republicano de California, y Albio Sires, demócrata de Nueva York, primero y segundo al mando del subcomité de relaciones exteriores para el Hemisferio Occidental, también enviaron una carta a Kerry, en la que cuestionan de forma explícita las candidaturas de Salvador Sánchez Cerén y de Antonio Saca.

Salmon y Sires también objetaron, en junio pasado y de forma verbal, la asignación de fondos para el FOMILENIO II. Cartas enviadas por los tres presidenciables salvadoreños a Washington, en las que se comprometen a respetar el segundo compacto y a transparentar el uso de esos fondos, zanjaron esas objeciones.

Un funcionario de la administración Obama, quien habla desde el anonimato por no estar autorizado a discutir el tema en público, dice: “La burocracia del Departamento de Estado tendrá favoritos en Honduras y El Salvador, pero la Casa Blanca mantendrá su neutralidad a toda costa y la gente de Kerry se preparará para seguir la agenda básica, que es narcotráfico, con quien sea que gane. Ahí está el caso de Nicaragua, donde el gobierno de Managua no es amistoso pero ha habido un buen trabajo con la policía de los sandinistas”.

En ciernes, dice una fuente del Congreso, hay una nueva carta que se escribe en oficinas de representantes demócratas que pedirán a Kerry neutralidad y disponibilidad para trabajar con quien sea que gane las sillas presidenciales de San Salvador y Tegucigalpa.

Ítems fijos

Hay una cosa en la que la mayoría coincide cuando en Washington se habla de las dos elecciones que se aproximan en Centroamérica: la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en los débiles Estados nacionales y en los sistemas políticos centroamericanos es algo que debe preocupar a Estados Unidos. La coincidencia termina ahí. A la hora de buscar culpables, los grupos de presión, o “lobbystas” como aquí se les llama, acuden a sus viejas filias y fobias.

Desde el Congreso y los tanques de pensamiento más de centro, e incluso desde algunas voces en la administración, el análisis apunta a que los programas de ayuda estadounidense, enfocados más bien a interceptar los grandes flujos de cocaína, han pasado por alto el apoyo a limpiezas institucionales pendientes en los cuerpos policiales y militares en el triángulo norte.

Una de las primeras advertencias sobre los fracasos de las políticas públicas para fortalecer instituciones en Centroamérica llegó en junio, en la carta de los 21 senadores a Kerry. Ahí, los legisladores escriben: “Respetuosamente… solicitamos se investiguen denuncias de abusos y asesinatos extrajudiciales por parte del Ejército y la Policía, sobre todo en la zona del Bajo Aguán”.

El Bajo Aguán es el centro de operaciones de la banda de narcotraficantes hondureña conocida como Los Cachiros, a la que las autoridades de aquel país confiscaron varias decenas de cuentas bancarias, la mayoría de las cuales estaban vacías. La DEA y la embajada estadounidense colaboraron con el operativo y el fiasco de las cuentas tiene a varios dándose golpes de pecho en Washington.

Para el lobby más conservador, que tiene en la narrativa de la influencia de Hugo Chávez –aún muerto el ex hombre fuerte de Venezuela– el hilo conductor del enfoque centroamericano, son los Gobiernos y candidatos a los que ubica en la órbita de Caracas los principales responsables de la corrupción y la penetración del crimen. Si se les pregunta a ellos, los males llegaron de la mano del gobierno de Manuel Zelaya. Si se habla, en cambio, con asistentes legislativos demócratas en ambas cámaras, los dedos apuntan hacia el Ejército hondureño, visto como el más corrupto de la región.

Carl Meacham fue asistente legislativo –“staffer”– del exsenador republicano por Indiana Richard Lugar, segundo al mando del poderoso comité de exteriores del Senado durante gran parte de 2012, y desde ahí ayudó a redactar la posición del senador en torno del “impasse” entre la Corte Suprema de Justicia y la Asamblea Legislativa salvadoreña en junio y julio de ese año. Una de las cosas que dijo Lugar entonces fue que los funcionarios salvadoreños debían estar conscientes de que el pleito podía poner en riesgo el FOMILENIO II. Lugar perdió su reelección en 2012 y Meacham se fue a trabajar al Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, un tanque de pensamiento de centro-derecha; ayer, el ex “staffer” fue parte de un panel de analistas conservadores que habló de las elecciones salvadoreñas y hondureñas. Dijo esto: “Con la cantidad de dinero del narcotráfico que se mueve en la región, es preciso que el Gobierno de Estados Unidos esté alerta”.

Meacham, autor de un estudio político sobre República Dominicana a cuyo Gobierno ubica en la esfera de Caracas, también adereza su posición con un fuerte contenido político, similar al de Noriega. El ex “staffer”, no obstante, enumera puntos en su análisis sobre Centroamérica en el que también hay coincidencia en Washington: la región está atada al narcotráfico por su ubicación geográfica y por su cercanía con el mercado más grande del mundo.

Roger Noriega, exfuncionario de la administración Bush, dice otra cosa que empieza a volverse lugar común en Washington cuando se habla de narcotráfico y poder político en Centroamérica: “Si Estados Unidos tiene datos de políticos que irrespetan la ley, debería hacer esa información del conocimiento público”. Noriega, ex hombre fuerte de Washington para América Latina, tiene sus villanos preferidos (ver nota aparte).

Se trata, en estos días en que el istmo ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades de política exterior de Washington, de intentar influir a los pocos congresistas o funcionarios que sí tienen poder para decidir sobre fondos o programas destinados a la región, el grueso de los cuales está orientados a la cooperación en seguridad a través de la iniciativa CARSI. Y eso, otra regla del manual, se hace a través de la construcción o reconstrucción de narrativas con viejos tintes ideológicos.

Y se trata de centrar la narrativa en ese elemento, el narcotráfico, capaz de atraer miradas en Washington, para luego introducir el elemento político. En estos días, es el lobby conservador el que se ha tomado la agenda: ayer un evento encabezado por Roger Noriega, exfuncionario de la administración Bush; hoy, Juan José Daboub, el ex brazo derecho del expresidente Francisco Flores hablará sobre las elecciones en El Salvador: “Qué está en juego” es la frase que titula el evento.

*El autor es investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de American University en Washington, D. C.

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