Lo más visto

Más de El Salvador

Empuja la vaquita...

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio. Los habitantes eran una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado, realmente el panorama era desolador.
Enlace copiado
Enlace copiado
Entonces, se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le preguntó: “¿En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco?, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?” El señor le respondió: “Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días; una parte del producto la vendemos y con la otra parte producimos queso, mantequilla, etcétera, para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo”.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: “Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí en frente y empújela al barranco”.

El joven, espantado, vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia; mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden.

Un bello día el joven, agobiado por la culpa, resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje, una gran casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y, llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático; el joven preguntó por la familia que vivía allí hace unos 10 años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven, entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): ¿“Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”

El señor le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora”.

Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, ella nos ata a nuestro presente y no nos deja avanzar, NOS HACE DEPENDIENTES, Y CONSIGUE QUE EL MUNDO SE REDUZCA A LO QUE LA VAQUITA NOS PRODUCE.

Descubre cuál es tu vaquita y aprovecha esta época de reflexión para empujarla por el precipicio.

Tags:

  • Vaquita
  • maestro
  • sabiduría
  • dependientes

Lee también

Comentarios