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Enfermedades transmisibles son cada vez más resistentes

Así lo afirma la ONU en su más reciente informe, “Fronteras 2017”, en el que advierte que las infecciones bacterianas resistentes a los antimicrobacterianos podrían ser la principal causa de muerte en 2050.
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Efluentes. En los líquidos procedentes de fábricas industriales, que muchas veces terminan en ríos, las concentraciones de antimicrobianos son suficientes para estimular la resistencia a los antimicrobianos.

Efluentes. En los líquidos procedentes de fábricas industriales, que muchas veces terminan en ríos, las concentraciones de antimicrobianos son suficientes para estimular la resistencia a los antimicrobianos.

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Infecciones bacterianas que suelen ser tratadas con facilidad con intervenciones médicas rutinarias en las que son utilizados tratamientos antibióticos preventivos podrían convertirse en 2050 en la principal causa de muerte, debido a que están volviéndose resistentes a los antimicrobianos. Así lo advierte el más reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Desde 2016, el PNUMA lanzó una nueva serie anual de publicaciones, denominadas “Fronteras. Nuevos temas de interés ambiental”, y la de este año precisa la atención y la adopción de medidas urgentes en torno de seis temáticas: Resistencia a los microbianos: investigar la dimensión ambiental; Nanomateriales: aplicar el principio de precaución; Zonas marinas protegidas: obtención de beneficios para el desarrollo sostenible; Tormentas de arena y polvo: contener un fenómeno mundial; Soluciones solares: reducir la disparidad energética de los asentamientos sin conexión a la red; y Desplazamiento ambiental: movilidad humana en el Antropoceno. A cada uno le dedica no menos de ocho páginas.

El primer apartado es precisamente el que habla acerca de la resistencia de los antimicrobianos, que no son otra cosa que las sustancias que eliminan microorganismos o inhiben su crecimiento, tales como bacterias, hongos o parásitos.

El documento hace énfasis en el uso inapropiado de los antibióticos en las prácticas médicas y agrícolas, las cuales ya han podido ser vinculadas al incremento de dicha resistencia, y en la poca atención que se le ha prestado al papel del entorno natural en el surgimiento y la propagación de esa resistencia.

De acuerdo con el informe, la resistencia a las sustancias antimicrobianas, como los antibióticos, puede ser intrínseca o adquirida; en este último caso, puede surgir de la mutación del ADN de las bacterias o por medio de una transferencia horizontal de genes de resistencia, en la que el ADN pasa de una bacteria a otra.

En resumen, las bacterias han desarrollado mecanismos que les permiten resistir el ataque de los antibióticos y el peligro reside, destaca el informe del organismo mundial, en que el medio ambiente es pieza clave en el desarrollo y en la propagación de esa resistencia, porque al estar las bacterias presentes en suelos agrícolas y en agua de ríos y mares, pueden entrar en contacto con otras bacterias ya por naturaleza resistentes, y luego las personas y el ganado verse expuestos a estas a través de alimentos, agua y aire.

El uso de cientos de miles de toneladas de antibióticos al año y la consiguiente liberación de sus residuos en el medio natural da pie al incremento del número de bacterias resistentes a los antibióticos, debido a que favorecen la adaptación de estos organismos para sobrevivir a su entorno, prosperar y reproducirse.

“Tras su consumo, la mayoría de fármacos antibióticos se excretan sin metabolizar junto a las bacterias resistentes y llegan, a través de los sistemas de alcantarillado o de forma más directa, al agua y a la tierra, donde se mezclan con bacterias ambientales en presencia de otros contaminantes, donde pueden ejercer una presión adicional en favor de la resistencia a los antibióticos”, reza el informe.

Las aguas residuales municipales contienen variedad de contaminantes que incluyen productos farmacéuticos y de higiene personal proveniente de los hogares, residuos hospitalarios con concentraciones elevadas de antibióticos y desinfectantes, y también compuestos de actividades industriales como metales pesados, lo que propicia elevados niveles de resistencia antimicrobiana, advierte el documento del organismo internacional.

Sumado a lo anterior, el PNUMA hace eco de estudios que han demostrado que incluso las inversiones elevadas en sistemas de tratamiento de aguas residuales no garantizan que no se dé este fenómeno, debido a que estas plantas de tratamiento no son capaces de eliminar todos los antibióticos y las bacterias resistentes.

El riego, por ende, es mucho más alto para países que ni siquiera tienen un sistema de tratamiento de aguas residuales, como es el caso de El Salvador.

También han sido documentados casos de evolución de bacterias resistentes a los antibióticos presentes en animales destinados al consumo, con la consiguiente propagación al ser humano, agrega el informe.

También los residuos agrícolas, como el estiércol de los animales, al desembocar en agua o tierra, pueden generar abundancia en los genes de resistencia a los antimicrobianos.

Medidas preventivas

“Entre las medidas cautelares podría incluirse la reducción del vertido general de antibióticos en el medio natural, mediante un uso más controlado y sensato, y mediante una intervención en puntos clave, como hospitales, centros de fabricación de fármacos, plantas de tratamiento de aguas residuales y fuentes agrícolas, a través de mejoras en la gestión de los sistemas de alcantarillado y las aguas residuales”, reza el informe.

Otras medidas preventivas podrían ser, por ejemplo, poner fin al uso de antibióticos como promotores del crecimiento de animales en la ganadería, sobre todo en los países de desarrollo, ya que se estima que en la actualidad el 70 % de los antibióticos se administra a animales y el otro 30% a seres humanos (ver infografía).

Un caso concreto

El director del PNUMA, Érik Solheim, afirma en el prólogo del informe que una instalación situada en la ciudad de Patancheru, en la India, trata a diario las aguas residuales de 90 fabricantes de medicamentos, que después vierte en la corriente del Isakavagu, un afluente de numerosos ríos.

Cuando el equipo de investigación que dirige el profesor Joakim Larsson analizó el agua descargada, la concentración de ciprofloxacina, un antibiótico de amplio espectro, bastaba para tratar a 44,000 personas al día.

“No se trata de un caso aislado. En todo el mundo, el vertido de residuos municipales, agrícolas e industriales en el medio natural conlleva la presencia habitual de concentraciones de antibióticos en muchos ríos, sedimentos y suelos. De ese modo, se está impulsando de manera constante la evolución de bacterias resistentes: un fármaco que protegía nuestra salud plantea ahora el peligro de destruirla con gran sigilo”, advierte Solheim.

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