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Entre pobreza, desempleo, vejez y problemas de salud mental

Tres familias en Lomas de Edén, en Santo Tomás, están viviendo bajo peligro. Una sola lluvia fuerte aumenta la amenaza. Piden ayuda para disminuir el riesgo que corren.

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Cuesta abajo. La champa de lámina de Blanca Luz Pérez solo tiene dos cuartos: uno  está bajo una empinada y otro da a un precipicio.

Cuesta abajo. La champa de lámina de Blanca Luz Pérez solo tiene dos cuartos: uno está bajo una empinada y otro da a un precipicio.

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Marta tiene 90 años y dos hijas con retraso mental. Las tres viven en un terreno amplio en donde la matriarca logró construir una casa con muros de bloque. Por fuera, y sobre todo de lejos, tiene buena apariencia, pero la realidad es otra por dentro: oscura de día y de noche, porque no hay instalación de energía eléctrica; sucia, porque tampoco hay instalación de agua potable; sin ventanas, por lo que sufren cada invierno cuando azotan las lluvias; a duras penas un par de camas y decenas de botellas plásticas sin tapaderas donde almacenan el agua que les regalan para beber.

Durante la tormenta tropical Amanda, la casa prácticamente se les inundó. Si no fuera por el apoyo de la junta directiva de la comunidad, Lomas de Edén, en Santo Tomás, quizás no alcanzarían ni a comer las tres: Maricela, la mayor, tiene 45 años, camina, entiende algunas indicaciones de su anciana madre, pero no es capaz de razonar. Claudia, la menor, de 38 años, hace mandados a los vecinos para conseguir algunas "coras" y de esa forma comprar tortillas y algo de comida. Pero no ha escapado a otros riesgos: hace unos días estuvo desaparecida. La sospecha es que, cuando fue al molino, el dueño la encerró para abusar sexualmente de ella, pero como Claudia no habla, es imposible entablar alguna demanda.

"Yo llevé a doña Marta a Ciudad Mujer, porque ella me pidió muchas veces que la ayudara a conseguir que alguien se hiciera cargo de los tratamientos de salud mental para sus hijas, pero nunca lo logramos; tampoco logramos nada en el Hospital Psiquiátrico. Su mayor preocupación es quién va a velar por ellas cuando falte", contó Maritza Ascencio, presidenta de la junta directa de Lomas de Edén.

Marta cuenta que trabajó 15 años en Estados Unidos y que con lo que ganaba pudo construir esa casa, pero además de la precariedad de las condiciones en las que vive junto a Maricela y Claudia, a la matriarca la estafaron con la tierra: una mujer le "vendió" el terreno, pero resultó después que en realidad la propiedad está "en sucesión", por lo que nunca ha estado a su nombre.

La hermana de la mujer que la estafó vive en el terreno de al lado y, a manera de represalia y con dolo, mandó a construir un cerco para que las tres mujeres no puedan cruzar por allí y acortar el camino para ir a conseguir agua. En este sentido, la lluvia puede ser al mismo tiempo bendición y desgracia: lo más fácil es bañarse con agua de lluvia cuando es la temporada.

La misma situación aplica para su vecina Blanca, quien cada vez que puede intenta almacenar en una refrigeradora, que hace las veces de pila, el agua que cae del cielo. A Blanca, Amanda casi le botó su casa: una champa de lámina construida en una pendiente cuesta abajo, que solo cuenta con dos cuartos, uno que tiene precisamente encima esa pendiente y el otro que da a un precipicio.

Blanca tiene 50 años y vive allí con su hijo de 14, con su hija de 21, con el hijo de esta última de 3 y con una nieta de 7 que tiene epilepsia. Su esposo se ha sumado al grupo porque decidió, sin que nadie sepa la razón, ir a pasar con ella la cuarentena, aunque ya no son pareja.

La única que trabaja es ella: lavando ajeno, echando tortillas. El terreno ni siquiera le pertenece.

Marta tiene 90 años y perdió la vista hace tres meses. Vive con sus hijas Maricela (con ella en la imagen) y Claudia, ambas padecen retraso mental.

La joven veinteañera, María, trabajaba como costurera, pero se quedó sin trabajo con la cuarentena obligatoria. Y aunque se acabó la cuarentena, no hay transporte público que la lleve al vecino Santiago Texacuangos.

La madre de la niña con epilepsia no vive allí ni le ayuda económicamente en nada, porque tiene otros cuatro hijos; no se asoma ni cuando toca llevarla a sus controles hasta el Hospital de Niños Benjamín Bloom, que es donde le proporcionan los medicamentos que la mantienen estable, aunque sin poder hablar ni caminar.

A pesar de las gestiones de la junta directiva y del comité comunal de protección civil, la alcaldía de Santo Tomás no ha podido resolverles la asignaçión de un terreno más plano, estable o seguro para reconstruir otra champa de lámina, que es para lo que apenas y alcanza.

En Lomas de Edén también están afectados Dinora y Filadelfo. Ella de 59 años y el de 76. Su casa de bahareque se convirtió en pedazos de paredes a punto de terminar de desmoronarse, luego del paso de Amanda.

Según ha calculado Filadelfo, lo que necesitan son: 55 cuartones de 4 varas, 30 costaneras de 5 varas, 4 docenas de láminas canaladas estándar, 8 libras de clavos de 5 pulgadas, 5 libras de clavos de 4 pulgadas y otras 5 libras de clavos para láminas.

"Si nos hicieran ese favor, les agradeceríamos mucho. Es lo que necesitamos con urgencia", dijo.

Debido a que la iglesia que fue habilitada como albergue solo les prestó el local durante 15 días, y ante la ausencia de una casa comunal, la pareja ha tenido que regresarse a lo que queda de su casa, cuyas tierras además son húmedas por una corriente de agua que pasa cerca, pero es tanto el peligro que corren que una vecina les está prestando un cuarto donde dormir cada noche.

Maritza Ascencio, la presidenta de la junta directiva, está recibiendo las llamadas de personas altruistas al número telefónico 7204-5550.

Desplomándose. Las paredes de bahareque de la casa de Filadelfo y Dinora se están cayendo en pedazos. Duermen en casa ajena.
 
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