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Equipo de fútbol profesional paga extorsión para jugar

Jugadores, dirigentes y cuerpo técnico de un equipo de fútbol del oriente del país deben someterse a la autoridad de una pandilla, que les rentea para poder entrenarse y jugar en el estadio municipal.
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Un equipo de la Tercera División profesional del oriente del país tiene que pagar las extorsiones que le imponen los pandilleros para dejarlo entrenarse y jugar como local en un estadio que es administrado legalmente por la alcaldía, pero bajo completo dominio de estos grupos delictivos.

La autoridad de los pandilleros es tal, que han obligado al equipo de fútbol a incluir como jugadores solo a oriundos de la localidad.

Durante el torneo pasado, dos miembros del plantel fueron asesinados por llegar de colonias consideradas rivales de donde está el estadio. El caso que más consternó a la población fue el de un muchacho de 19 años, que salía del entreno y fue abatido a tiros a pocas cuadras del estadio. Esto sucedió cerca de la última fecha del torneo. En vista de que ya estaban eliminados de la siguiente fase del torneo Apertura 2015, los deportistas pensaron incluso en perder por default las jornadas restantes, por temor a más muertes. Lo más alarmante del caso fue que sucedió apenas tres semanas después que otro jugador del equipo fuera asesinado cuando salía de su trabajo y se dirigía al entreno.

Este año, tras un acuerdo de no agresión y renta, se mantiene una tensa calma, pero el ambiente de inseguridad no deja progresar al equipo, orgullo de la ciudad y un ejemplo del resto de categorías que poco a poco se ahoga.

REGLAS DEL JUEGO

Los directivos del equipo, quienes pidieron reserva de su identidad, manifestaron que la situación delincuencial del país, y en específico de la ciudad, ha llegado a niveles insostenibles, y que el suyo es solo un matiz. La ciudad cuenta con una población y comercios tan desarrollados que fácilmente podría ser cabecera departamental. Sin embargo, es una de las que sufre de los mayores índices delincuenciales de la zona oriental, reconocida nacionalmente como foco de violencia.

Aunque toda la ciudad está llena de pandilleros, hay zonas que son completamente inaccesibles para la población. Una de ellas, y de las más conflictivas, es precisamente la que rodea el estadio municipal, ubicado en una colonia construida por donación del gobierno chino en 2001.

El que los jugadores sean nativos no ha sido motivo de deferencia de estos grupos delincuenciales, al punto de que ir a un simple entreno es una verdadera odisea para los miembros del plantel. Nadie puede entrar a esa colonia si no vive en ella, por lo que los directivos han tenido que negociar con los pandilleros, para que al menos dejen al equipo entrenarse y disputar sus partidos como local.

“El propósito de nosotros es ayudarles a los jóvenes para que se mantengan lejos de la delincuencia y que no se involucren en cosas que no les van a beneficiar, que en lugar de eso les perjudican. Queremos que se sienta que esta ciudad tiene un equipo en Tercera División profesional, porque la mayoría son jugadores del pueblo, pero a veces es bien difícil”, compartió un lugareño que se ha hecho cargo de la administración del equipo.

El equipo se entrena tres veces por semana en el estadio municipal. Cada vez que lo hace, un grupo de pandilleros se presenta para verificar que no haya nada anormal. No es una labor difícil para los delincuentes toda vez que el acceso al estadio es simple, ya que algunos de los muros que lo rodean han caído y solo es necesario moverse a un predio baldío aledaño para ingresar. Una persona que colabora con la junta directiva del equipo relató que se tuvo que negociar un pago con la pandilla que controla la colonia, ya que de lo contrario era imposible que lo utilizaran para los entrenos. Lo mismo sucede para los juegos, en los que es necesaria la presencia de la Policía Nacional Civil (PNC). Parte de la negociación ha sido que no le harán daño al equipo visitante una vez salga del estadio, donde ya no hay custodia policial.

“El estadio ya no es de dominio público, pero como no tenemos dónde más entrenarnos y jugar, tenemos que asegurar la seguridad de nuestro equipo y la de los visitantes, pagándoles lo que nos piden para que nos dejen trabajar”, expuso el lugareño.

Por tal razón, el público se muestra apático al equipo, ya que ir a apoyarlos representa llegar a la temida colonia y los encuentros se disputan casi que en soledad.

El entrenador del equipo se refirió a las dificultades con las que se trabaja, bajo la presión de las pandillas: “La falta de apoyo contribuye a la situación de violencia que vive el país con las pandillas. Los jóvenes buscan otra salida. El fútbol aleja a los jóvenes de la esquina. Antes aquí era tranquilo, ahora todos debemos vivir con el temor de salir a la calle”, comentó.

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