“Es un acto de justicia”

Sacerdotes y laicos caminan con júbilo en la plaza de San Pedro. Se juntan para recibir sus credenciales y ser testigos de la investidura del primer cardenal del país. ¿Un acto de justicia? Sí, por su conexión con el pueblo, aseguran.
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Había relajo, jolgorio, habían salvadoreños. Al pie del obelisco en el pleno centro de la plaza de San Pedro en el Vaticano, sacerdotes y laicos esperaban por las credenciales para poder ser testigos del nombramiento del primer cardenal salvadoreño. Hablaban de todo, del viaje, de las escalas que hicieron, del costo de los boletos... “$1,530 me costó”, dice un laico. “$1,300 a mí, pero fue un regalo”, repara otro.

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Más parecían esperar boletos para una fiesta que los pases para asistir al consistorio donde monseñor Gregorio Rosa Chávez será nombrado como cardenal. Pero sí, es una fiesta para los católicos.

Curiosamente son muy pocos distintivos salvadoreños: una cachucha de Romero que porta la madre Reina Angélica, encargada de las credenciales, un par de camisetas del beato y una camiseta de El Salvador; los demás llevan su ropa de rigor.

Lo que sí no faltan son gritos. “Los del padre Bolaños”. Alguien alcanza la mano y le entregan un grupo de tarjetas. La aglomeración hace un círculo alrededor de la madre. “Primero los clérigos”, dice.

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Ya antes Francisco Ábrego, un estudiante salvadoreño de teología en Roma, la había auxiliado entregando otras de manera individual a los sacerdotes.

“Los de la arquidiócesis”, gritan nuevamente, casi pareciera una venta. “Los de San Miguel”, y otra mano aparece para tomarlos.

Los que la solicitaron de manera individual comienzan a quejarse. “Yo me acredité en el arzobispado”, dice una señora y muestra una lista con varios nombres. “Esta es la que enviaron”, asegura. Su ansiedad se ve calmada cuando recibe una tarjeta.

La tensión pasa para los que recibieron la credencial, pero no para la madre que se percata de que le sobraron algunas. En la lista y al llamado no respondieron todos.

Aún después de entregadas las boletas, gran parte del grupo se queda en los alrededores de la plaza de San Pedro, otros dicen que subirán a la cúpula, no más que a conocer la noche romana. Entre ellos se encuentra Ivette Morales, dice que viajó con su hermano Pedro y su tío José Joaquín, quien los invitó al viaje.

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“Nos alegra mucho esta iniciativa del papa de nombrar cardenal a monseñor Rosa Chávez, es un orgullo enorme”, explica.

Ella es quien dice que su boleto tuvo un costo de $1,300, pero hace más cuentas al mencionar el hotel y la alimentación, aunque no dice esos números, porque de momento para ella lo importante es que “hoy estamos aquí con monseñor, es un momento único”.

De Sonsonate al Vaticano

Al otro lado de donde ella se encuentra está Rutilia Álvarez, viajó de Sonsonate, mira entre todos los presentes y dice: “Yo creo que de allí solo yo vengo”. ¿Cómo pudo viajar? “Con mis ahorros”, responde sin más.

Su boleto tiene un costo de $1,530 “y para uno de empleado cuesta más”, explica. Igual tiene que complementar los gastos de comida y alojamiento. Pero se siente satisfecha.

“Es un acto de justicia”, dice al comentar lo que significa que a Rosa Chávez lo nombren cardenal este día. “Él siempre se mantuvo con humildad y al llegar este día había que venir”, agrega con evidente júbilo.

Luego, al explicar por qué cree que Rosa Chávez merece el nombramiento que le da el papa Francisco, responde con sencillez: “Por su conexión con el pueblo”.

Poco a poco el grupo se dispersa y de los gritos y jolgorios solo queda como testigo el obelisco, imponente, como el centro del Vaticano.

El eterno obispo auxiliar

Monseñor Gregorio Rosa Chávez es una figura emblemática para el país. Acompañó a varios arzobispos como obispo auxiliar de San Salvador.

Estuvo cerca del beato Monseñor Romero, de quien lo precedió tras su asesinato monseñor Arturo Rivera y Damas, de monseñor Fernando Sáenz Lacalle y finalmente acompaña al actual arzobispo de San Salvador.

José Luis Escobar es parte de la delegación salvadoreña y acompañará a su obispo auxiliar el día que pase a la historia como el primer cardenal salvadoreño, uno que además tendrá voto en caso de una elección papal.
 
 
 

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