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“Ese terremoto me lo quitó todo; es imposible olvidar ese dolor”

Han pasado ya 17 años desde aquel fatídico 13 de enero de 2001, pero el doloroso recuerdo de quienes lo vivieron se mantiene presente a través de las huellas que han dejado sus pérdidas materiales y humanas.
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Foto cortesía.

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“Ese día habíamos quedado de reunirnos en la noche. Ya sabe, comer pupusas y ver algún partido o una de esas películas que dan en la tele. Mi mamá siempre nos recibía a todos. Éramos como los de la película esa de Pedro Infante, la de los hijos de María Morales. Pero justo ese día a mi hermano y su esposa se les dio por llegar donde mi mamá en la mañana. Ese fue su error”.

Así relata “Francisco” (quien pidió reservar su identidad) cómo la vida le cambió aquel 13 de enero de 2001, cuando El Salvador fue azotado por un terremoto de magnitud 7.7 y que derivó en el desprendimiento de tierra de la Cordillera El Bálsamo, el cual soterró y asesinó a cientos de personas en Santa Tecla, municipio de La Libertad.

“Apenas pude recuperar partes del cuerpo de mi hermano, nada más. A mi madrecita me tocó hacerle sepultura simbólica"

La madre, el hermano, la cuñada y cuatro sobrinos fueron las pérdidas humanas que Francisco tuvo ese día. “Ese día me avisó mi esposa, porque ella lo vio en la tele. Yo estaba en mi negocio, que también fue destruido por el terremoto. Cuando mi señora me avisó no lo pensé dos veces. Dejé a mis empleados limpiando los escombros y me fui corriendo a Las Colinas. Yo no podía creer lo que ahí miraba. Era espantoso”, declara Francisco con lágrimas en sus ojos.

Pero, para Francisco, la mayor agonía que recuerda fueron los días de búsqueda y recuperación de cuerpos de sus familiares, una tarea que, como él mismo describe “no se la deseo a nadie”. “Apenas pude recuperar partes del cuerpo de mi hermano, nada más. A mi madrecita me tocó hacerle sepultura simbólica. Había un señor, no me acuerdo cómo se llama, que se pasó semanas enteras y sólo pudo sacar la cabeza de su esposa. Era bien duro. A veces, cuando llega este mes de enero, pasó noches sin dormir pensando qué habría pasado si se nos hubiera ocurrido ir a la playa, a la montaña o a algo pues, todo con tal que ninguno de ellos estuviera ahí”.

Muchas familias fueron destruidas a causa del terremoto de 2001.

Las Colinas, el altar de los recuerdos

En Las Colinas, colonia que fue arrasada por el desprendimiento de tierra en la Cordillera El Bálsamo, fallecieron aproximadamente 600 personas, todas ellas enterradas por un alud de tierra que se desprendió de la cordillera. Ahora, son pocas las personas que han vuelto a residir ahí, dejándolo como una de las zonas de más bajo costo en alquiler de viviendas en Santa Tecla.

"Dígame usted, ¿de qué me sirve un pedazo de casa en el mismo lugar dónde se murió mi gente? Yo opté por irme de ahí, lejos, bien lejos"

Francisco relata que año tras año visita la tumba simbólica de sus familiares en el Cementerio Jardines del Recuerdo, en San Salvador. “Mucha gente peleó la tierra, las casas, las construcciones que dijeron que iban a hacer. Pero eso a mí no me importaba. Dígame usted, ¿de qué me sirve un pedazo de casa en el mismo lugar dónde se murió mi gente? Yo opté por irme de ahí, lejos, bien lejos. Ahora vivo en San Salvador, tengo mi negocio ahí en el Centro y volví a empezar, desde cero. La casa me la pueden reconstruir diez veces mejor, pero la vida de mis familiares nadie me la devuelve. A uno solo le queda el recuerdo, las fotos y la tristeza de eso que nos pasó”, expresa.

La tragedia todavía queda en el recuerdo, sobre todo, de los habitantes de Santa Tecla.

No solo fueron vidas

El caso de Francisco fue parte de los miles de familiares que vivieron la pérdida de sus familiares ese día. Según el reporte final de Protección Civil, solo en Santa Tecla fallecieron 685 personas, además de reportarse 1,364 lesionados y un histórico total de 43,699 damnificados.

Santa Tecla registró, además, 600 casas soterradas y la destrucción de 1,100 casas, entre las cuales figuraban negocios comerciales como el de Joaquín, un vendedor de pinturas y dueño del “Kiosko de Pinturas”, ubicado justo en el centro del municipio. Su ferretería y pinturería de más de 20 años de existencia fue demolida en los 30 segundos de duración del sismo.

“Esa cuadra era un lugar de negocios. Había joyerías, ferreterías, tiendas de electrodomésticos y hasta una tienda de granos básicos. Todas quedaron demolidas"

“Al principio pensé que era un temblor de esos que pasan rápido. Pero en eso vi que los estantes de pinturas se cayeron y las paredes se rajaron. Ahí sí, mire, sin pensarlo dos veces me levanté de un solo y yo que me levanto y un pedazo de adobe que cae en plena silla donde estaba. Le grité a mi hijo que corriera y salí a toda prisa con los demás empleados. Hasta que ya estábamos en la calle vimos toda la destrucción. Se me cayó el negocio, enterito. Yo solo me puse a llorar”, recuerda Joaquín la vivencia de aquel día.

Para Joaquín, nada borrara de su memoria el recuerdo de aquella 2° Avenida Sur y 4°Calle Poniente completamente destruida. “Esa cuadra era un lugar de negocios. Había joyerías, ferreterías, tiendas de electrodomésticos y hasta una tienda de granos básicos. Todas quedaron demolidas. Nadie murió ese día, pero por dentro sí estábamos muertos. Lo que nos daba de comer había quedado hecho polvo”, recuerda. Las pérdidas de ese día en el negocio de Joaquín rondaron los $25,000 solo en producto.

“Al llegar a casa, mi hijo mayor y el más pequeño salieron corriendo y me abrazaron. Mi esposa también, llorando. Como pudimos juntamos comida y ahí fue cuando me derrumbé. Solo me puse a llorar. En ese momento no tenía respuestas y miraba a mi familia y no sabía cómo iba a hacer para alimentarlos, para mantenerlos. En ese tiempo tenía 50 años, dígame usted, dónde iba a encontrar trabajo. Ese terremoto se llevó todo lo que tenía”, declara entre lágrimas.

Fachada del negocio de "Joaquín", en una fotografía tomada en diciembre de 2000, un mes antes de la tragedia de 2001.

Las sombras del ayer escondidas en el maquillaje del presente

"En ese momento no tenía respuestas y miraba a mi familia y no sabía cómo iba a hacer para alimentarlos, para mantenerlos. En ese tiempo tenía 50 años, dígame usted, dónde iba a encontrar trabajo"

Actualmente, la 2°Avenida Sur y 4° Calle Poniente, conocida por la ubicación de una gasolinera y una farmacia de muchos años en Santa Tecla, dista mucho de su apariencia antigua. La remodelación y reconstrucción hizo lo suyo, pero ninguno de los locales comerciales que ahí existían en 2001 volvieron a resurgir. Joaquín cerró su negocio tres años después. Francisco jamás volvió a instalarse en ese lugar y, así como ellos, todos los comerciantes de la zona fueron cayendo uno a uno con el paso de los años. Santa Tecla logró maquillarse, pero, al verla de frente, las heridas y las marcas de la catástrofe todavía son la marca de espíritu que conserva en su rostro.

Los datos finales de Protección Civil son abrumadores. Fueron en total 944 fallecidos en todo el país tras el terremoto del 13 de enero de 2001, donde también se contabilizaron 5,565 lesionados, 1,364,160 damnificados, 1,155 edificios públicos dañados, 169,692 viviendas dañadas, 108.261 viviendas destruidas. Sin embargo, la marca más dolorosa de todo el país se dio en Santa Tecla, en Las Colonias, esa colonia que hoy cuenta con un parque familiar y nuevas casas y pasajes, pero donde ninguno de los que perdieron familiares ahí quiere volver a acercarse.

Han pasado ya 17 años de la tragedia, pero aún duele, aún se siente, aún se recuerda como si fuera parte de la vida actual. Las historias de Francisco y Joaquín, diferentes en sus pérdidas, tienen un punto en común: no importa cuántos años pasen, cuando una tragedia azota una vida, la deja marcada para siempre…una marca que nada puede borrar.

Así quedó la 2° Avenida Sur en Santa Tecla, tras el terremoto del 13 de enero de 2001.

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  • terremoto 2001

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