Fallece salvadoreño en desierto de Texas en migración hacia EUA

Las primeras indagaciones revelan que el compatriota murió por asfixia, debido al intenso calor en la zona.<br />
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 <br />Nilson Josías Franco Hernández,  de 20 años de edad, llevaba dos años y medio buscando trabajo, luego de graduarse como bachiller. Quería ir a la universidad, pero la economía familiar no lo permitió y por ninguno de sus esfuerzos en emplearse en alguna empresa rindió frutos.<br /><br />Luego de hacer unos días como encuestador y ayudante de albañil, convenció a sus padres, Leonardo y Rosa Leonor, de dejarlo ir vía terrestre hacia Estados Unidos y reunir con préstamos los $6,000 que le pedía el “coyote”. El 7 de julio a las 2:30 de la tarde se despidió de todos y se fue hacia San Miguel. Al siguiente día, partió con un grupo de diez personas hacia México.<br /><br />“Como 22 días o un mes estuvimos comunicándonos. Él ponía un mensaje a que número llamarle y así sabíamos por dónde estaba, cómo iban y siempre nos dijo que tuviéramos paciencia y que no pensáramos, que todo iba a salir bien”, comentó con voz quebrantada Leonardo.<br /><br />La última vez que hablaron con Nilson estaba en Reinosa, México, y les dijo que en unos días no les iba a llamar porque estaban en camino; pero luego de seis días de no tener noticias suyas,  el 17 de agosto, un pariente que lo esperaba en Estados Unidos les llamó para darles la mala noticia: Nilson había fallecido en el desierto, por asfixia, debido a que la temperatura estaba a 120º centígrados.<br /><br />La familia del joven no se explica cómo Nilson se expuso a esa temperatura extrema e intuyen que el coyote los había abandonado, un coyote en que confiaron y que, de hecho, no volvió a contestarles las insistentes llamadas después del incidente. No saben sobre su paradero.<br /><br />En la casa del joven, en el caserío San Antonio, cantón Llano El Ángel en Ciudad Barrios, la familia tiene sillas apiladas y se reúnen con sus allegados y amigos todas las tardes, oran y esperan el día que repatríen el cadáver de Nilson.<br /><br />“Estaba tan joven; el 12 de noviembre iba a cumplir los 21”, dice casi susurrando Leonor, la madre del joven, quien aún tiene la esperanza que la persona que encontraron en el desierto, precisamente en Macaly, Texas, no sea su hijo y que éste le llame para decirle que está bien.<br /><br />Repatriar el cuerpo de  Nilson cuesta aproximadamente $12,000. La familia ha solicitado ayuda y algunas personas han hecho colectas que no son suficientes. <br /><br />También han tenido que ir dos veces al Ministerio de Relaciones Exteriores para poder realizarse una prueba de ADN, un requisito para poder corroborar la identidad del joven, pero  no se las han hecho.<br /><br />“Yo quisiera tener la capacidad de convencer a los padres de familia que no dejen ir a sus hijos camino a Estados Unidos, que eso es la muerte y que es preferible la pobreza a perderlos” dijo Leonardo, quien se consuela viendo las fotos de su querido Nilson.<br /><br />En fotos ellos han podido ver el DUI, los apuntes del joven donde anotó los números telefónicos, nada más, aún aguardan poder verlo, poder enterrarlo en la tierra de Llano El Ángel que le vio nacer.<br />

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