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Fervor en el camino al Calvario

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De las láminas que protegen las ruinas donde hasta enero existió la iglesia de San Esteban, en el centro de San Salvador, salió ayer el vía crucis que recorrió la calle de La Amargura, donde los católicos representaron los pasos que dio Jesucristo caminando al Calvario.

Un marco de madera, donde estuvo ubicado el altar, es lo único que queda del templo que tenía una antigüedad de 130 años, según datos de historiadores y que fue consumido por un incendio.Lo que no se extinguió fue la tradición que nació en 1986, año en que la iglesia quedó inhabilitada para las misas, pero es el punto de partida de la procesión de la imagen de Jesucristo vestido de rojo cargando la cruz.

Un grupo de hombres caminó con bastones de hierro en mano para colocar la imagen durante las paradas de las 14 estaciones.

Mientras tanto, en otro punto del país, en Sonsonate, donde semanas atrás la Asamblea Legislativa nombró los actos de Semana Santa como Patrimonio Cultural de El Salvador, el Viernes Santo también se vivió con intensidad, con fervor católico y con calor por el clima.

A diferencia de los últimos 25 años, en Sonsonate, el vía crucis se desarrolló en calles y avenidas despejadas de ventas ambulantes.

Las arterias aledañas al centro de la ciudad facilitaron el tránsito de los feligreses que participaron en los actos religiosos, debido al proceso de ordenamiento que llevó a cabo en enero el alcalde Roberto Aquino.

Los integrantes de la Hermandad de Jesús Nazareno recorrieron la calles sonsonatecas en procesión con la imagen en los hombros de Jesús Nazareno durante toda la mañana bajo un intenso sol y ante las miradas atentas de personas de la zona y visitantes nacionales y extranjeros.

Los miembros de la congregación católica aseguraron que cargan la imagen en agradecimiento a Dios por todos los favores que han recibido durante el año.

Para evitar inconvenientes durante la larga jornada de elaboración de alfombras, la alcaldía decretó ley seca, la cual estuvo vigente desde el jueves en la medianoche y finalizó ayer por la mañana.

Con el aserrín y la sal pintados de colores, los pobladores de Sonsonate hicieron extensas alfombras, donde anoche fue colocada la urna del Santo Entierro.

“Hemos tenido una celebración de Semana Santa con toda armonía y tranquilidad, no hemos tenido ningún hecho que lamentar”, aseguró el alcalde de Sonsonate.

En el centro de San Salvador, en la reconocida calle de La Amargura, la mayoría de bares y cantinas ubicados en la zona cerraron sus puertas durante el paso de la procesión. En algunas ventanas ojos curiosos observaron atentos la conmemoración católica. Luis Durán, de 80 años, aprovechó la afluencia de personas para vender a $1 los retratos del papa Francisco.

A media mañana, en la capital salvadoreña, el termómetro marcaba 32 grados, pero los católicos continuaban en su procesión pese al intenso calor. Las mujeres que cargaron la imagen de María se hidrataban en las paradas de cada estación.

Mientras tanto, un grupo de niños que cargaba en hombros una tarima con la imagen del Niño Jesús eran fotografiados y custodiados por sus padres y familiares.

En Sonsonate, el obispo de la diócesis, Constantino Barrera, acompañó todo el recorrido de la procesión.

Monseñor señaló que es la primera Semana Santa que vive los actos de pasión, muerte y resurrección de Jesús, luego que fuera nombrado como obispo en sustitución de monseñor José Adolfo Mojica Morales, quien falleció recientemente.

Barrera destacó la religiosidad con la que los sonsonatecos celebran la Semana Mayor y mostró su admiración por la cantidad de personas que visitan la ciudad durante toda la semana. La devoción de los católicos es percibida a escala nacional.

En el centro de San Salvador, Celina Henríquez, de 30 años, cargó a su hijo Jeferson, de ocho meses, por todo el recorrido del vía crucis que finalizó en la iglesia de El Calvario.

Con una sombrilla, la madre de la mujer protegía a hija y nieto de los rayos del sol. Para la familia Henríquez, es importante acompañar el vía crucis, porque con esa acción, aseguran, sienten por un momento el sufrimiento de Jesús en su camino a la crucifixión.

“Vengo a presentar a un nuevo miembro de la familia”, dijo la mujer y mostró el rostro de su hijo. “Siempre venimos desde pequeños. Es una procesión que no nos podemos perder”, enfatizó.

En la capital, el vía crucis tuvo como punto de llegada la iglesia de El Calvario, ubicada a un costado del mercado Central. Desde la terraza del templo, en medio de las ventas, se observó a los ancianos que esperaban la llegada de la imagen de Jesús, le colocaron flores y observaron la crucifixión. Mañana celebrarán la resurrección.

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