Fiel a su promesa de mantener viva una gran tradición

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Tesoro cultural.  Don Miguel conserva en casa tres gigantas de Jocoro que lleva a los festejos.

Tesoro cultural. Don Miguel conserva en casa tres gigantas de Jocoro que lleva a los festejos.

Fiel a su promesa de mantener viva una gran tradición

Fiel a su promesa de mantener viva una gran tradición

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Miguel Ángel Demetrio Lara aprendió de niño el arte en bambú. La mayor parte de los miembros de su familia hacía floreros de ese material para comercializarlos a escala local en su natal Jocoro, Morazán.

Nacido en dicha localidad, actualmente reside en el pasaje Centroamérica del barrio Nuevo, en una casa con corredor donde se exhiben tres muñecas de diferente tamaño que son parte de la tradición de Jocoro.

En 1985 Neftaly Hernández, quien tenía bajo su custodia al personaje la giganta de Jocoro y además era suegro de Demetrio Lara, le encomendó antes de morir que mantuviera viva la tradición, heredándole el manejo de la muñeca.

La giganta de Jocoro es una muñeca de 3 metros de altura, ojos grandes y expresivos, manos largas de algodón y una sonrisa púrpura a la cual suelen invitar los habitantes de pueblos y ciudades de todo el país para que haga lo que mejor sabe hacer: bailar y divertir en cada fiesta patronal.

“Yo estoy consciente de que esto es un legado cultural muy importante para mi familia, para el pueblo de Jocoro y para todas las personas a las que les gusta la giganta”, comentó.

Durante 30 años don Miguel ha sido fiel a su promesa de mantener la tradición, y cuenta que cuando estaba “más cipote” era quien se metía bajo las faldas de la giganta para hacerla bailar al ritmo de música tradicional según la ocasión.

“Ella (la giganta) está hecha de cuatro bejucos de chupa-chupa, varas de bambú, madera de cedro para sostener el cuerpo y la cara es de árbol de tambor”, detalló el conservador de la tradición.

Además, la muñecona lleva una peluca que es hecha con cabello donado y por lo general lleva vestidos de campesina, los cuales son elaborados con tela que también donan.

La giganta ha estado en la familia Lazo desde 1908 y fue creada luego de una leyenda en la zona sobre el hallazgo de huesos gigantes de un ser humano.

Don Miguel es por hoy el heredero de esta tradición y se ha dedicado en cuerpo y alma a cumplir con su labor: aprendió a bailar muchos ritmos y ha enseñado a otros a hacerlo, también a cuidar la estructura que compone la giganta, pues de vez en cuando se tienen que sustituir las partes, menos el rostro.

Gracias a su dedicación con la giganta pudo conocer pueblos de Honduras y Guatemala donde esta fue la invitada de honor, pues su fama trascendió las fronteras.

“Yo estoy contento porque aunque la gente no lo ve a uno porque está cubierto (con la falda de la giganta), se preguntan cómo es que no se marea el que baila de tantas vueltas que da. Los hacemos reír, divertirse, y esto es para mí una satisfacción muy grande”, contó.

Miguel Ángel Demetrio Lazo tiene 84 años y su labor solo ha sido reconocida a escala local, pero a él le alegra poder contar la historia de su amada giganta, la cual dice heredará a su hijo Mario para que, como él, continúe preservando la tradición y la presencia de la giganta de Jocoro se pueda seguir disfrutando donde sea invitada.

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