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Fiscalía General: “estamos viendo una baja de homicidios y una baja en los desaparecidos”

La Fiscalía busca un plan que elimine las extorsiones en el país, pero es necesario el trabajo en conjunto con el Ejecutivo y la empresa privada para poner fin a este flagelo que solo enriquece a las pandillas.

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Raúl Melara cumplió un año al frente de la Fiscalía General de la República.

Raúl Melara cumplió un año al frente de la Fiscalía General de la República.

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Raúl Melara cumplió un año al frente de la Fiscalía General de la República el lunes pasado. Con cifras que lo respaldan, asegura que las pandillas son el principal problema de inseguridad en El Salvador, aunque reconoce los efectos positivos que ha tenido el Plan Control Territorial. En sus primeros 12 meses al frente de la institución apostó por atacar el tema de los desaparecidos por las pandillas, tanto que creó una unidad especializada en la Fiscalía y ha logrado que se convierta en un tema del que todos hablan y que incluso ahora la Asamblea Legislativa lo tipificó como delito, luego de presentar un pliego de reformas.

Este año quiere combatir las extorsiones, tomando como antecedente la sociedad entre Fiscalía, Ejecutivo y empresa privada que prácticamente erradicó los secuestros en los años 90.

Y teniendo, además de los homicidios, otros dos graves delitos –las extorsiones y las desapariciones- cometidos por las pandillas, no entiende cómo puede haber políticos negociando con estas estructuras criminales. "Es reprochable e inaceptable", asegura. Por eso promete investigar a profundidad.

Al tomar los desaparecidos como un tema de prioridad, ¿qué ha descubierto además del drama humano? ¿Hay un fenómeno criminológico específico?

Hay que entrarle a los problemas para determinar la realidad del mismo. Dentro del fenómeno de desaparecidos encontramos diversas razones. No todas tienen que ver con homicidios y privaciones de libertad. Hay que gente que emigra sin decir nada, hay gente que se esconde, otros que se van de parranda, otros que han tenido un accidente… hay una mezcla de factores que inciden en este tema. Es importante reportarlo, pero también anunciarlo cuando esta gente reaparece. Hay una realidad: detrás de los delitos de la privación de libertad, desapariciones forzadas por particulares –el nuevo delito tipificado por la Asamblea Legislativa- hay un fenómeno de pandillas latente. Están las pandillas detrás de las desapariciones, asesinándolas y enterrándolas en cementerios clandestinos. Ahí estamos nosotros buscando y tratando de dar con el paradero de las víctimas.

Algunos plantean que las cifras de homicidios están semi disfrazadas con el número de desaparecidos.

Creo que esa distorsión se va disipando cada vez más. Tenemos la información de homicidios totalmente separada de la de los desaparecidos. Antes se hablaba de que disminuían los homicidios, pero los desaparecidos aumentaban. Hoy estamos viendo que los homicidios han disminuido y los desaparecidos también han disminuido, hablando a nivel de denuncias diarias. Cuando empezamos a analizar el problema teníamos un promedio de nueve desaparecidos diarios. Este ha bajado a siete y a seis en algunos meses. No vemos una disminución de homicidios y un aumento de desaparecidos, sino que estamos viendo una baja en ambos.

La cifra de desaparecidos, ¿tiene margen de error? Porque si no hay denuncia, no hay forma de registrarlo.

Por supuesto. La cifra que damos es conforme a las denuncias que estamos recibiendo diariamente.

¿Hay alguna cifra negra, probablemente fuerte?

No la sabría determinar. A este momento no. Por eso hacemos el llamado a todas las personas a que denuncien, que reporten a todas las personas que desaparecen. A que trabajen de la mano con la Fiscalía para poder encontrar a la persona.

¿Hay forma de saber cuántas de esas denuncias por desapariciones terminan resolviéndose?

El 49% se están encontrando. Dentro de ese porcentaje están los aparecidos y los que sabemos que han emigrado.

Y del 51% restante, ¿cuánto podemos adjudicarle al crimen?

Podemos decir que hay un fenómeno delincuencial detrás de ellos.

¿Mayormente ligado a las pandillas?

Mayormente ligado a las pandillas.

Uno pensaría que tras las operaciones Cuscatlán y Jaque, con centenares de pandilleros condenados, la situación podría mermar. Pero, ¿cuál es el estado del poder financiero de las pandillas?

Ese es uno de los retos. Por eso una de las modalidades de ataques que tenemos contra las pandillas es atacar su negocio, su modo vivendi. Quitarles esa estructura económica y financiera que los nutre y que les permite dedicarse a todo tipo de negocios. No solo se van a acabar con la represión. Crear condiciones para los jóvenes se vuelve fundamental para que esto tenga un ciclo finito. En la medida que el país no pueda superar esa desigualdad, en donde algunos tienen las oportunidades y otros no van a seguir siendo carne de cañón para las pandillas. Es importante la labor de todas las instituciones para poder prevenir el ingreso de jóvenes a pandillas.

A la Fiscalía, más que prevenir, le toca investigar y reprimir.

Definitivamente. Por eso creemos que en seguridad el trabajo no puede ser de una sola institución. Cada quien cumple su rol. Me toca a mí la labor punitiva, de persecución penal, de procesar y condenar a los que están involucrados en delitos. Si no hacemos una labor dos pasos atrás, nunca van a ser suficientes los esfuerzos que una institución pueda realizar para que esto suceda.

¿Tan complejas se han vuelto las pandillas? ¿Hasta dónde han llegado? Ya hemos visto que son empresarios de transporte, hoteleros y restauranteros. No es un tema solo de narcomenudeo y extorsión, sino que además lavan el dinero.

Ellos han ido evolucionando y por supuesto que han estado involucrados en todos los rubros que menciona. Por eso es que debemos atacar su estructura financiera. Se les decomisó hoteles, negocios de transporte público… cualquier método de financiamiento que hemos podido.

Antes se decía que desde las cárceles se ordenaban las extorsiones. ¿Cómo es ahora? ¿Ha funcionado el plan del nuevo gobierno o es algo que se trasladó el teatro de operaciones de las pandillas?

Todavía estamos analizando. Algo debe de haber funcionado el Plan Control Territorial porque también desde las cárceles se ordenaban homicidios. Esperamos que esto continúe en el tiempo. Ahora, ordenar las extorsiones no necesariamente tiene que ser desde las cárceles. La pandilla tiene una estructura lo bastante compleja para que las órdenes puedan emanar desde los cabecillas que están de turno. Por eso es que el reto de poder identificarlos y atacarlos de la mejor manera.

La Fiscalía no puede enfrentar el dominio territorial de las pandillas. ¿O sí puede?

Nosotros hacemos un trabajo en conjunto con la Policía. Pero, básicamente, esa es una labor que le compete a esta, por ser materia de seguridad pública. La presencia territorial la tiene la Policía. Coadyuva el Ejército y nosotros nos limitamos a investigar, procesar y condenar.

Los audios de las llamadas telefónicas intervenidas que están siendo utilizados como pruebas en el juicio de la Operación Cuscatlán muestran el interés de las pandillas por obtener poder político. ¿Cómo es que los políticos que se reunían con pandilleros no han sido procesados? A menudo se lo preguntan directamente a usted en redes.

Sí. Este es un tema que ha generado muchas inquietudes y ansiedades en la opinión públicas. Y las redes sociales no son la excepción. Lo que le puedo asegurar a la población es que estamos investigando el tema. No dependemos ni esperamos una sugerencia del juez para nosotros investigar. Ordené que se abriera una investigación amplia sobre este tema desde mucho antes siquiera que el juez leyera el fallo. Distintas personas han llegado a la Fiscalía a rendir su testimonio y estamos haciendo otro tipo de investigaciones a la par. A veces, las ansiedades se desbordan y la gente no logra entender que lo que aparentemente es claro hay que seguir un debido proceso, hay que seguir las reglas establecidas legalmente para poder analizar y determinar si hay o no cometimiento de un delito. Recordemos algo: el video fue prueba para el tema de la Operación Cuscatlán. Ahora, ese video se lo pedimos al juez y tenemos que incorporarlo para que sea un indicio de prueba alrededor de otros elementos alrededor de ese tema que se abrió hace meses. Esto, entre otras cosas.

Independientemente de los videos, ¿cree que las pandillas pueden convertirse en lo que son los cárteles mexicanos del narcotráfico?

Eso es especular y yo diría que no. Es muy distinta la realidad de El Salvador con la de México. No creo que eso sea así. Pero volviendo al tema de la Operación Cuscatlán, lo que le puedo asegurar a la gente es que para mí es totalmente reprochable que políticos negocien con pandillas. Independientemente quién se vea involucrado, si hay indicios de su participación en hechos delincuenciales, van a ser procesados. Es una investigación en curso.

Pero, además, no solo buscan negociar con el poder político, sino también convertirse en poder político. ¿De qué forma podemos atajar este tema? Hemos visto a líderes conocidos en los videos, pero en el interior se han condenado a alcaldes por relaciones abiertas con las pandillas y que lograron triunfar…

… por apoyos directos de la pandilla. La pandilla es una realidad, pero la labor de los partidos políticos es fortalecer su institucionalidad interna. Tienen que tener los métodos adecuados y filtros para evitar que este tipo de personas se cuelen dentro de los aspirantes a cargos públicos y que puedan ostentar una posición determinada. Es un tema que las instituciones, leáse ‘partidos políticos’, deben jugar un rol predominante.

Y en el caso del control territorial de las pandillas, cuando las pandillas no permiten que los ciudadanos voten, ¿qué resta hacer?

Son dos situaciones distintas: poder conversar con la pandilla para que te deje entrar al territorio, porque esa es una realidad. Lo hacen las empresas y los políticos no son ajenos a este tema. Es muy distinto hablar con alguien para que te deje entrar y te permita entrar a mostrar una oferta política a sentarte a negociar con ellos. Son cosas muy distintas. La primera podrá ser entendible. La otra es totalmente reprochable e inaceptable.

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