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Forense señala indicios de ejecución sumaria en Zaragoza

La trayectoria de las balas en los cuerpos de los cuatro jóvenes asesinados por los policías sugiere que estaban acostados y, probablemente, sometidos por los policías.
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Juicio. En el tercer día del juicio en contra de los nueve policías, tres testigos declararon.

Juicio. En el tercer día del juicio en contra de los nueve policías, tres testigos declararon.

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La primera de las balas que impactó a José Armando Díaz Valladares fue en la parte de arriba de la cabeza y le salió en la parte de atrás, cerca del cuello. La segunda le perforó la oreja izquierda, traspasó el hombro, perforó el corazón y el pulmón izquierdo y finalmente se alojó en la pelvis. La tercera y última entró por el abdomen, por la parte izquierda. La trayectoria de las balas sugiere que Armando estaba acostado cuando tres agentes del extinto Grupo de Reacción Policial (GRP) y cinco policías de Zaragoza lo ejecutaron.

Lo anterior es lo que la forense que hizo la autopsia de Armando concluyó y explicó ayer en el tercer día del juicio en contra de los tres agentes del ex-GRP, cinco policías y el jefe policial de Zaragoza. En este juicio, ocho agentes son acusados de homicidio agravado en contra de Armando y tres pandilleros, el 8 de febrero de 2016, en la colonia Villas de Zaragoza.

Para justificar la ejecución extrajudicial o sumaria, según la investigación fiscal, los policías reportaron ese día que los cuatro jóvenes los atacaron con armas de fuego y que al defenderse los asesinaron en un enfrentamiento. Dijeron, incluso, que Armando también participó en el intercambio de disparos, aunque realmente él estaba descansando en su habitación después de una noche de turno en su trabajo. Luego recogieron los casquillos, excepto tres, y manipularon la escena para aparentar un tiroteo.

Estrategia. Los defensores intentaron que los testigos no declararan, pero jueces no admitieron petición de defensores.

La forense detalló que las autopsias de los demás cadáveres también sugerían que los jóvenes estaban acostados cuando recibieron los disparos. En el caso de uno de los pandilleros, identificado como Edwin Manuel Lemus, las heridas también sugerían que hubo varias balas que le rozaron el abdomen. Esas balas probablemente impactaron contra el suelo y el concreto le hizo otras heridas a Lemus.

La mayoría de las heridas en Lemus sugería que el tirador podría haber estado a un metro de distancia. En otras palabras, Armando y Lemus habían sido sometidos por los policías, antes de fallecer. Ninguno de ellos y tampoco los otros dos recibieron disparos de frente, ni estaban en posición para disparar.

“Tuve que solicitar una ampliación para que yo quedara suficientemente clara de lo que podría haber ocurrido. Así que la Fiscalía ordenó una prueba, que se hizo con la pierna y cabeza de un cerdo. Así todo quedó más claro acerca de lo que yo pude ver en los cadáveres al hacer la autopsia”, dijo la forense.

Uno de los testigos protegidos, con clave Eben-Ezer, dijo que la esposa de Armando tuvo que salir del país, después de la masacre. Pero antes de irse le contó que los policías golpearon a los tres pandilleros que se habían metido por la fuerza a la vivienda de Armando y que luego los obligaron a tirarse al suelo y les pusieron las botas en la cabeza. Cuando ella salió de la vivienda, obligada por policías que le apuntaban con sus armas, escuchó los disparos.

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