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Gabriel Argueta, el padre que ha criado a sus 16 hijos y 2 hermanas labrando la tierra

Su esposa dice de él que es un excelente esposo, responsable y honesto. Sus hijos aseguran que, con gran sacrificio, los ha sacado a todos adelante a través de los estudios. Gabriel Argueta es un ejemplar padre salvadoreño.
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Foto de Edgar Wilfredo Cañas Cruz

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Gabriel Argueta cuenta ya 67 años de edad. Es un hombre sencillo y amable. Su piel morena da cuenta de sus muchos años bajo el sol, pues ha dedicado toda su vida a la  agricultura y la ganadería, labor que heredó de sus padres. Con su trabajo ha criado y sacado adelante a sus 16 hijos y dos hermanas.

Argueta es originario del caserío San Dieguito, cantón San Diego, municipio de Villa San Antonio del Mosco, San Miguel, donde ha vivido siempre.

A los 12 años ya trabajaba la tierra, junto a su padre Hipólito Mendoza. Cultivaban yuca, ajonjolí, frijoles, maíz, entre otros. Desde aquel tiempo su hora de levantarse ha sido las 5:00 de la mañana. Entonces se alistaba y luego salían para “las lomas”. Dependiendo del tiempo que se tardaban en llegar, así era la duración de su jornada de trabajo.

En ocasiones le tocaba arar, limpiar los cultivos y aporcar, rutina que realizaba todos los días, desde temprano hasta las 4:00 de la tarde. En tiempos de lluvia, él y su padre hacían unas casitas de paja, se resguardan mientras pasaba la lluvia y luego seguían nuevamente con el trabajo.

Argueta se casó a los 23 años con Salvadora Martínez, un 16 de julio. El próximo mes cumplirán 45 años de estar juntos.

Gabriel y Salvadora procrearon 16 hijos; todos son ya bachilleres y estos, a su vez, les han dado 17 nietos, entre las edades de 5 meses y 22 años. La mayoría de ellos está cursando sus estudios en diferentes centros escolares públicos.

Foto de Edgar Wilfredo Cañas Cruz

Salvadora dice de él que es un excelente esposo, responsable y honesto. “Me siento contenta porque este próximo julio cumpliremos 45 años de casados; hemos sabido llevar las circunstancias de este matrimonio. Agradezco a Dios por ponérmelo en mi camino y regalarme 16 hijos a su lado”, dice con una sonrisa.

Ellos recuerdan las dificultades que les implicaron los tiempos de la guerra civil en El Salvador, ya que, junto a su numerosa familia, tuvieron que emigrar hacia otro lugar por la peligrosidad de la zona. Más tarde, cuando ya no había peligro, regresaron con sus mismos cultivos y con el ganado con el que contaban.

A pesar de las carencias, Argueta ha logrado sacar adelante a sus hijos. Santos Argueta, por ejemplo, es sacerdote desde 2012; fue ordenado como tal por la diócesis de Santiago de María, Usulután. Actualmente, ejerce sus labores sacerdotales en San Miguel.

Dice que su padre le ha inculcado valores como la sencillez, el respeto, la honestidad y la perseverancia en el trabajo. “Me siento agradecido, satisfecho y orgulloso de mi padre, por el apoyo que me ha brindado en toda mi vida y en mi proceso de formación”, expresó.

Henry Argueta, el más pequeño de los hijos, este enero próximo también entrará al seminario para que, dentro de 7 años, también pueda ser ordenado sacerdote.

Otro de sus hijos, Erick Argueta, estudia una licenciatura en Comunicaciones en San Miguel, y Deysi Argueta, Psicología en San Salvador. 

“Ha sido un excelente padre; me ha apoyado en los momentos buenos y malos, siempre corrigiéndome, aconsejándome y animándome a seguir adelante. Siempre nos ha mostrado el camino del bien, es un padre ejemplar”, manifiesta Erick, su hijo número 13. 

Don Gabriel dice sentirse satisfecho, pues él nunca fue a la escuela. “Me siento orgulloso de mis hijos. Les he ayudado y apoyado siempre en lo que he podido, y gracias a Dios están saliendo adelante, estudiando. Es la mejor herencia que les puedo dejar”, afirma contento.

De igual forma, Gabriel ha sido para sus dos hermanas como un padre, al punto que, hasta la fecha, siendo ellas adultas, todavía viven con él.     Cresencia Argueta es soltera, nunca tuvo hijos, y Gabriel ha sido para ella como un padre, siempre pendiente de sus necesidades. También ha sido responsable de la manutención de su segunda hermana, Encarnación Argueta, quien además tiene discapacidad del habla y el oído.

Don Gabriel desea que todos sus hijos puedan graduarse de la universidad.  “Por mi parte, siempre les estaré apoyando en todo lo que este mi alcance, para que ellos sean personas integras y de bien para la sociedad”, dice.

Mientras tanto, como buen padre, sigue labrando la tierra con la ayuda de su hijo Henry, y esperando en su casa que sus hijos siempre vuelvan para visitarlos y aprecien los hermosos amaneceres que desde San Dieguito se ven. 

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