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Galería | Piscuchas: viento, nostalgia y niñez

Armando Ramírez y Blanca Martínez son los últimos vendedores de tómbolas y piscuchas  del Centro histórico de San Salvador. Ramírez asegura que su venta le ayuda a ganarse la vida, pero tienen una connotación nostálgica. “Yo trato de conseguir que este juego no se pierda, hoy los niños solamente dedican tiempo al teléfono y yo estoy tratando de recuperar la tradición de levantar piscuchas”, asegura.

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Las piscuchas y las tómbolas ya no flotan como antaño en el país. Armando y Blanca tratan de mantener viva una tradición que anuncia el fin de las lluvias en El Salvador.
La elaboración de la tómbola también tiene su medida, pues debe ser de fácil manipulación para poder controlar la piscucha.
El traslado hacia el centro de San Salvador se realiza en autobús, por lo que Armando debe guardar las medidas de bioseguridad por el covid-19.
El encanto por la piscucha es de jóvenes y adultos. Verla flotar ahora hasta parece un espejismo ante la pérdida que sufre esta tradición.
La catedral metropolitana de San Salvador y la estatua de Gerardo Barrios escoltan la piscucha de Armando, que flota despacio en el centro capitalino.
Una niña trata de aprender el manejo de la tómbola, la que permite controlar la piscucha para que se eleve hacia el cielo. Un regalo que llega con los vientos de octubre y se extiende hasta noviembre.

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