"Gracias a Dios que mi papito aún está vivo": el grito del niño que sobrevivió al ataque a un microbús en el que murió su abuelo

Un niño y su abuelo viajaban en el  microbús  de la R-32 el pasado 22 de febrero. El microbús de la R-32 fue atacado en Mejicanos. El niño sobrevivió al ataque, pero su abuelo murió.
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FOTO DE LA PRENSA/Archivo

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Mauro terminó de acomodarse una camisa blanca con vivos negros y tomó de la mano a Diego (nombre cambiado), su nieto de 11 años. Ambos caminaron cuesta abajo por una calle fraguada llena de baches que parte en dos una colonia de La Montreal, ubicada en una colina, la zona más alejada del municipio de Mejicanos.

Eran las 5:30 de la mañana de aquel jueves 22 de febrero cuando Mauro Rivas Platero, de 67 años,  abordó junto con su nieto el microbús de la R-32 placas MB 1-979. Lo hicieron de prisa, cuando el microbús estaba a punto de partir de la meta, donde comienza La Colina. Ambos viajaron de pie en la parte trasera de la unidad.

Media hora después, cuando se aproximaban al centro del municipio, dos hombres a bordo de una motocicleta dispararon varias veces contra la parte de atrás del microbús. Dos tiros impactaron en la cabeza de un joven, de 22 años, que viajaba casi colgado. Cayó muerto al pavimento, junto a la acera de la 11a. calle poniente.

Entre Gritos, llanto y  pánico, los pasajeros alertaron al conductor que acelerara la marcha porque, según ellos, los atacantes los perseguían y "habían herido a un señor que viajaba con un niño".

Entre los gritos, los pasajeros escucharon decir a Diego: "Gracias a Dios mi papito está vivo".

Uno de los disparos perforó la ceja de Mauro. El motorista condujo unos dos kilómetros, hasta que encontró atrás de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa) una patrulla de la Policía y les contó sobre el ataque y la lesión a Mauro. Agentes abordaron la unidad, hallaron a Mauro tirado bocabajo sobre el piso del microbús. Muerto.  

“El ataque iba dirigido en contra del joven de 22 años que quedó en Mejicanos. Creemos que las heridas de bala de este señor, de unos 70 y 80 años, fueron porque los atacantes no calcularon bien y lo hirieron”, dijo Moisés Serrano, el oficial que estaba de servicio de la Policía de Mejicanos ese día.

Una semana después, otros familiares de Diego luchan por procesar lo que pasó. Y para lograrlo, piensan que Mauro, el abuelo, sigue vivo y está en la zona rural de San Vicente, donde solía ir para visitar a sus parientes. "Mauro era un hombre correcto, honrado, trabajador y siempre se preocupó por su nieto Diego. Lo hizo desde antes de nacer, cuando el papá abandonó a su hija embarazada", dice uno de los habitantes de La Colina.

La Policía sabe que el ataque donde murió Mauro es parte de una cadena de venganza entre pandilleros rivales: La Colina es donde una estructura de la Mara Salvatrucha se afincó desde hace una década y en el centro de Mejicanos opera el Barrio 18.

De acuerdo con cifras oficiales de la Policía Nacional Civil (PNC), ese enfrentamiento ya ha dejado 32 homicidios en las zonas aledañas donde operan ambos grupos, incluyendo municipios como Ayutuxtepeque y Ciudad Delgado.

Contenido relacionado: Habitantes de Mejicanos atribulados por la violencia

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