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“Griten, porque ahora vienen los soldados. Hoy se van a morir”

A Cristian Hernández lo golpearon tanto que le destrozaron el cráneo y le perforaron las costillas. Sus verdugos eran un jefe policial, un cabo, un agente y dos soldados, quienes lo abandonaron en una finca porque pensaron que estaba muerto. Meses después, cuando Cristian los denunció, lo enviaron al penal de Izalco, con pruebas inventadas, según su familia.
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Capturados.  El jefe de la delegación de San Miguel Tepezontes, un cabo, un agente y dos soldados fueron capturados el lunes por intentar asesinar a dos jóvenes en San Francisco Chinameca. La audiencia inicial en su contra será mañana.

Capturados. El jefe de la delegación de San Miguel Tepezontes, un cabo, un agente y dos soldados fueron capturados el lunes por intentar asesinar a dos jóvenes en San Francisco Chinameca. La audiencia inicial en su contra será mañana.

“Griten, porque ahora vienen los soldados. Hoy se van a morir”

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Todo comenzó el sábado 16 de enero por la noche, según relató la madre del joven a este periódico. Cristian, un joven mecánico de 19 años, había salido de su casa, ubicada en San Miguel Tepezontes, junto con Israel Alexánder Pérez para revisar el vehículo de un amigo en San Francisco Chinameca. En el camino, una patrulla de la Policía Nacional Civil (PNC) se atravesó en la carretera Panorámica para no dejarlos pasar. El subinspector y jefe de la subdelegación de Tepezontes, Marvin Antonio Alfaro, se bajó de la patrulla. Detrás de él se bajaron el cabo José Nelson Maldonado, el agente Juan Alcides Ayala y los soldados del Destacamento Militar Número 9 en Zacatecoluca Aníbal Alfredo López Mejía y Fredy Antonio Valladares Martínez.

“‘Como vos sos mecánico, necesitamos que revisés una patrulla’. Así me contó mi hijo que le dijeron cuando los pararon. En el camino, mi hijo dice que veía por la ventana que cada vez se alejaban más del pueblo y se metían en lugares solitarios. En eso, los policías comenzaron a decirle que tenía que soltar la sopa y decir quiénes eran todos los pandilleros de Tepezontes, pero como no es pandillero, no sabía nada y no dijo nada”, relató la madre del joven.

Los policías, al ver que no decía nada, comenzaron a golpear a Israel Alexánder frente a Cristian, y le decían: “Si no hablás, así te va a tocar”. Israel, después de recibir puñetazos y culatazos, dijo a los policías que iba a decirles todo lo que quisieran. Los policías lo dejaron de golpear y habló. Después de escucharlo, los policías golpearon a ambos.

“Ahora griten, como cuando su puta madre los parió, porque ahora vienen los soldados. Griten, que hoy se van a morir”, les dijo, según recuerda la señora de lo que relató Cristian, el jefe policial, mientras hacía señas a los soldados para que participaran en la golpiza.

“Jamás haré eso y no le digan así a mi madre”, respondió Cristian, según la versión de su madre. Los soldados se unieron a la golpiza. Los golpearon hasta que el cráneo de Cristian fue destrozado y el rostro de Israel fue desfigurado. Luego, algunos policías y soldados arrastraron a Cristian, quien se había desmayado, hasta un lugar más boscoso y le dispararon en las costillas. Lo dieron por muerto y se fueron. Abandonaron también a Israel, quien minutos después se levantó a buscar a Cristian, pero no lo encontró.

Más noche, un lugareño encontró a Cristian y llamó a la Policía. Una patrulla llegó y se lo llevó al Hospital de Zacatecoluca, donde los policías lo ingresaron con el nombre falso de Juan de Jesús Guevara. Al día siguiente, su madre preocupada porque alguien le había dicho que su hijo había sido asesinado fue a la Policía de Tepezontes para preguntar si tenían reporte de algún homicidio. En el puesto policial recibió una llamada de un número desconocido a su celular.

“Quien llamaba me dijo que me saliera y que me iba a contar todo. Me salí del puesto policial y me dijo que no podía confiar en la Policía porque ellos habían dejado casi muerto a mi hijo y que luego fue llevado al Hospital de Zacatecoluca”, cuenta la mujer.

Lo buscó en el Hospital de Zacatecoluca y le dijeron que solamente había ingresado un atropellado con el nombre de Juan de Jesús Guevara, pero que fue trasladado al Hospital Rosales, en San Salvador. En el Rosales, Cristian estaba en coma y respirando con un ventilador artificial. Los médicos aseguraron a su madre que era cuestión de días para que el joven muriera debido a los golpes.

Contrario a lo vaticinado, Cristian despertó del coma y el 27 de enero fue dado de alta, pero sin poder ver con un ojo, sin escuchar con un oído, sin sentido del gusto, en silla de ruedas y usando pámperes.

Al salir del hospital, su padre, quien fue un policía destacado en Tepezontes en 1997 y que tuvo problemas con esos policías en el pasado, fue con su madre a denunciar a la Unidad de Asuntos Internos de la Policía todo lo que había ocurrido. Eso ocasionó que los meses siguientes fueran un calvario para Cristian y su familia, ya que, según ella, policías llegaron constantemente a la vivienda para intimidar por la denuncia y la investigación que había iniciado la Inspectoría General de Seguridad.

“Como mi hijo siempre me ha ayudado para que sus hermanas estudien, dijo que se iba a ir a trabajar. Entonces los policías comenzaron a verlo en los buses y lo bajaron dos veces y lo golpearon. Venía a la casa vomitando sangre. Un día me dijo que lo mejor era desistir de la denuncia, porque lo iban a terminar matando y no iba a haber justicia”, relata la madre.

El acoso, relata la mujer, subió de nivel el 13 de septiembre, cuando los mismos policías llegaron temprano en la mañana hasta la habitación de Cristian con una orden de captura que habían conseguido en la Fiscalía General de la República (FGR) por el delito de agrupaciones terroristas.

“La orden de captura la fundamentaron en un testigo con régimen de protección que acusó a Cristian de ser parte de la pandilla de Tepezontes. Estoy casi seguro de que ese testigo es uno de los mismos policías que participaron en la golpiza”, dijo a este periódico Arnau Baulenas, del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA).

Esa mañana, una hermana de Cristian se arrodilló ante un policía que llevaba la orden de captura para suplicar que no golpearan a su hermano.

“El policía vio a la niña y luego se lo llevaron. Primero a unas bartolinas y luego al penal de Izalco, donde se encuentra hasta la fecha, acusado con pruebas inventadas”, dijo la mamá.

El martes pasado las investigaciones en la Inspectoría General y en la Fiscalía lograron determinar que los tres policías y los dos soldados hicieron un uso excesivo de la fuerza. Y los policías y los soldados fueron capturados acusados del delito de homicidio agravado en grado de tentativa en contra de Cristian e Israel, según confirmó el director de la Policía, Howard Cotto.

Baulenas, quien se mostrará parte querellante mañana en la audiencia inicial en el Juzgado de Paz de San Francisco Chinameca, dijo que este caso es uno de tantos que suceden en el país. “Esperamos que este caso sea una lección para policías y soldados que se creen con autoridad para hacer lo que quieran, pues no quedarán impunes”, comentó el abogado ayer.

Cristian, mientras tanto, sigue en la cárcel en condiciones críticas, según su madre, esperando que el Juzgado de Paz de San Pedro Masahuat avale una audiencia de revisión de medidas para continuar su proceso en libertad y seguir recuperándose.

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