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Guillermo, el patriarca nonagenario con 51 descendientes

El bisabuelo relata que cuando se convirtió en padre por primera vez nunca imaginó que con los años completaría la docena de hijos; sin embargo, relata que tampoco tuvo intenciones de poner un número límite a sus vástagos.
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Foto Frederick Meza/LPG.

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Guillermo, el patriarca nonagenario con 51 descendientes

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A sus 91 años, Guillermo Cruz tiene una vasta descendencia que ronda el mediocentenar entre hijos, nietos y bisnietos.

A pesar de las más de nueve décadas vividas, camina erguido, con paso firme y seguro, y le acompaña un rostro sereno y una mirada apacible. Su complexion física es uno de los aspectos que más admira su familia.

Uno de sus hijos, el cuarto, de nombre José, relata que su padre siempre mantuvo el mismo carácter que deja notar en su vejez, pero también tuvo la rigidez que ameritaron esos momentos en que debía corregir a los pequeños.

Guillermo es padre de doce hijos, tres de los cuales fallecieron por “hechizos” -como él denomina la causa de los infortunios que sufrieron-  y tiene la dicha de ser abuelo de 34 y bisabuelo de cinco.

Tanto él como su esposa Genoveva –con quien se casó en mayo pasado, tras 53 años juntos- son salvadoreños, pero aún sin conocerse, ambos migraron hacia Honduras por causas diferentes, y ahí coincidieron sus caminos.

Lea también: Bisabuelos se casan luego de estar juntos 54 años

A diferencia de la mayoría de los hijos de Guillermo, que nacieron en El Salvador, los cuatro primeros lo hicieron en Honduras:  María Antonia, Andrés, María Edit y José. Todos nacieron casi con dos años de diferencia y sus edades rondan entre los 55 y los 48 años. Ellos, junto con Guillermo Arturo –el quinto de los vástagos- son los que aún viven en el país y visitan regularmente a sus padres.

Los otros hijos, Rosa Margarita, Gladys Melany, Sandra Patricia y Jorge Alejandro residen en Estados Unidos desde hace unos años.

En ocasiones, se reúnen un buen número de ellos, junto a sus nietos, para celebrar el cumpleaños de su progenitor.

Guillermo relata que cuando se convirtió en padre por primera vez nunca imaginó que con los años completaría la docena de hijos; sin embargo, relata que tampoco tuvo intenciones de poner un número límite. “Y mire que las últimas hijas son las que más nos favorecen, si solo hubiéramos tenido dos hijos estuviéramos más pobres, porque las últimas son las que nos ayudan más”, relata entre risas.

Al preguntarle sobre las dificultades que tuvo para criar a todos sus hijos, Guillermo cuenta que para él las cosas no fueron complicadas. “Pues como el tiempo no estaba tan malo para mí, fue cómodo criarlos, porque el trabajo de la sierra ganaba suficiente”, dice.

“Él se rebuscaba y nunca, nunca jamás se supo que mi papá no ganara, porque pues, siempre ganaba, aunque fuera poco, le llevaba dinero a mi mamá y nos llevaba que comer, bastante”, destaca Andrés, quien vive con sus padres.

Guillermo no solo se desempeñó como aserradero, también fue albañil, carpintero y agricultor.  Posiblemente, la multiplicidad de habilidades que tenía fueron las que le permitieron tener siempre un trabajo con el cual llevó el sustento económico de su numerosa familia.

Por ahora, se dedica a disfrutar de su familia, desde una vivienda en San Pedro Perulapán, donde recibe con entusiasmo cada una de las visitas.

Tags:

  • guillermo cruz
  • día del padre 2016

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