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Homicida, policía y amigo

Yolanda de Rodríguez espera en el corredor de su casa la llegada de su hijo, Cristian Abel.
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El lugar.  Aquí fue asesinado Cristian. El victimario, René Hernández, ya está en manos de las autoridades.

El lugar. Aquí fue asesinado Cristian. El victimario, René Hernández, ya está en manos de las autoridades.

Espera.  Berenice Aguilar, sobrina de Cristian Rodríguez, espera la llegada de su tío.

Espera. Berenice Aguilar, sobrina de Cristian Rodríguez, espera la llegada de su tío.

Homicida, policía y amigo

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Son las 11 de la mañana del domingo, y Cristian aún está en la morgue del Instituto de Medicina Legal de San Vicente. Yolanda, entre dolor e impaciencia, espera los restos del hijo que fue asesinado el sábado en la tarde, por un amigo al que conocía de toda la vida.

La casa, ubicada en el cantón Palacios de Oratorio de Concepción, está impregnada de un silencio al que apenas rompen los ruidos en la cocina: manos palmeando masa para tortillas, el cuchillo cortando el pollo para la sopa que alimentará a los que llegarán a acompañar a los dolientes. El altar para la velación está listo: telas blancas tachonadas con retazos azul cielo, a modo de telón, coronadas por un cristo crucificado de metal. La familia todavía no ha logrado conseguir una fotografía en papel de Cristian, a quien han decidido enterrar hasta el martes. Berenice Aguilar, sobrina de Cristian, conversa con las tres mujeres que a esta hora de la mañana las visitan. Al mismo tiempo contempla el vacío, como buscando el momento exacto en que las cosas perdieron su curso. Su tío comió con ellos el sábado en la tarde. Horas después fue asesinado por René Hernández, un miembro de la Policía Nacional Civil que ese día se encontraba de licencia, y salió, con su arma de trabajo, a beber en uno de los expendios ubicados a lo largo de la calle principal del cantón.

Todavía había rastros de cal y de la cinta amarilla a un lado de la unidad de salud de Oratorio de Concepción. Fue aquí donde Cristian, a bordo de su motocicleta y acompañado de su cuñado, se encontró con el policía, quien cruzaba la calle. Cristian llamó su atención con el pito de su moto. El gesto molestó al agente quien, según vecinos, acostumbraba “volverse problemático” cuando bebía.

“Si me volvés a pitar, te mato”, dijo el agente, destacado en Soyapango, según testigos. Pero Cristian se tomó a broma la advertencia y volvió a tocar el claxon acompañado de una risa. Como si no era la primera vez que escuchaba una advertencia como esa de los labios del policía. Hernández sacó su arma y la acercó lo más que pudo al pecho de su amigo. La descarga sonó en toda la cuadra. Cristian falleció de un disparo al corazón.

“No fue capaz de soportar la broma”, dice una de las mujeres que hoy visita a la familia. A Cristian lo definen como un joven “llevador”, como uno de los principales impulsores de los torneos de fútbol locales, una de sus principales actividades cuando no trabajaba como repartidor para una empresa productora de huevos.

Hace un momento Yolanda, la madre de la víctima, parecía vencida por la fatiga, pero ahora se vuelve a poner de pie para continuar los preparativos para recibir a quienes despedirán a Cristian, el segundo hijo al que tendrá que enterrar este año. Hace unos meses perdió a su hijo mayor a causa de un accidente de tránsito. El lunes de la semana pasado realizaron el rezo por los 40 días de su muerte. Yolanda conserva un gesto de extrañeza: no puede creer que quien acabó con la vida de su segundo hijo compartió varias veces la mesa con él, incluso en la misma casa donde ahora lo velarán.

“Alguien armado ya no se siente él mismo, se siente poderoso, como que puede estar encima de la ley. En este caso, a eso súmele unos tragos”, dice Mario Salazar, un amigo de Cristian.

La espera por el muchacho de 28 años se extenderá hasta las 3 de la tarde. Entonces su ataúd ingresará a la casa de su madre, ante los gritos de incredulidad de su esposa, Gabriela Romero, y la presencia de decenas de personas y conocidos tanto de Cristian como del agente Hernández, quien este domingo se entregó a la policía y será procesado por el homicidio del hombre a quien hasta hace unos días se refería como amigo.
 

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