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Huir antes de ser asesinado por la pandilla

Doris frunce el ceño para decir, con aire de resignación, que en la comunidad Amaya, de la colonia Guatemala en San Salvador, ya no se puede vivir, que quedarse es esperar “la muerte encaminada por los pandilleros” que ordenaron, el lunes pasado, desalojar sus casas en menos de dos horas, de lo contrario iban a asesinarlos a uno por uno.
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Éxodo.  Un agente de la Policía camina entre las pertenencias que habitantes de la comunidad Amaya, en la col. Guatemala, sacan de sus casas para desalojarlas, por amenazas de pandillas.

Éxodo. Un agente de la Policía camina entre las pertenencias que habitantes de la comunidad Amaya, en la col. Guatemala, sacan de sus casas para desalojarlas, por amenazas de pandillas.

Huir antes de ser asesinado por la pandilla

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Doris –nombre es ficticio por razones de seguridad– es una de los habitantes de la comunidad Amaya que ayer, junto a otras familias más que se marcharon el lunes por la noche, decidió empacar sus pertenencias y abandonar su casa para buscar refugio en viviendas de familiares y conocidos, luego de que pandilleros se pasearon libremente por los pasajes de la comunidad (que parecen pasillos estrechos de laberintos) anunciando que no querían a nadie viviendo en esas casas porque, el lunes en la mañana, miembros de una pandilla contraria asesinaron, en la salida de la comunidad, a un miembro de la pandilla que hizo la amenaza.La Policía Nacional Civil (PNC), tras conocer la denuncia que los mismos habitantes de la comunidad hicieron, se acercó para pedir que nadie empacara nada, que habían llegado para brindar seguridad y que realizarían un operativo ayer por la mañana para capturar a los criminales que los amenazaron, para después ponerlos a las órdenes de las autoridades pertinentes. Sin embargo, al menos unas 12 familias decidieron marcharse de todas formas, por lo que la policía los acompañó mientras subían sus pertenencias a los pick up que los sacaban de la comunidad, huyendo de las pandillas. Luego, tras un operativo de búsqueda en las comunidades que rodean la Amaya, la policía retuvo a cinco hombres jóvenes, entre ellos un menor de edad, quienes fueron llevados a la delegación centro en vías de investigación, según informó el jefe policial Oswald Guerra, quien aseguró que el problema de la comunidad iba a resolverse pronto. Doris, por su parte, no cree que se pueda resolver rápido la inseguridad en la comunidad, debido a los pandilleros. “Es que el problema de pandillas realmente no es de nuestra comunidad (Amaya), es de las comunidades que nos rodean, como la San Judas. En nuestra comunidad no hay maras, las paredes no están pintadas con grafitis de maras. Pero los muchachos de ambas pandillas quieren meterse en la comunidad y controlar todo”, explicó Doris sobre la inseguridad que generan estos grupos delincuenciales, que según ella “no es un asunto nuevo”, porque los pandilleros han venido amenazando desde meses atrás. La amenaza de ayer, agregó Doris, “fue la gota que derramó el vaso para que dejemos de una vez por todas nuestras casas, que en tantos años y con muchos esfuerzos logramos construir”.La familia de Doris, compuesta por ella y sus dos hijas, ha vivido más de 30 años en el lugar, incluso antes de que el territorio se convirtiera en una comunidad levantada en las orillas del río Sucio, el cual también se ha convertido en un corredor donde pandilleros se movilizan. Rafael, vecino de Doris, explicó que también se marcha, pero que no está dispuesto a dejar abandonada su casa. Dijo que ayer se reunió con la directiva de la comunidad para acordar que se solicite a las autoridades que colaboren construyendo un muro para evitar el ingreso de pandilleros desde el otro lado del río, y que de esta forma las familias que se marcharon regresen con la garantía de que los pandilleros no podrán ingresar a su comunidad. Rafael detalló que, al igual que Doris, se va, aunque no tenga a dónde llegar de forma permanente para establecerse. Rafael y Doris también coinciden en que tienen la esperanza de que su éxodo sea solamente por una temporada, mientras las autoridades atienden sus peticiones de construir el muro y tener más presencia policial en la zona, que incluya un puesto permanente. Por el momento, según Doris, lo que toca es cerrar la puerta de su casa y marcharse para evitar que las pandillas cumplan su amenaza.

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