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Huir o morir porque el Barrio 18 busca a un “soplón”

La necesidad de vengar la muerte de dos compañeros y reivindicar el nombre del Barrio 18 a fuerza de miedo acabó hace una semana con el proyecto de vida de una familia en Apopa. La pandilla la forzó a abandonar su vivienda porque la acusa de haber informado a la Policía sobre sus operaciones en la zona.
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Aquella tarde de agosto de 2016, un niño de seis años corrió sosteniendo su bicicleta y entre el llanto gritaba “mamá, mamá”. Un pariente del menor lo escuchó y presintió que algo había pasado en la zona, tomó la motocicleta y emprendió la marcha. En el camino escuchó decir a alguien “Se la llevaron”. Minutos después, la encontró tendida junto a la iglesia de la colonia Las Brisas, del cantón Joya Grande de Apopa. Tenía 15 orificios de bala en el cuerpo. La escena la cuenta hoy, vía teléfono, un vecino que se enteró del caso. Agrega que a Esperanza la mató el Barrio 18 porque estaba convencido de que ella le había dado información a la Policía Nacional Civil (PNC) de la ubicación de dos cabecillas: Nelson Arnoldo Rivera, alias “Waino” o “Seco”; y Julio César Lovo Hernández, alias “Lovito”.“Waino” y “Lovito” estaban en ese entonces en la lista de los 100 pandilleros más buscados que el Gobierno hizo pública en 2016. Eran presas urgentes para las autoridades. Ambos fueron asesinados a manos en un supuesto enfrentamiento con la PNC en ese mismo cantón de Apopa, una semana antes de la muerte de Esperanza.

Luego del doble homicidio los agentes repitieron a los medios de comunicación el guion de todos los enfrentamientos: estábamos realizando un operativo y los pandilleros nos atacaron, nosotros solo reaccionamos.

El vecino cuenta que tras la muerte de Esperanza corrieron muchos rumores, pensaron que el Barrio 18 se volvería en contra de otras familias de la comunidad en busca del supuesto informante.

El tiempo pasó, el dolor por la muerte de Esperanza se fue disipando y todo pareció volver a la normalidad. Un año después, las cabezas de la pandilla en la colonia Las Brisas cambiaron, ahora son foráneos, personas que ya no se reconocen como miembros de la comunidad, no tienen nada que perder.

En la búsqueda de respeto o reivindicación en la zona, el Barrio 18 cambió de parecer. Los pandilleros sospechan que Esperanza no fue la “soplona”, su nueva víctima era una familia que la conforman varios hogares de la colonia: un grupo de al menos 15 personas que tenía más de 20 años de vivir en el lugar.

“Tienen hasta el 30 (de noviembre) para irse. Si no vamos a terminar con su apellido en la colonia”, le dijo a una señora de edad avanzada un pandillero el sábado pasado, mientras la rodeaban dos miembros del Barrio 18 fuertemente armados. La anciana llevó el mensaje a sus familiares. Dudas y rabia. Uno de los miembros de la familia se decidió a pedir ayuda a las autoridades.

El miércoles 22 de noviembre pasado un camión de 20 toneladas sacó de la colonia Las Brisas las pertenencias más importantes de tres hogares de la familia amenazada. Agentes policiales de varias delegaciones custodiaron la mudanza de emergencia; su tarea fue permitir que huyeran.

En el momento del traslado, los policías no quisieron explicar lo que ocurría. Recomendaron a algunos reporteros que no entraran solos al lugar, porque se trata de las zonas donde el Estado ha perdido el control.

Miembros de la PNC que llegaron a apoyar el procedimiento dijeron que el agente policial que les pidió apoyo para la custodia de la mudanza era familiar de las víctimas. Sin embargo, esa información la niega quien cuenta esta historia, quien lo único que tiene claro es que su futuro está muy lejos de Apopa.

La familia sabe que ahora solo debe ocuparse por sobrevivir. Sabe, también, que el brazo del Barrio 18 es muy largo y que está sola ante la amenaza.

Por ahora, dicen, solo quieren ser invisibles.

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