Iglesia de Comacarán, tesoro arquitectónico hecho de piedra

El histórico templo de Comacarán, en San Miguel, ha sobrevivido a terremotos y la inclemencia del tiempo y se mantiene firme desde 1918.
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El arte románico aún sigue vigente en la ciudad de San Miguel.

El arte románico aún sigue vigente en la ciudad de San Miguel.

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En el municipio de Comacarán, en el pequeño cantón llamado El Hormiguero, la iglesia es un ejemplo de la riqueza arquitectónica que se mantiene en pie en la zona oriental. El templo data de la época postcolonial arquitectónica. Su diseño se caracteriza por los muchos detalles, su  monumentalidad y, desde un primer golpe de vista, una ostentosa fachada y altura.

El padre Edilberto Lazo, autor del libro “El Hormiguero, su historia”, hace hincapié sobre algunos acontecimientos de la zona y cómo el cantón fue evolucionando. También dedica parte de sus páginas a describir a la iglesia como un lugar único en su clase por su estrambótico estilo que destaca a simple vista.

De acuerdo a sus recopilaciones, la construcción inició en el año de 1909. Para llevarlo a cabo, el señor Emilio González, un habitante del cantón, destinó aproximadamente una manzana de terreno para la edificación del templo.

El encargado de la obra fue don Hermógenes Romero, vecino de la localidad. Los padres franciscanos de San Miguel lo asesoraron y, poco a poco, más personas se involucraron en el trabajo.

La construcción fue una ardua la labor que requirió que los obreros trabajaran incluso fines de semana y, en algunas ocasiones, en horas nocturnas, iluminados únicamente con la luz de las estrellas y de velas, según lo relata el historiador.

La fachada fue elaborada por los habitantes del lugar con piedras talladas. Para transpórtalas utilizaron carretas de la población “Río Vargas”, cercana al municipio de Uluazapa. Además, la madera que se utilizó para el templo fue de árboles de Carreto y Guanacaste.

El templo ostenta unas campanas exportadas desde Italia,  ubicadas por medio de poleas en su respectivo campanario.

La construcción concluyó en el año de 1918, con fondos aportados por los mineros, y se dedicó a la virgen de Guadalupe y a Jesús Nazareno del Santo entierro. 


Don Emilio trajo desde México un cuadro de la Santa Patrona, que permanece actualmente en el presbiterio de la iglesia.

 Algunos servidores y creyentes aseguran que el templo es un monumento único en su clase y que quizá jamás habrá otro igual en el  lugar. Ercilia Majano, conocida como niña “Chila”, quien es una fiel devota católica, expresa que solo una vez en la vida ha visto algo así.

“Creo que la iglesia es un hogar para todos nosotros, es por eso que  debemos preservarlo para que más personas conozcan y admiren su gracia oculta”, dijo Majano.
Isabel Emperatriz de Álvarez, servidora de la iglesia de Comacarán, dice que el templo es un recuerdo de la llegada de los españoles a El Salvador. Debido a eso, opinó, se dio origen a nuevas culturas, asentamientos y arquitectura que nuestros antepasados adoptaron, combinando habilidades y conocimientos.


“Es exquisito ver aun este tipo de obras vigentes aun en nuestro país, pese que todo es más moderno ahora, sin embargo, este tipo de edificación siempre robara miradas de propios y extraños”, opinó Isabel.


 Además, señala que las personas de la zona tienen una joya rica en historia y cultura haciendo énfasis, en que no todos los días se ve una iglesia de estas dimensiones.
“Ciertamente, la iglesia es símbolo  del cantón El Hormiguero, por simples razones su imponente fachada refleja la unión y compañerismo de todos aquellos que ayudaron a ser esto posible; mostrando la grandeza de la fe en el Dios de amor y misericordia”, comentó Álvarez.
 

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