Indagan en PNC por uniformes de banda que masacró en Quezaltepeque

La fiscalía dijo que sigue investigando de dónde salieron los uniformes que fueron utilizados para simular los retenes policiales para robar los furgones.
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Celebración.  El nuevo alcalde fue recibido por los empleados de la alcaldía usuluteca, ayer por la mañana, con cohetes, música y confeti. Lovo manifestó  que hoy se reuniría con todos los trabajadores.

Celebración. El nuevo alcalde fue recibido por los empleados de la alcaldía usuluteca, ayer por la mañana, con cohetes, música y confeti. Lovo manifestó que hoy se reuniría con todos los trabajadores.

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Agentes policiales facilitaron uniformes originales y equipo de la Policía Nacional Civil (PNC) a una supuesta red de robafurgones para cometer atracos. Se trata de una estructura compuesta por 19 personas que actualmente están siendo procesadas por robo y por la masacre de nueve víctimas, que ocurrió el 30 de marzo de 2015, en un predio que servía como taller y estacionamiento de furgones en Quezaltepeque, La Libertad.

La masacre ocurrió meses después de que la banda se asoció para robar mercadería transportada en furgones, de acuerdo con el dictamen de acusación. La fiscalía ha logrado certificar, por medio de la declaración de “Montes”, un testigo criteriado (que participó de los atracos, pero que ha confesado a cambio de beneficios), que la banda cometió nueve robos a furgones y el homicidio múltiple.

LAS OCHO VÍCTIMAS CIRCUNSTANCIALES MASACRADAS POR UN PLEITO ENTRE NARCOS

“Montes” le contó a los fiscales que él ubicó a las víctimas de los primeros robos con la información que obtuvo como empleado de una empresa de transporte. Sin embargo, después fue Juan José Urbina Hércules, alias “el Tigre”, cabecilla de la estructura, el que se encargó de coordinar los atracos.

Esa planificación, según la Fiscalía General de la República, fue posible por el apoyo de agentes policiales. “Tenían un nexo con algunos elementos de la PNC que les facilitaban los uniformes que fueron utilizados con todos sus distintivos cuando colocaron los retenes”, dijo una de las fiscales del caso que se ventila en el Juzgado Especializado de Instrucción A, que hoy decidirá si envía a juicio a los 14 implicados presentes, y cuatro ausentes. Otro ya falleció.

La fiscal de la Unidad Especializada de Hurto y Robo de Vehículos agregó que la investigación “sigue abierta porque no se ha logrado determinar cuál era la fuente o las fuentes policiales que le facilitaban al líder de la estructura los uniformes”.

La masacre

El criteriado también le contó a los fiscales que a principios de 2015 fue contactado por Ramón Alfredo Alemán Osorio, un integrante de la banda que era reconocido por el alias de “Moncho”, para que llegara a su predio en Quezaltepeque y llevara un furgón vacío con llantas nuevas hasta Escuintla, Guatemala.

El furgón lo recibieron unos “chapines que fotografiaron las llantas”. El testigo le dijo a la fiscalía que sospechó de que en los neumáticos iba oculta droga, pero nunca lo confirmó. Tras el viaje, “Moncho” le dijo que le “iba a dar a manejar a Costa Rica para que le bajara dinero y le subiera droga a El Salvador”.

“Montes” le comentó al “Tigre” esa oferta, por lo que acordaron reunirse con parte de la banda en el lago de Coatepeque. En ese lugar quedaron de ampliar el encuentro con toda la estructura, donde también figuraba Ibis Adonay Lemus Sánchez, alias “el Choco”, otro de los cabecillas de la red de robafurgones, quien falleció después de la masacre en un accidente de tránsito.

El encuentro de los 20 hombres ocurrió en Santa Ana, en un predio cercano al hospital. En ese lugar acordaron todos matar a “Moncho” por traición al haberse metido a negociar con otra estructura rival de narcotraficantes que operaba en Metapán.

Una semana después, volvieron a reunirse para repartir los roles que cada uno desempeñaría el día del crimen. También amarraron la excusa para llegar al predio de “Moncho” en Quezaltepeque: Dany Joel Arauz Méndez, alias “el Hipo”, llamó a “Moncho” para preguntarle si aún necesitaba un vehículo que le había encargado. “Moncho”, según le contó el testigo a los fiscales, le dijo que sí y que cuando pudiera pasara por el predio para darle “el billete”. Con esa información, acordaron que el siguiente día cometerían el crimen.

Sin embargo, un informante dentro del predio les dijo que ese día no estaría el dueño porque “estaba esperando recibir un cargamento de droga”.

El 30 de marzo por la mañana, viajaron desde Santa Ana repartidos en 10 vehículos. Según el testigo, ya en el lugar cumplieron los roles, pero no contaban con que terminarían con nueve víctimas.
 
 

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