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José anhela sus prótesis para seguir asistiendo a la escuela

Con mucho sacrificio su madre lo lleva y lo trae cargando en sus brazos todos los días, pero le preocupa que pronto ya no tenga la suficiente fuerza para hacerlo.

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FOTO DE LA PRENSA/Fátima Membreño Ingeniero.  José Wilber sueña con ir a la universidad y convertirse en ingeniero en sistemas para ayudarle a sus padres.

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"Mamá, ¿cuándo crezca me van a salir mis piernitas? y verdad ¿qué podré jugar fútbol con mis compañeros de la escuela?", son las constantes interrogantes que José Wilber Ventura Orellana, de 10 años, le hace a su mamá todo los días mientras lo lleva cargando en sus brazos o en una silla de ruedas hacia el Centro Escolar Sagrado Corazón de María, en San Miguel.

Alicia Orellana de Ventura, madre de José, cuenta que durante su embarazo nunca visitó un médico, ya que era su primer hizo y desconocía que tenía que ponerse en control.

"Nunca me puse en tratamiento y cuando nació me hicieron cesárea y ahí me dijeron que venía sin sus piernitas y pies. Hasta hoy, no sé porque nació así. No ha sido fácil porque al principio no sabíamos podría movilizarse", contó Orellana de Ventura.

José vive en una humilde vivienda construida de láminas ubicada en la colonia Milagro de La Paz (San Miguel). En su casa viven su mamá, hermano menor y su papá, quien vende dulces en el centro migueleño.

Para la familia no es fácil ver como sufre José por no poder caminar e ir a la escuela sin que su mamá lo lleve en sus brazos. Ella lo carga un kilómetro desde su casa hasta la parada de buses y dos kilómetros más hasta el centro educativo.

"Nosotros somos pobres, mi esposo vende dulces en los buses y lo poco que trae es para la comida y las dos cora para subirnos al bus y regresar a la casa. Hace dos semanas nos regalaron una silla de ruedas, pero las llantas se están dañando porque la calle está fea", contó la madre de José. 

Motivación. José es un niño alegre que disfruta de jugar fútbol con sus compañeros de escuela, y que espera superarse en la vida.

Agregó que cuando el niño tenía tres años lo llevaron al Centro de Rehabilitación Integral de Oriente (CRIOR), pero luego lo remitieron hacía el Hospital Benjamín Bloom (San Salvador) y debido a que no cuentan con los recursos económicos necesarios, dejó de llevarlo al tratamiento.

En el CRIOR recibió terapias para ganar fuerza y poder desplazarse con sus manos. La única opción que José tiene para movilizarse es arrastrándose. Los callos que tiene en sus manos son la prueba del esfuerzo que hace para poder desplazarse.

La preocupación de la familia de José es que cada año sube de peso y a su mamá se le dificulta el poder cargarlo. "Él pesa bastante y yo ya no lo puedo, pero hago la lucha con él, por lo menos mientras termine el año escolar", afirmó.

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