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Joven denuncia a policías por golpiza dentro de su escuela

Juzgado de Santa Ana envió al estudiante a Medicina Legal para determinar la gravedad de los golpes. El estudiante dice que desertará por temor.

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Joven denuncia a policías por golpiza dentro de su escuela

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Un estudiante de quinto grado llegó ayer, con su abuela, al Juzgado de Ejecución de Medidas al Menor de Santa Ana a denunciar a cuatro policías por una golpiza. La jueza, luego de constatar las secuelas, lo mandó a Medicina Legal para que le hicieran unos exámenes y así determinar la gravedad de los golpes. En los siguientes párrafos se reproduce el relato del estudiante. Esta nota no incluye la versión de la Policía porque la Oficina de Prensa de la PNC no respondió ayer a la solicitud de información sobre el hecho denunciado por el joven.

“La clase de Matemáticas ya había comenzado, según lo recuerdo. Era la 1:30 de la tarde del pasado lunes, cuando cuatro agentes del GRP (Grupo de Reacción Policial) ingresaron en mi escuela, la que todos conocen en San Jacinto de Coatepeque como ‘la Gardiner’, pero que en realidad se llama Elisa Medina Viuda de Gardiner. Los cuatro agentes, después de entrar, preguntaron por mí en el aula de cuarto grado, pero ahí les dijeron que yo estoy cursando quinto. Así que encontraron mi aula e interrumpieron la clase.

—¿Quién de ustedes es René R., de 17 años? –preguntó uno de los agentes.

—Soy yo, señor –respondí.

—Vení, afuera –me ordenaron.

Cuando salí, los agentes me dijeron que caminara hacia atrás del salón, y yo obedecí. El profesor de Matemáticas y mis compañeros me siguieron con la mirada. Los estudiantes y el profesor que estaban en la cancha en la clase de Educación Física también me siguieron a mí y a los cuatro agentes.

—Vos sos pandillero –me decía uno de los agentes, ante la mirada y los oídos de todos.

—No, señor –respondía yo.

—¿Cómo que no?

—No, señor.

—Tenemos una orden de captura en tu contra –me dijeron, pero nunca me la mostraron.

Luego, los cuatro agentes comenzaron a golpearme y a insistir en que yo soy pandillero, pero la verdad es que no lo soy. Me daban patadas, muchas patadas. Me golpearon primero en el rostro y luego en la cabeza. Yo solo me quejaba del dolor con cada patada. En medio de la golpiza, un profesor se acercó y les dijo a los policías que si tenían una orden para capturarme, que me llevaran, pero que ya no me golpearan.

Los policías aseguraron que sí tenían la orden, aunque no la mostraron. Me recogieron del suelo y me sacaron de la escuela. Luego me llevaron a un cafetal, donde los cuatro continuaron golpeándome y diciendo que yo soy pandillero. Después me esposaron y me llevaron al puesto de la Policía Rural de San Jacinto de Coatepeque, en Santa Ana.

No estuve exactamente adentro del puesto, sino a un lado. Me esposaron a un hierro, donde pasé toda la tarde y la noche. Unos profesores de la escuela llegaron durante la tarde al puesto para asegurarse de que yo estuviera en el lugar y para que ya no me siguieran golpeando. También llegó mi abuela, buscando explicaciones, pero los policías del puesto no les dijeron nada. Mi abuela y los profesores se fueron prometiéndome que me iban a ayudar a salir de esa situación. A las 2 de la madrugada, unos policías me quitaron las esposas y me llevaron hasta mi casa, dejándome libre. Horas después de amanecer, con mi abuela y unos profesores fuimos al juzgado a presentar la denuncia. La jueza me dijo que no me preocupara, que los policías tienen que responder ante la ley. Pero yo, de todas formas, tengo miedo de que vuelvan y no solo me golpeen, sino que me maten por haber denunciado. Por ahora ya no iré a estudiar. Ya veré si me voy a vivir con una tía. Allá voy a ayudarle a sembrar frijoles o maíz, porque eso es lo que he aprendido a hacer cuando no estoy estudiando”.

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