Kevin regresó a El Salvador para terminar una obra a favor de sus amigos

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Kevin regresó a El Salvador para terminar una obra a favor de sus amigos

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Kim Choljoong llegó por primera vez a El Salvador el 16 de noviembre de 2011. Desde entonces no solamente cambió su nombre en tierras cuscatlecas, ahora prefiere que lo llamen Kevin, sino que también su vida y sus sentimientos, tanto así que aprendió a querer y estimar a los salvadoreños de una manera singular y a quienes no duda en llamar amigos.

Kevin es un joven de 27 años, nació el 9 de mayo de 1988 en la República de Corea, y es parte de los 11 voluntarios que la Agencia de Cooperación internacional de Korea (KOICA) tiene en El Salvador como parte del programa Amigos del Mundo.

Explicó que desde los 5 años conoció el mundo del taekwondo y a los 13 participó por primera vez en una competencia oficial. Debido a su habilidad y buena técnica, a los 15 años compitió en un torneo nacional. A los 18 inició su carrera como profesor de esta rama deportiva.

Kevin dice que su amor al deporte lo compartía junto a la ilusión de viajar para ayudar a otras personas. Fue de esa manera que aplicó al programa de voluntarios de KOICA solicitando viajar a la República de Senegal. “No pedí viajar a El Salvador, quería ir a Senegal para aprender a hablar francés, pero del voluntariado me dijeron que venía para El Salvador. La verdad no sabía ni dónde estaba ubicado en el mapa”, cuenta.

Afirma que lo primero que tuvo que enfrentar a su llegada al país fueron las altas temperaturas. “Sentía mucho calor, sentía que me ahogaba, eso fue lo que me costó al principio, adaptarme a un nuevo clima, porque en Corea tenemos bien definidas las cuatro estaciones, pero acá solo hay lluvia y calor”, expresó.

Dos meses después se encontraba dando clases de taekwondo en el Centro Escolar República de Corea, en Soyapango (San Salvador), ya que habían solicitado un maestro de esa rama deportiva. Sin embargo, la aventura por este municipio del Gran San Salvador duraría apenas unos meses, luego de que tuvo el desagrado de pasar frente a la escena de un homicidio.

“Me dio miedo, no podía dormir y pasaba muy intranquilo. Ya no me sentía a gusto, por lo que pedía que por favor me reubicaran; ya no quería estar más ahí”, dice al recordar lo sucedido.

Entonces fue enviado a la Alcaldía de Santa Tecla (La Libertad) para que ayudara en la formación de deportistas en el Complejo Educativo El Cafetalón, donde permaneció hasta el final de su voluntariado, en febrero de 2014.

Luego de ocho meses, y tras una “espinita” que se llevó consigo, Kevin decidió regresar a El Salvador en un nuevo período de voluntariado y con otro objetivo: la construcción de un edificio que albergue la escuela de taekwondo de El Cafetalón. “Pedí volver a El Salvador como una nueva oportunidad del voluntariado y porque lo confieso, los extrañaba mucho”, afirma.

De tener solo tres alumnos en la primera etapa como profesor pasó a tener más de 30 al regresar. Eso, y el compartir la casa comunal ubicada en el lugar, lo apresuró a pedir la ayuda a su país y a la alcaldía tecleña para la construcción del edificio.

Según Jeong Munok, coordinadora de los voluntarios de KOICA en El Salvador, la institución a la que pertenece desembolsará $49,829, de un total de $90,000, para la construcción del edificio que albergará la escuela de taekwondo.

“Además de eso se incluirá el equipo de taekwondo necesario para desarrollar esta práctica deportiva”, explicó Munok.

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