La tropa que recupera los territorios

La misión esa madrugada, según recuerda el agente Morgan, era encontrar al grupo de pandilleros armados a quienes se acusaba de cometer actos delincuenciales en los caseríos de Santa María Ostuma, La Paz. Eran aproximadamente las 3 de la madrugada del 24 de agosto de 2016. Consideraban que era una hora adecuada para sorprenderlos.
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Relevo.  El vicepresidente de la República y el director de la PNC asistieron el pasado jueves a un acto simbólico con el nuevo jefe de la FES.

Relevo. El vicepresidente de la República y el director de la PNC asistieron el pasado jueves a un acto simbólico con el nuevo jefe de la FES.

CENTRO DE OPERACIONES  Los agentes de la FES tienen un punto de reunión en San Matías, La Libertad, donde pasan las noches y se preparan para operativos.

CENTRO DE OPERACIONES Los agentes de la FES tienen un punto de reunión en San Matías, La Libertad, donde pasan las noches y se preparan para operativos.

La  tropa que recupera los territorios

La tropa que recupera los territorios

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Cada uno de los seis elementos de la tropa tenía asignada una posición: dos agentes iban a ir adelante abriendo brecha en la oscuridad, otros dos en medio y otros dos hasta atrás.Iban a rodear la casa en que se escondían los pandilleros. Les anunciarían, gritando, que eran de las Fuerzas Especializadas de Reacción El Salvador (FES) de la Policía Nacional Civil (PNC). Tenían la idea de que con eso se rendirían. Pero, justo antes de llegar a la casa que ocupaban los pandilleros, escucharon dos disparos.

Los disparos continuaron, pero desde una posición distinta. Según Morgan, los pandilleros se habían parapetado en dos lugares diferentes. Los agentes respondieron al ataque, pero los disparos desde un lado y otro lograron herir en las piernas a un cabo y a un sargento de la Policía.

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Cuando los policías detectaron desde donde salían los disparos, respondieron con más eficacia, pero por la oscuridad era difícil acertar los tiros. Morgan recuerda que los pandilleros intentaron huir. Pero su huida fue una forma de retirada escalonada, con técnica y estrategia.

“Hay pandilleros que tienen buenas armas y disparan a lo loco, a esos siempre les va mal, pero hay otros que tienen tácticas. Por ejemplo, estos hicieron una retirada escalonada. El pandillero que estaba más vulnerable es el que fue apoyado por los demás delincuentes, quienes lo cubrieron disparando y provocando que los policías intentaran repeler ese ataque. En eso, el delincuente lograba huir y así se fueron todos”, dice Morgan.

La de ese enfrentamiento en Santa María Ostuma es una de las mil historias que Morgan tiene para contar, mientras acaricia su fusil Galil ACE 21, sentado sobre una roca en lo alto de una pequeña montaña que se eleva sobre la zona rural de San Matías, La Libertad, donde las FES tienen su puesto de mando.

“Salvo esa pasada, la FES generalmente es efectiva. Nada tiene que salir mal, todo está bien pensado. Nosotros lo que hacemos es buscar, capturar o, si se ponen bravitos con sus armas de fuego, nos agarramos a balazos”, dice Morgan.

Minutos antes de que Morgan se sentara en esa roca y contara sus crónicas de tropa, el director de la Policía, Howard Cotto, y el vicepresidente de la República, Óscar Ortiz, habían descendido en un helicóptero en el campamento de la FES, para hacer una visita de supervisión y, a la vez, aprovechar para realizar el acto de traspaso de mando al nuevo jefe de la FES, Elvis Cisneros.

El director y el vicepresidente se sentaron en troncos de madera, que estaban en el interior de una tienda de campaña, donde el jefe saliente de la FES, Marco Tulio Lima, los estaba esperando para rendirles un informe detallado.

Lima les explicó que entre abril de 2016 y el 13 de febrero de este año, la FES tuvo 108 enfrentamientos. Los resultados de esos tiroteos fueron: 131 supuestos pandilleros fallecidos, 1,124 capturados y 328 armas incautadas de diferentes calibre, entre esas había algunos fusiles AK-47 y M-16.

Esta tropa, asegura Morgan, es la que se queda en los territorios que los pandilleros habían tomado para sí. Se instala en los caseríos, cantones y barrios que el Estado abandonó y en los que los pandilleros, aprovechando ese desabrigo, habían montado pequeños gobiernos, donde el régimen era tan simple y a la vez complejo como: “ver, oír y callar”. Donde los impuestos eran la extorsión. Donde los caciques o gobernantes eran los palabreros de la pandilla, quienes decidían quién podía entrar y salir de esos territorios, incluso decidían quién podía vivir o quién tenía que ser asesinado.

Tras el informe brindado por Lima a Ortiz y Cotto, la tropa se formó en el campamento para escuchar los discursos del director y del vicepresidente y luego presenciar el traspaso de mando.

Cotto inició su discurso agradeciendo el esfuerzo de cada uno de los elementos que conforman la tropa. Los felicitó por los resultados y luego se extendió haciendo un llamado al respeto de los derechos humanos en las comunidades donde la tropa se instala.

“Nuestro compromiso es que la gente nos vea como esperanza y no como una amenaza. Nuestro trabajo es defender a los niños, a las mujeres y a las personas que están desamparadas. Nuestra meta es que la gente nos vea como sus aliados, en los que pueden confiar”, les dijo Cotto.

Agentes como Morgan, sin embargo, siguen convencidos de que la represión es la respuesta. “Estamos recuperando los territorios, aquí estamos más fuertes que nunca y ante eso los pandilleros no pueden. Tienen que dejarse capturar o morir, pero su gobierno se acabó”, dice.

El agente Morgan también está consciente de que, tras instalarse la tropa en esos territorios, hay gente que no los ve bien. Más que eso, los ve como una nueva amenaza que detiene, registra y golpea a jóvenes que no son pandilleros. Incluso, hay gente que ha denunciado que esta tropa ha simulado enfrentamientos y ha asesinado a jóvenes que no son parte de la pandilla. Sabe que hay gente que dice: “Le tengo más miedo a los policías y soldados, que a los pandilleros”, como recientemente publicó el periódico inglés The Guardian.

“Ellos no se dan cuenta que la verdad es que nosotros investigamos, no vamos de una sola vez. Tras las investigaciones vamos a buscar a los delincuentes. A veces se ponen abusivos y quieren intimidarnos con sus armas de fuego y por eso mueren. La gente que critica es porque de alguna forma está vinculada con los mismos pandilleros y viven de lo que ellos extorsionan”, dice Morgan, mientras apaga la sonrisa que tenía cuando estaba relatando las batallas de esta cruzada contra el crimen organizado.

Durante el acto, el vicepresidente, en sintonía con el director, también les habló en términos menos bélicos que en otras ocasiones y les prometió que el Gobierno destinará más recursos para fortalecer el trabajo que hacen. Aunque no detalló a cuánto asciende esa inversión.

“Me traje esta cachucha de la FES, que es la que me dieron cuando fue lanzada esta Fuerza en abril del año pasado, porque me siento orgulloso de lo que ustedes hacen”, les dijo Ortiz y luego pasó saludando a los elementos de la tropa que estaban adelante de la formación.

Al finalizar los discursos y el traspaso de mando, el vicepresidente se acercó a uno de los jefes de la tropa y le expresó su curiosidad por el fusil que portaba. El jefe se lo prestó y el vicepresidente lo empuñó y puso su ojo derecho sobre la mira telescópica del arma.

Cotto aseguró que cada uno de los elementos de la FES ha sido capacitado en derechos humanos, y que recibe constantemente formación en esa materia, para que en cada operativo no cometa alguna ilegalidad e irrespeto a los derechos de las personas de cada caserío.

El nuevo jefe de la FES, Cisneros, mientras caminaba entre las tiendas de campaña de la tropa, explicó que su expectativa de trabajo es fortalecer la FES y mejorar el adiestramiento que recibe.

“El adiestramiento y capacitación permitirá que los elementos, cuando anden en el terreno, hagan su actuación policial lo más profesional posible”, dijo Cisneros.

El agente Morgan, todavía sentado sobre la roca y aún acariciando su fusil, relata que en Jucuarán, Usulután, la FES ha tenido una experiencia interesante. En ese lugar, los pandilleros se habían escondido en los campamentos y tatús que los guerrilleros habían hecho en la década de 1980, durante el conflicto armado.

“Los primeros días de esta semana tuvimos que enfrentarnos a los pandilleros que estaban en esos tatús de los guerrilleros. Sacaron unos fusiles y nos comenzaron a disparar. Tuvimos que responder y uno de ellos murió en el lugar. Mire pues, aquí tengo la foto de ese pandillero”, dice Morgan, mientras deja de acariciar su fusil y saca del bolsillo derecho del pantalón camuflado su celular.

Morgan encuentra la foto y la enseña. Hace un zoom sobre la imagen y enfoca el fusil AK-47, que está a un lado del cuerpo del pandillero y explica que ese fusil es viejo, tan viejo como para haber podido ser utilizado durante la guerra.

“Lo interesante aquí es que en Jucuarán sabemos que los pandilleros tienen buenas armas, de grueso calibre. No sabemos cómo las han conseguido, pero hay varias de esas que hemos incautado”, afirma Morgan, mientras se levanta de la roca y toma una foto al helicóptero en el que se marchan el vicepresidente y el director de la Policía.

“Bueno, se acabó esto, ahora sí a trabajar. Hay unos cuantos pandilleros a los que tenemos que ir a buscar en esta zona, ya que aún andamos en la búsqueda de dos pandilleros que andan bien armados y que nunca fueron capturados por haber cometido la masacre de los 11 hombres en San Juan Opico”, expresa Morgan, bajando de lo alto de la pequeña montaña para formarse junto al grupo con el que, minutos más tarde, tiene que salir a patrullar.

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