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La abundancia de fotos y preguntas en la Divina Providencia

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Monseñor José Luis Escobar  explica a los obispos el lugar desde donde se le disparó al beato Romero.

Monseñor José Luis Escobar explica a los obispos el lugar desde donde se le disparó al beato Romero.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez  se dirige a los obispos en la cripta donde está sepultado Romero.

Monseñor Gregorio Rosa Chávez se dirige a los obispos en la cripta donde está sepultado Romero.

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Un grupo de obispos, provenientes de 22 países latinoamericanos, rodeaban a monseñor José Luis Escobar frente a la Capilla Divina Providencia y preguntaban cómo le dispararon al beato Óscar Arnulfo Romero, mientras otros no perdieron la oportunidad de guardar una memoria fotográfica con el cartel de Romero

en la puerta de la parroquia ayer por la tarde.

Eran las 4:10 de la tarde cuando se disponían a ingresar al altar y escuchar parte de lo que hace 37 años sucedió. Entre las miradas atentas y un ambiente de silencio, monseñor Rafael Urrutia inauguró la visita para explicar a todos los religiosos que llenaban la capilla cómo Romero vivía la fe. “A las 10 de la noche se ponía frente al crucifijo por 6 horas… así preparaba las homilías del domingo”, decía Urrutia, quien fue su canciller antes de morir.

De 20 en 20 entraron los obispos al museo y muy curiosos preguntaban datos a las religiosas que les atendieron. La emoción los desbordaba y llegaron las fotografías frente a las vestiduras, aún manchadas por la sangre, que usó el día del asesinato. Y luego las “selfies” con su cama de fondo, con otros objetos personales. La capilla y el museo cautivaron.

“Era un buen tirador quien lo hizo”. Era uno de los comentarios que se escuchaban mientras Escobar les mostraba la posición desde donde se le disparó; a pesar de que más de alguno preguntó quién lo hizo, la respuesta no se escuchó.

Después de varias paradas en el recorrido, no faltaban los sacerdotes que continuaban interviniendo a monseñor Escobar para preguntarle más sobre el beato salvadoreño, como el vicepresidente de la CELAM y obispos de Panamá. “Es un testimonio de estar con el pobre, con el necesitado. El Salvador es el país más pequeño y ahora con ellos aquí para significar que la doctrina de Romero se pone en práctica”, decía Escobar para después admitir que le causaba vergüenza decir cómo al beato el Estado lo consideraba un rebelde.

La emoción de los religiosos extranjeros se mostró tanto que más de uno no pudo contenerse en las expresiones de dolor, entre ellos monseñor René Coba, de Ecuador, quien ya considera santo a Monseñor Romero, pues ha seguido su labor desde su asesinato: “Yo era un joven sacerdote cuando esto pasó, y siempre vivo con pasión e ilusión la vida de este santo de la Iglesia, y venir a ver este lugar es decir a Dios ‘qué grande eres’”.

Monseñor Coba fue uno de los últimos en abandonar el lugar. Tomó más tiempo para recorrer la capilla y el museo para vivir con devoción los lugares donde Romero estuvo, donde vivió y donde murió por su pueblo, “por los pobres”, como decía Escobar.

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