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La amenaza más grande a nuestra democracia es el crimen”

Uno de los grandes retos en seguridad es revertir a las cárceles como centros de operación de la delincuencia. Los cambios impulsados buscan golpear a las pandillas.
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OSCAR ORTIZ VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA EN ENTREVISTA EN LA RESIDENCIA ASIGNADA AL VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA.
 16072016 FOTO LPG MELVIN RIVAS

OSCAR ORTIZ VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA EN ENTREVISTA EN LA RESIDENCIA ASIGNADA AL VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA. 16072016 FOTO LPG MELVIN RIVAS

La amenaza más grande a nuestra democracia es el crimen”

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Si hay que resumir la estrategia de seguridad del Gobierno es esta: golpear contundentemente a las pandillas porque se han convertido en una seria amenaza del Estado mismo.

Así lo cree fervientemente Óscar Ortiz, el vicepresidente de la República y encargado de ejecutar las medidas extraordinarias en contra de la delincuencia. Para él, lo más importante es golpear a las estructuras criminales, sin dejar de lado que hay controles más estrictos para evitar posibilidad de abusos de los cuerpos de seguridad.

Pero, además, buscan una reingeniería profunda del sistema de cárceles para que los presos dejen de ser amenaza para la sociedad y que, por el contrario, puedan resarcir parte de los daños que han causado con sus crímenes.

Esta baja de los homicidios, ¿es sostenible? Apenas el miércoles pasado hubo una masacre.

Debe ser sostenible y este es el propósito de esta gran cruzada para revertir la acción criminal. Siempre planteé que iba a ser un año muy difícil, un año muy sacrificado, en el que íbamos a pagar una cuota muy dura, que hoy se ha traducido en la muerte de 22 héroes de nuestra Policía y de 11 miembros de las Fuerzas Armadas. Es importante que el país tome conciencia, que el Estado en su conjunto tenga la suficiente sensibilidad para reconocer que la amenaza más grande que nuestra democracia puede tener y nuestra gobernabilidad tiene en el corto y mediano plazo es el crimen, la extorsión. Si no somos capaces de juntarnos como se debe para golpear y desarticular la estructura criminal, el precio que podemos pagar más adelante es de incalculables dimensiones.

¿Ve partes del Estado no comprometidas?

Yo creo que, hasta ahora, si me toca hacer una primera conclusión, debo felicitar el papel de la Asamblea Legislativa.

¿Lo dice por la unanimidad?

Sí. Ha sido histórico. En solo tres meses logramos la aprobación de 10 proyectos de reformas. También debo reconocer el papel que ha hecho la Fiscalía, acompañando reformas y procesos. Pero también necesitamos un papel más activo y creciente del Órgano Judicial. Necesitamos más esfuerzo. Y no distraernos con otras cosas. Si hay algo que es central para el futuro del país es entender que derrotar al crimen y la extorsión es la mayor prioridad que tenemos como país, como Estado y como Gobierno. Podemos estar tirando cortinas de humo de otro tipo, pero la demanda más importante que tienen las familias es cómo logramos llevarles seguridad. En realidad, no podemos darle espacio a los malos. Por eso expresamos nuestro respaldo total a la Policía.

¿Qué opina sobre esos procesos abiertos por la Fiscalía en contra de policías por participar presuntamente en ejecuciones de pandilleros o formar parte de grupos de exterminio?

Primero, quiero hacer una definición y dos aclaraciones. Hemos reforzado las auditorías internas de la Policía y de nuestras Fuerzas Armadas. Hemos creado un mecanismo de supervisión permanente para que podamos conocer casos donde hay excesos de actuación sobre la ley o donde hay casos que van allá de la competencia establecida. Pero no nos confundamos. Una cosa es señalar a elementos que están fuera de la ley, que debe ser correctamente investigado, pero no podemos estar haciendo combos en un momento difícil. No es lo mismo lo de San Blas que otros casos en los que hay un enfrentamiento directo con criminales comprobados, y de una manera ligera aparecen señalamientos, por adelantado, apuntando a nuestros elementos. Estamos en un momento en el que no solo necesitamos el respaldo moral, sino también de todo el apoyo necesario de nuestra institución, porque ellos son los que están en la primera trinchera y son los que están perdiendo la vida. Tenemos una estructura criminal tomándose 22 vidas diarias. ¿Qué mayor violación a los derechos humanos puede haber que constatar que esta estructura es capaz de tomarse la vida de 14, 15, 18, 20 personas sin pedirle permiso a nadie, sin tener ningún tipo de facultad, haciéndolo fuera de todas las reglas? La acción no va a ser fácil. Por eso aquí tenemos que entender el momento en el que estamos. No vaya ahí a salir después un irresponsable dos, tres o cinco años después diciendo que lo que se hizo no fue lo correcto. Si esto no es lo correcto, lo que estamos haciendo, que nos digan qué es lo correcto.

¿Esos procesos están bien enfocados?

Nosotros estamos respaldados totalmente en estos casos donde se ha planteado. Pero también hay una agenda internacional que quiere tratar de ensuciar la imagen de nuestras instituciones. Siempre vamos a seguir vigilantes, pero no podemos dejar que esa ola de querer afectar la imagen de nuestros policías y miembros de la Fuerza Armada cobre fuerza de manera irracional, porque entonces, al final el favor se lo vamos a estar haciendo al mundo criminal.

En el tema de las cárceles, en los gobiernos del FMLN hemos oído desde crear cárceles temporales en contenedores hasta ponerles uniformes de colores, de acuerdo con la peligrosidad. Esto último, ¿cuándo se implementa?

Ya lo tenemos en marcha, dentro del control estratégico del sistema penitenciario para que sea el Estado el que tenga el control, no grupos que están pagando una pena. Comenzamos una reingeniería total del sistema penitenciario, con estas medidas claves: uniformar a los presos con colores distintos de acuerdo con el nivel de peligrosidad; una clasificación actualizada de todos los privados de libertad, que anda por los 34,700: baja, mediana y alta peligrosidad, y no acuerdo eso, y no de acuerdo con la pandilla a la que pertenecen, redistribuirlos a partir de las condiciones en cada centro penitenciario. Tercero, vamos a hacer un nuevo sistema de seguridad para controlar las cárceles. Tiene que ver con un nuevo perfil del agente penitenciario, además de nuevas tecnologías de control interno y externo, nuevas maneras de establecer códigos dentro y fuera para evitar emisión de señales y comunicación indebida y abusando de la visita.

¿Solo es hacia dentro?

La otra medida es que la mayor parte de los privados de libertad tiene que resarcir con trabajo público a la sociedad. Vamos a pasar a una gran escala del programa Yo cambio, que ya está en marcha para tener, para junio del próximo año, hasta 10,000 reos de menor y mediana peligrosidad haciendo labores productivas. En la práctica, casi la tercera parte del sistema penitenciario estará en labores productivas para resarcir el daño que le han hecho a la sociedad. Y también tendrán un estímulo aquellos que no han cometido crímenes horrendos de poder beneficiarse que con cada día trabajado tendrán un ahorro de dos días de pena. También vamos a promover las granjas penitenciarias, unido a un programa de educación a gran escala, para que cuando el privado de libertad cumpla la pena pueda reintegrarse sin que eso signifique otro peligro para la sociedad. El sistema penitenciario no puede seguir siendo la Cenicienta. Antes se decía “ya lo capturamos, ya lo mandamos a la cárcel”. Pero no nos cuenta, como país, en los últimos 20 años, que mandarlo a la cárcel era mantener o incrementar la amenaza de esa persona. Y eso no puede seguir siendo así. La otra medida clave es invertir en el sistema penitenciario. Si invertimos ahí, invertimos en uno de los sectores más desestabilizadores para provocar violencia y crimen y ahora queremos revertirlo. Por eso estamos ampliando instalaciones. Este año vamos a tener el primer modelo de centro penitenciario moderno, totalmente controlado, que será Izalco, con casi 6,000 privados de libertad, con granjas y reinserción, y control de reos de alta peligrosidad.

¿Combatir el hacinamiento cerrando centros penales, como el de Cojutepeque?

Eso es porque en la medida que vayamos invirtiendo en instalaciones seguras, vamos a ir cerrando lugares que nunca debieron ser centros penales.

¿Cómo será el proceso de uniformar a los reos? ¿Será a través de una licitación o van a incorporar a los reos en el proceso de elaboración de estos uniformes?

Esta vez, como necesitamos estar listos para diciembre, en la mayor parte de los lugares será con compra directa. Pero luego, ya estamos preparando el plan, como parte del trabajo productivo de los reos. ¿Cómo es posible que los presos los tengamos ahí? El que no está trabajando, ¿en qué puede estar pensando? Vamos a crear un centro de producción textil, que lo primero que va a hacer es producir el kit, el paquetito que siempre se le estará entregando a cada preso: ropa interior, tres mudadas –dos permanentes y una ocasional–, que son sus pantalones, sus camisas y sus “yinas”, como se les conoce. Esto evita a que la gente siga llevando cosas a las cárceles.

¿Cómo funcionará ese centro textil?

Estamos pensando en varias cosas. Vamos a hacer APP (Asocios Público-Privados), nos apoyaremos en gente que sabe del tema. Además, puede ser dentro de los centros temporales de detención y en las granjas penitenciarias. Estamos haciendo conexión con los empresarios que saben de este tema para garantizar que en el cortísimo plazo tengamos montado el primer centro de producción para la demanda penitenciaria. No se requiere tanta ciencia. Es producir un estándar de uniforme con todo lo que se requiere para vestir a un reo.

A raíz del combate que el Gobierno está dando a las pandillas, ¿ve posible el surgimiento de un nuevo pacto entre pandillas?

Estaba escuchando la posibilidad de que las pandillas pacten entre ellas. Pero se unan, no se unan, se desunan... Nuestra estrategia es clara: vamos a golpearlas. Por eso hacemos un llamado a los jóvenes a que no se metan, que se alejen de estas estructuras porque las pandillas, si siguen desafiando al Estado, vamos a seguir persiguiéndolas, hay que golpearlos. Y ojo con esto. Es muy fácil ahora cuestionar cuál ha sido la profundidad de la tregua. Y todo mundo lo rechaza. Pero ahora también se encuentran otras voces diciendo que hay que tener cuidado al perseguir el crimen. Bueno, si hemos rechazado la tregua, pero ahora hay que tener cuidado al perseguir el crimen, entonces, ¿qué queremos? Yo estoy claro. Hay gente que me dice: “Óscar, ¿y vos no tenés miedo?” Pues sí, miedo todos tenemos, pero lo cierto es que el mayor miedo que yo tengo es que la estructura criminal sea la que defina las reglas de juego en el país. No hemos luchado tanto para eso. El país tiene que mostrar firmeza y determinación. Si no nos desviamos ni confundimos, el Estado, el país y el Gobierno es más fuerte. Tenemos que asestarle un golpe estratégico al crimen. No hay otra manera de hacerlo. Si hay alguien que me dice que hay que hacerlo por la vía de ir a dar una charla... Hay una estructura criminal que no es de ir a darle una charla, si no le mostrás superioridad en todo sentido, nos va a romper la democracia y la estabilidad del país.

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