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La caravana que despidió a la sargenta Dinora

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Compañeras. Agentes de la Policía Nacional Civil acompañaron ayer el entierro  de su compañera, la sargenta asesinada el domingo pasado en Dulce Nombre de María.

Compañeras. Agentes de la Policía Nacional Civil acompañaron ayer el entierro de su compañera, la sargenta asesinada el domingo pasado en Dulce Nombre de María.

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Las campanas de la iglesia de Dulce Nombre de María, en Chalatenango, suenan metálicamente agudas, frente a las montañas nubladas. Esta vez no solo anuncian que el reloj marca la una de la tarde de este martes 26 de septiembre, también anuncian que el cuerpo de la sargenta policial Dinora Elizabeth Martínez Pérez llega escoltado por una caravana fúnebre de unas 500 personas que eran sus familiares, vecinos, compañeros en la Policía Nacional Civil (PNC) y del alcalde.

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La caravana se fue engrosando quince minutos antes, cuando salió de la vivienda donde vivía la sargenta, en el Barrio San José. Afuera de esa casa, los primeros en sumarse a los agentes policiales que iniciaron el acompañamiento, con sirenas y luces azul y rojo encendidas, fueron los hijos y otros familiares.Cerraron la puerta, donde el domingo 24 de septiembre exactamente a las 8:21 de la noche, tres hombres armados caminaron hacia la sargenta y le dispararon tres veces. El cuerpo quedó a un lado de la puerta y debajo de un cuadro pintado en la pared, como es común en la mayoría de viviendas de este pueblo, en el que se ve una casa de campo rodeada por una cerca de madera y dos vacas comiendo pasto. Sobre la pintura hay una leyenda que reza: “En mi casa está la felicidad”. Debajo de ese cuadro, los tres amigos que platicaban con la sargenta se levantaron y corrieron para escapar de los atacantes.

Este martes, con las sirenas policiales sonando y las canciones en las bocinas del carro fúnebre, vecinos y conocidos de la sargenta salieron de sus casas para esperar que la caravana bajara por la estrecha calle principal que atraviesa el municipio de 5,500 habitantes. Mientras avanzaba lento, los vecinos y conocidos se unían. Otros simplemente salían de sus casas y callejones con sus hijos para ver la marcha de despedida.

Una vez en la iglesia, el párroco relató que el viernes pasado, la sargenta platicó con él por última vez para pedirle de favor que hiciera “una misa de acción de gracias a Dios por las bendiciones de este año”. Esa celebración que quería la sargenta, según dijo el párroco, se convirtió en una misa de cuerpo presente.

Las campanas de la iglesia sonaron otra vez para anunciar las 2 de la tarde y que la caravana retomaría el lento caminar hacia el cementerio municipal para despedir definitivamente a Dinora Elizabeth Martínez Pérez.

En ese último recorrido, se sumaron más agentes policiales a la caravana, junto con abogados de oficinas jurídicas del municipio y doctores de las clínicas ubicadas en el centro de Dulce Nombre de María.

Antes de ingresar al cementerio, el jefe de la sargenta en la delegación de Chalatenango, Domingo Acosta, detalló que ella había entrado en la Policía el 17 de agosto de 1993.

“Desde el 93 estuvo destacada en Dulce Nombre de María y ya para el 95, había ascendido a cabo. Luego fue trasladada hacia el puesto de El Paraíso y en 2010 fue trasladada a la delegación de Chalatenango, donde también ascendió en 2016 a sargenta”, narró Acosta.

Los comentarios de los familiares, durante la caminata, fueron acerca de recuerdos sobre lo jovial y amigable que era Martínez.

“Que yo recuerde, nunca le hizo daño a nadie. Era una mujer tan amigable y tan dada a los demás, que si tenía algo lo compartía. Así era ella, una gran persona”, dijo un familiar.

Una habitante contó que estaba asustada porque en el municipio no es común ver pandilleros ni homicidios. “Yo vivo cerca de donde fue la balacera. Se escuchó horrible, viera que todo asustado anda uno. Toda nerviosa ando todavía. Este municipio es tranquilo, uno puede andar por las noches caminando y sabe que nada va a pasar, pero hoy ya estamos nerviosos”.

Las estadísticas de la Policía muestran que el asesinato de la sargenta es el segundo en el año en este municipio. El primero fue en enero contra un motorista de la ruta de autobuses 124, que llegan desde la cabecera departamental.

El alcalde Elisandro Rivera también reconoció estar sorprendido porque “ha roto la tranquilidad en el municipio. Aquí pueden haber pandilleros, no lo descartamos, pero no los hemos visto y por eso estamos trabajando en programas de prevención de violencia. Tenemos una orquesta juvenil, encuentros deportivos y actividades que hacemos en conjunto con la Casa de la Cultura”.

Cuando la caravana finalmente llegó al cementerio, unas compañeras de la sargento pusieron flores en la tumba. Lloraron en silencio junto a la familia y luego dijeron: “Esto nos entristece, nos duele mucho, pero no nos va a desanimar”.

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