La contabilidad de la pandilla

Las cuentas de una clica de San Miguel, registradas en dos cuadernos incautados por la PNC, dan una idea de las rutas y negocios extorsionados por los pandilleros. Exigencias de $80 o $700 por semana, pagados puntualmente por empresarios que temen denunciar.
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<p>judicial</p><p> El 13 de enero de 2012, según los garabatos escritos en el cuaderno contable, la clica Fulton Locos Salvatruchos recogió $235 de la ruta 88 de San Miguel. Del monto, el encargado de la contabilidad del grupo apartó $75 para comer, $10 para comprar saldo para teléfonos celulares, $10 para pagar taxis y $10 para la madre de un pandillero no identificado. Tras los descuentos, a la clica le quedaron $130. Ciento treinta dólares por un día de extorsión.</p><p>La ruta 88 recorre desde el Hospital San Juan de Dios hasta el centro de San Miguel. Pasa por la calle Los Maristas, las oficinas del Seguro Social, el Instituto Nacional Isidro Menéndez; da la vuelta y bordea el estadio Félix Charlaix; atraviesa la avenida Roosevelt, la misma que se atiborra de ventas de cervezas y tarimas con orquestas en noviembre, durante el carnaval de la ciudad; se dirige a la colonia Vía Satélite, a la ruta Militar donde está el barrio San Francisco; y regresa al centro tras internarse en colonias como Río Grande, El Molino, La Gavidia.</p><p>Las cantidades que la ruta 88 entrega al grupo son variadas. El 23 de enero, por ejemplo, los pandilleros obtuvieron $200 de esos buses del transporte público. Ese mismo día, por cierto, la Fulton también cobró la “renta” a la ruta 5, la que parte de la colonia La Presita, pasa por la antigua carretera que conduce a La Unión y llega hasta la colonia Ciudad Toledo, al oeste de San Miguel. De la 5, la clica sumó $335. El total de las ganancias ese lunes fue de $535.</p><p> La 88 pagó $285 el 20 de febrero. ¿Cuánto y cuándo paga las extorsiones la ruta? Del cuaderno contable se puede inferir que el pago no baja de los $200 cada semana, pero los empresarios prefieren no ser explícitos. “Revelar cifras de con cuánto nos extorsionan no es prudente, los grupos que lo hacen se pueden aprovechar... pero que estamos jodidos es cierto”, dice uno de ellos.</p><p></p><p> El cuaderno contable es pequeño, rayado, con las tablas de multiplicar del 1 al 9 en la contraportada. Es el que usaría cualquier niño para ir a la escuela. Las páginas están fechadas desde enero de este año y las cuentas de las extorsiones cobradas a buses y taxis de San Miguel, y a los interdepartamentales que viajan a Corinto (Morazán) e Intipucá (La Unión), se extienden hasta mayo, dos meses después del inicio de la tregua entre pandillas. Ese pacto ha permitido que el promedio diario de homicidios disminuya de 14 a cinco, según las estadísticas policiales de agosto.</p><p>El cuaderno, junto con una pequeña libreta con los mismos fines contables, fue incautado a mitad de año por la Policía Nacional Civil. Fue durante un operativo nocturno en una colonia de San Miguel.</p><p>En él, los miembros de una clica de la Fulton, uno de los principales programas de una de las pandillas de El Salvador, anotaban los ingresos y egresos de las extorsiones en el municipio de San Miguel. Las clicas son las pequeñas células que forman las pandillas; los programas las aglutinan. Las páginas, rellenas de una caligrafía que rehúye las reglas ortográficas, dan cuentas de lo recibido a diario, de la ganancia que la clica reparte a sus miembros y, más importante aún, lo que estos tributan al programa y a la Ranfla, es decir, la estructura nacional de dirección de la pandilla.</p><p> Las extorsiones se han mantenido pese la tregua. La razón es sencilla: las pandillas nunca se han comprometido a dejar de extorsionar. Pese a ello, desde el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública se sostiene que las extorsiones han disminuido 9.8% si se compara los nueve meses de este año con el mismo período de 2011.</p><p> La pandilla a la que pertenece la Fulton no ha dejado las extorsiones. La clica tiene ramificaciones con los programas del centro de San Salvador, Mejicanos, San Martín, Cuscatlán, “Teclas” de La Libertad, Sonsonate, Nueva Concepción (Chalatenango) y clicas en Guazapa, Quezaltepeque y Aguilares, entre otras. </p><p> Un informe del Centro de Inteligencia Policial (CIP) de la Policía Nacional Civil sobre la Fulton da luces sobre el modo de operar: “Estos sujetos investigan las identidades de las familias, toda la actividad económica que generan... estudian las facilidades que tienen de otras fuentes, como remesas que reciben de la ‘USA’. Luego investigan dónde reside la víctima, le dan seguimiento, consiguen sus teléfonos fijos y celulares y empiezan a llamarle pidiéndoles una gran suma de dinero, para luego negociar y acordar una cantidad.”</p><p> Los objetivos se definen tras una meticulosa coordinación telefónica: el palabrero de la clica, recluido en el penal de Ciudad Barrios, se enlaza telefónicamente con otro palabrero preso en Chalatenango. Este contacta simultáneamente con el corredor del programa en la “libre”, es decir, el encargado de dar las órdenes en la calle. </p><p> En las teleconferencias, de las que sabe el CIP, se deciden las extorsiones, entre otros crímenes como homicidios o venta de droga. Después vienen las llamadas. Una de esas recibió Paty, una mujer que atiende una tienda en una colonia populosa del área metropolitana de San Salvador. </p><p></p><p></p><p></p><p> Una niña se acercó a su tienda y le ofreció el celular negro que cargaba en la mano: “Niña Paty, le llaman del penal. Conteste”.</p><p> —¿A mí? No fregués, yo no tengo a nadie en ningún penal, estás loca.</p><p> Paty estaba consciente de que ese día llegaría. La respuesta que le dio a la niña, de 13 años según la mujer, lo hizo por instinto, para que los clientes no pensaran que tenía un familiar preso. La mujer contestó con asombro cuando se llevó el celular a la oreja. </p><p>—Aló.</p><p>—Mirá, la onda es que vas a comenzar a colaborar con nosotros. Vemos que vendés bastante y necesitamos que nos ayudés con una pequeña cantidad mensual. Si no, tus morros verán negro.</p><p> La pandilla que le llamó es la misma que extorsiona a la ruta 88 de San Miguel. Desde que instaló la pequeña tienda, Paty supo que los pandilleros le iban a exigir pagar “renta”. Llegó a esa colonia en enero de 2010. La casa tenía pegado un papel con letras verdes donde decía “se renta”. Junto a ese aviso formal de alquiler estaban escritas, con bolígrafo azul, las dos letras que identifican a la pandilla y la leyenda: “Nosotros también los vamos a rentiar”. </p><p> Paty es una mujer que pasa de los 40, es de piel morena y habla con un aire de seguridad. Dice que se decidió a comercializar en ese lugar porque “no hay de otra”. Hoy es un miércoles de septiembre y está sentada en el centro de la tienda rodeada por sacos llenos de cereales.</p><p> “Mire, si lo de uno es el negocio es porque puede negociar. Estaba dispuesta a hacer eso con esos muchachos. Hablando se entiende la gente”, dice la mujer mientras amarra una bolsa plástica que contiene frijoles.</p><p>La llamada que contestó Paty se originó desde el centro penal de Ciudad Barrios. El hombre le exigió pagar $150 al mes a cambio de no agredir a sus dos hijos.</p><p>—No puedo pagarte eso, mirá si el poco dinero que tengo es para comprar las cosas que vendo. Voy a colaborar, pero solo puedo darte la mitad de lo que querés.</p><p>—No entendés, ¿o es que no querés a tus morritos? Nada cuesta mandar a un ‘perro’ que les descargue un par de plomos.</p><p> La negociación terminó con el acuerdo de pagar $80 cada mes. “Básicamente le dije que si no aceptaba, el siguiente día me iba del lugar. Que eran $80 seguros o nada. Además, le hice ver que soy la que más barato vendo. Sus compañeros creo que se lo confirmaron porque aceptó”, dice la mujer con la satisfacción de haber ganado con el acuerdo.</p><p> Siguió las indicaciones que le dio el hombre por el teléfono celular. Enrolló cuatro billetes de $20 con una tira de hule y se los puso en la mano a la niña que le había dado el celular 15 minutos antes.</p><p>Paty ha enrollado billetes para la pandilla durante casi un año y medio. Dice que nunca pensó en denunciar ante la policía. “Creo que si lo hubiera hecho estuviera muerta”, explica la mujer. </p><h2>Medianas empresas</h2><p>La semana pasada, la PNC informó que en lo que va del año 129 pequeñas y medianas empresas han denunciado ser víctimas de extorsiones. El detalle encaja con el cuaderno de la clica de San Miguel. </p><p>En las páginas contables, además de rutas de buses y unidades de taxis, también se lleva la cuenta de las “rentas” a negocios pequeños y medianos, como tiendas y talleres mecánicos. </p><p>A Federico no le llamaron por un teléfono para extorsionarlo, la petición se la hicieron en persona. Dos jóvenes entraron a una de las zapaterías que tiene el empresario un lunes de marzo. Se midieron tres pares de zapatos cada uno y después llegaron hasta la cajera para pedirle que llamara al dueño. Lo identificaron con el nombre completo, mencionaron el nombre de algunos de sus familiares y otros detalles que hizo que la cajera no dudara en marcarle a Federico.</p><p>—Tenemos una información que pasarle, pero queremos que venga al local. Tranquilo no traiga juras y no haga ninguna locura.</p><p>Federico dice que llegó al lugar 20 minutos después. Ambos le explicaron que eran miembros de una pandilla y que debía pagar $500 cada mes. Lo amenazaron con incendiar el negocio si no accedía.</p><p>El hombre tuvo miedo, pero les dijo que no podía pagar lo que le exigían. Dice que acordaron que los primeros meses iba a pagar $150. Federico canceló el dinero a una señora que la llegaban a dejar en una camioneta. Hizo dos pagos.</p><p> “El tercer mes ya no vino la señora, no sé qué pasó, tampoco es que la extrañe”, dice con una sonrisa. Tampoco denunció porque los detalles que dieron de su familia, según cuenta, fueron demasiados. </p><p> La semana pasada estuvo en un hotel capitalino. Una gremial empresarial convocó a sus agremiados a escuchar los planes policiales para combatir las extorsiones. </p><p>Héctor Mendoza Cordero, subdirector de Investigaciones de la PNC, dice por micrófono, frente a unos 100 empresarios, que no teman denunciar, que los pandilleros extorsionan a varias personas a la vez y no hay forma de que descubran quién de todas sus víctimas es que los denunció.</p><p>Federico escucha al jefe policial con la mirada fija en la alfombra multicolores que cubre el piso. Si vuelven a extorsionarlo tampoco denunciaría: o lo convencieron las palabras de Mendoza Cordero.</p><h2>Condiciones y ganancias</h2><p>Raúl Mijango, uno de los supuestos mediadores entre la tregua de las pandillas, dice que el tema de las extorsiones ha sido tratado en las pláticas que tiene con los cabecillas recluidos en los centros penales. No existen, agrega, condiciones para exigirles que desmonten el cobro. “Hay que esperar que el Gobierno atienda a las peticiones que los pandilleros han hecho”, señala el exguerrillero. Algunas de ellas: derogar la Ley de Proscripción de Pandillas, no utilizar la figura del testigo criteriado para sustentar los casos contra pandilleros en los tribunales y suspender los operativos policiales en las colonias donde operan. </p><p> “Con empezar a cumplir con esas peticiones los pandilleros dicen que estarían dispuestos a desmontar el cobro de la extorsión”, dijo Mijango la semana pasada.</p><p> De vuelta al cuaderno contable. En enero de 2012, por concepto de “renta”, la Fulton recogió $2,935. Menos los gastos básicos (comidas, saldo, taxis, zapatos y pequeños préstamos internos) la ganancia se reduce: $1,145. </p><p></p><p></p>

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