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La corrupción en El Salvador no es una situación única”

El abogado que logró la encarcelación del expresidente peruano Alberto Fujimori dio consejos para la lucha contra la corrupción en El Salvador.
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José Ugaz Expresidente de Transparencia Internacional

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El exfiscal peruano José Ugaz fue parte del proceso de los Acuerdos de Paz firmados en El Salvador en 1992 y por esa razón afirma que se siente cercano a cada uno de los momentos sociales que vive el país, al que regresó para exponer su experiencia en el marco de la Plataforma Diálogo Anticorrupción que recientemente presentó los resultados de su segunda plataforma y la cual Ugaz llegó a conocer muy bien.

¿Cómo surge la posibilidad a José Ugaz de venir de nuevo a El Salvador?

La idea es compartir mi experiencia como procurador a cargo de la investigación de un caso emblemático de corrupción en América Latina que fue del expresidente del Perú Alberto Fujimori. Yo fui el procurador especial para ese caso por 14 meses y después ya he tenido mayor experiencia global a raíz de mi participación en Transparencia Internacional lo que me ha permitido observar cómo la corrupción opera en distintas partes del mundo.

Entiendo que ha dado seguimiento a la Plataforma Diálogo Anticorrupción, que busca dar insumos a El Salvador en esa lucha. ¿Qué le parece?

He tenido la oportunidad de revisar la experiencia de la plataforma, me parece un proceso sumamente interesante en la medida en que a través de mesas de diálogo y un trabajo participativo han logrado hacer un diagnóstico de la corrupción en El Salvador y así proponer ejes temáticos en los que necesariamente tiene que producirse una reforma profunda. Esto es importante porque muchas veces se comete el error de pensar que la corrupción es una cuestión de malas personas o de malos elementos cuando en países como El Salvador y la mayoría de América Latina tiene el llamado problema de la corrupción sistémica que no depende de individuos, sino de sistemas operativos en los que hay redes de funcionarios públicos, crimen organizado, élites de negocios que están comprometidos en saquear al Estado y sustraer los recursos para su propio beneficio a costa de las grandes mayorías. Por lo tanto la corrupción no es un problema de malos individuos sino que se observa como un sistema operativo que ha desnaturalizado la función del gobierno y del Estado y esto requiere una profunda reforma en la estructura del Estados para erradicar la corrupción.

¿Es El Salvador un país que pueda luchar contra la corrupción luego de que los tres últimos presidentes hayan sido acusados de corrupción y las instituciones públicas hoy día no tengan credibilidad para la ciudadanía?

El Salvador no es una situación única. Lo que vive hoy día El Salvador en aspectos de señalamiento de actos de corrupción hacia sus expresidentes pasa en muchos países de América Latina. Argentina se habla de la grieta porque es un país partido en dos donde acaba de dejar el gobierno una fracción que ha estado más de 10 años en el poder y que ha saqueado al Estado argentino y tiene al país dividido en dos partes. En Brasil la mitad de la población sigue apoyando a Lula (Da Silva) a pesar de la evidencia de que ha incurrido en actos de corrupción y no se olvide que está hablando con alguien del Perú, país en el que los últimos cinco expresidentes dos han estado presos, uno es prófugo y los dos otros dos están investigados por corrupción. Esta es una situación sistémica y no va a cambiar porque llegue una buena persona al poder, esto va a cambiar en la medida que las estructuras sean reformadas y se desbaraten los sistemas operativos en las que redes criminales junto a funcionarios y élites empresariales negativas deciden saquear al Estado.

¿Qué tiene que ocurrir para que la ciudadanía tome conciencia y cambie hacia un rol más protagónico?

La receta no la tengo, pero como se ha visto en distintos procesos sociales de un momento a otro la explosión puede ocurrir como sucedió ya en Brasil con millones de personas en la calle. Ha ocurrido en Guatemala, Honduras, República Dominicana, Corea del Sur y Rumania por decir algunos casos. Hay una serie de procesos históricos en los que la ciudadanía se harta de esta situación y decide ponerle un fin y explota socialmente.

La operación sistémica de corrupción es, en otras palabras, la captura del Estado por entes corruptos. ¿Cómo revertirlo?

Significa que el sistema operativo de corrupción penetra el sistema de justicia, las instituciones tanto en el Poder Legislativo como el Ejecutivo. Entonces no es fácil hablar de instituciones limpias y más aun cuando en América Latina siempre hablamos de una débil institucionalidad. Esto es un proceso que tiene que pasar en primer lugar por romper la rutina de impunidad, las prácticas corruptas de siempre, empezar a generar una diferencia y ahí la justicia juega un papel, pero la estructura no va a cambiar desde el Poder Judicial, este quizá sea el eslabón que empiece a ser la diferencia investigando y sancionando, pero luego se requiere de una reforma que una a otros eslabones en la lucha.

Entonces, la lucha contra la corrupción es una cadena con muchos eslabones que deben ir uniéndose entre sí...

Es exactamente así.

¿Está El Salvador lejos de comenzar a construir esa cadena?

Hay signos interesantes en El Salvador. El hecho que haya dos expresidentes investigados por corrupción, uno prófugo y el otro detenido y que haya habido en otros tiempos casos emblemáticos que han incluso generado sentencias condenatorias significa que hay un comienzo, pero esto es como la punta de un iceberg que debajo tiene aún muchísima corrupción a la que hay que enfrentar y hacerlo a la mayor velocidad tratando de evitar que se detenga.

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