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La cruz de un pueblo es alegría en Panchimalco

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Roberto Martínez  es quien encabeza la marcha con su flauta en el Día de la Cruz en Panchimalco.

Roberto Martínez es quien encabeza la marcha con su flauta en el Día de la Cruz en Panchimalco.

La cruz de un pueblo es alegría en Panchimalco

La cruz de un pueblo es alegría en Panchimalco

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Un sonido parecido al de una flauta, que provenía de un pito hecho de palo de bambú, junto al redoble de un tambor de madera y cuero anuncian el inicio de la procesión en el Día de la Cruz, que marcha hasta la iglesia Santa Cruz de Roma. Roberto Martínez, a sus 76 años, de postura curva y dentadura incompleta, es el encargado

desde hace más de cinco décadas de acompañar con esa singular melodía todas las celebraciones religiosas de Panchimalco. Es tradición que cada 3 de mayo se rinda tributo a la Santa Cruz para agradecer por las cosechas cuya siembra se aproxima junto con la estación lluviosa. En Panchimalco la celebración está rodeada de historias y creencias ancestrales que llenan de color las calles.

Los habitantes de este municipio de San Salvador colocaron desde el martes una cruz en la entrada de sus casas y la adornaron con frutas y golosinas para compartir con quienes pasarán durante la noche de la vigilia. Se cree que al no hacerlo estarían traicionando a la Santa Cruz y estarían desprotegidos ante una maldición del diablo, que llega y baila en sus casas. Es una de las historias que las personas de avanzada edad pasan a los jóvenes a través de los famosos historiantes.

Luego de la misa, que se realizó al filo del mediodía, la procesión fue acompañada por feligreses de Panchimalco, de la tercera edad en su mayoría, a la casa de la “mayordoma”. Así se conoce a quien cada año debe recibir la cruz con pan de yema y fresco de tamarindo para compartir con todo el que la visite.

El Día de la Cruz en este pueblo, ubicado al sur de la capital salvadoreña, es un convivio lleno de relatos y música, de trombones que para Daniel Jónathan, un joven de 19 años, es lo que más disfruta: “Me gusta cómo se celebra acá el Día de la Cruz y las historias que nos cuentan los señores (historiantes)”.

Cuando don Roberto pasa con el pito, todos en el pueblo saben que los historiantes vienen detrás. Para Martínez, celebrar el Día de la Cruz es una parte importante de sus raíces, de su tradición y hasta de su penitencia. Su tributo a la cruz lo acompaña con ayuno, que comienza desde la noche anterior de la vigilia hasta la finalización de la celebración de la cruz. Lo hace todos los años.

Así como para don Roberto, esta celebración representa para la mayoría de panchos y panchas un rito sagrado y solemne, por lo cual se reservan su derecho a no hablar sobre el tema y guardar el respeto a las santidades.

La cruz permanecerá en un altar hasta septiembre, cuando celebran las fiestas patronales en honor de la Santa Cruz de Roma. La antesala es el 3, y en Panchimalco se agradece la salvación alcanzada este día. Por eso los frutos acompañan en esta fecha la popular cruz de jiote. “Es para que Dios nos dé frutas hasta el próximo año; de lo contrario, no nos da nada”, comentó Leonor del Carmen, una vendedora y habitante del pueblo.

Luego de que dejó la cruz en el altar, don Roberto nuevamente fue a la cabeza de la procesión para que los festejos continuaran con un almuerzo en la casa de otro “mayordomo”. Esta vez dedicó su música de pito de bambú a su hija, que hace dos semanas falleció.
 

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  • Día de la Cruz
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