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La diáspora y el país que viene

Con casi 250 millones de migrantes alrededor del mundo, más personas viven lejos de sus países de origen que nunca antes.
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El fenómeno migratorio es complejo y obedece a diversas causas, desde motivos políticos, persecuciones religiosas, violencia, desastres naturales y escasez; también por los atractivos del lugar de destino debido a oportunidades de trabajo, ingresos más altos, mejores servicios, seguridad y mejores perspectivas de vida.

Los recientes acontecimientos bélicos en el Oriente Medio con sus consecuencias en Europa, los cambios geopolíticos en nuestro hemisferio y la retórica de intolerancia, hacen que el tema cobre relevancia internacional. A pesar de las expresiones adversas a la migración, hay evidencia sobre la relación positiva entre la migración y el desarrollo; la migración no solo impulsa el crecimiento económico, también crea sociedades multiculturales donde se aprecia la diversidad, germinan la innovación y la creatividad, y permite aprender de unos y otros.

 Aproximadamente un tercio de salvadoreños vive fuera y se reconoce ampliamente el aporte socio-económico que nuestros migrantes hacen a sus familias.  Quizás hay menor conciencia sobre los desafíos que los migrantes enfrentan no solo por los riesgos y sacrificios traumáticos que muchos resisten durante sus trayectos, sino por los retos como barreras culturales y lingüísticas, discriminación o incluso persecución y abusos.

Cada compatriota en el exterior lleva consigo una historia propia, en muchos casos dolorosa y marcada con nostalgia y con un desprendimiento obligado, pero rara vez con desinterés y desarraigo. Como hay casos inaceptables de comportamientos antisociales, hay muchas historias de éxito que nos emocionan e inspiran. Esta vinculación articulada con El Salvador es lo que nos muestran los ensayos recopilados por la iniciativa “El país que viene”, con el segundo libro “Jóvenes en el exterior”.

Esta generación de jóvenes interconectados posee una fuerza imparable y calificada para perfilar el futuro, y se reconoce cada vez más la necesidad y conveniencia de incorporar la visión, los esfuerzos y el compromiso de los jóvenes en la búsqueda de soluciones. Los jóvenes son agentes de cambio que no conocen fronteras y desarrollan sinergias prácticamente ilimitadas; muchos  tienen interés en ser escuchados y tener una participación con incidencia en el desarrollo de sus comunidades; en el caso de los migrantes, tanto en sus sociedades de origen como de acogida.

Las experiencias, valores, costumbres  y conocimientos adquiridos por  talentosos jóvenes salvadoreños que de manera temporal o permanente radican fuera del país los vuelven más exigentes y su visión y expectativa del país contiene un potencial invaluable para promover cambios cualitativos necesarios. Es un deber  intergeneracional cimentar  reformas estructurales para transformar la realidad nacional con convicción y de manera sostenible en el largo plazo para erradicar las causas que impulsan la migración obligada.

Los aportes recopilados por Diego Echegoyen Rivera en el libro “El país que viene: Jóvenes en el exterior” deben ser una fuente de inspiración y hoja de ruta para la transformación que requiere nuestra sociedad, para que recuperemos la esperanza en El Salvador y lo edifiquemos como el país que imaginan los jóvenes salvadoreños en el exterior; para que el sueño del salvadoreño que ha emigrado se convierta de nuevo en la patria –destino viable– que acoge a los que deben retornar; y para que exista confianza y oportunidades a fin de que nuestros hijos escojan quedarse y los que se fueron decidan regresar.

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  • el pais que viene'
  • migracion
  • diaspora
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