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La donación de la UNESCO que Bukele dejó perder

En un territorio que vive en escasez de agua y donde el lugar de la basura es en las calles públicas, en un San Salvador sobrepoblado, que según la Organización Mundial de la Salud posee aire con alto nivel de contaminación, una iniciativa ambiental viene a convertirse en un flotador en medio del océano, que alberga la esperanza de poder rescatar lo poco que queda de flora y fauna en el territorio nacional.
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Foto de LA PRENSA/Franklin Zelaya Riqueza forestal.  El parque Satélite posee una extensión territorial de 6.5 manzanas que albergan una amplia zona verde.

Foto de LA PRENSA/Franklin Zelaya Riqueza forestal. El parque Satélite posee una extensión territorial de 6.5 manzanas que albergan una amplia zona verde.

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Esa esperanza es la que la Alcaldía Municipal de San Salvador desperdició en manos de la ineficiencia administrativa. De esta patología institucional fue víctima Milagro Cristales y su equipo de trabajo.

Ella es parte del equipo consultor de biólogas por el desarrollo sostenible, quienes ganaron en 2016 junto a la alcaldía municipal un concurso de la UNESCO para financiar el proyecto llamado “Parques sustentables y saludables”, que se desarrollaría en el parque Satélite, en la capital. El certamen fue a nivel centroamericano. Se les otorgó un monto de $20,000 para su ejecución. Esta estaría a cargo de la alcaldía, pero las verdaderas madres del proyecto eran las biólogas.

La aprobación por parte del alcalde Bukele y su concejo para iniciar la obra se dio en febrero de 2017, pero nunca se hizo nada. “Es falta de visión”, expresa Milagro mientras se arregla un sombrero de paja delgada. Sentada en una mesa en el parque donde tuvo la ilusión de enseñar sobre el medio ambiente, como quien habla sobre las cenizas de algo que no pudo ser, Milagro describe el proyecto como una zonificación ecológica: rotular el parque para que las personas sepan cómo comportarse dentro de él, de una forma amigable al medio ambiente, y así poder replicarlo en el diario vivir. El parque Satélite es hogar de una poblada vida silvestre sin estudiar; esa era otra de las intenciones: estudiar los corredores biológicos, conocer de dónde han llegado los animales y por qué han llegado al parque.

La hipótesis de Cristales es que su espacio natural se ha ido reduciendo con el peligro humano al acecho por lo que toman el parque como hogar. Estas son cosas que en medio del esmog, la paranoia colectiva por la inseguridad, la rebusca por el pan diario y por la misma insensibilidad a la que nos lleva el vértigo de vivir el aquí y ahora, por eso y otras cosas, muchas otras igual de relevantes, se pasan por alto.

En respuesta a esto, para despertar la conciencia ambiental se planeaba impartir 24 talleres sobre la pérdida de la biodiversidad, la contaminación del agua, las causas y efectos de los cambios climáticos, legislación ambiental, etcétera. Los temas serían impartidos por el grupo de biólogas especializadas y estarían abiertos a todo público. Para completar una educación ambiental integral se pensó en promover la educación alimenticia a través de cuatro cafetines con la oferta de menús saludables, un hito en la historia de El Salvador: una cafetería de parque sin comida chatarra.

Pero todo quedó en una ficción. Luego del aval de Bukele y su concejo para la ejecución del proyecto, alguien o algunos en los mandos medios no ejercieron con eficiencia sus funciones públicas. A pesar de que el dinero de la UNESCO ya estaba en una cuenta en el país, en la alcaldía nadie firmaba para realizar las compras. Pasó un mes, dos meses, tres y llegó diciembre, mes límite para utilizar los fondos. La alcaldía salía de vacaciones el 19.

Le dijeron a Milagro que el siguiente año pedirían prórroga para utilizar el dinero. Ella sabía lo que iba a pasar. Y pasó. En marzo la alcaldía quiso poner en marcha el proyecto, pero la UNESCO pidió que devolvieran el dinero. No hubo prórroga. No hubo parque sustentable y saludable. No hubo investigación científica. No hubo educación ambiental. No hubo visión.

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