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La enfermera con linaje humanitario que enseña en instituto chalateco

Kaori Kurihana nació en la ciudad de Fukuoka, Japón, el 22 de enero de 1985. Es la segunda de tres hijos, de una familia que tiene la vocación de ayudar al prójimo.
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Orientaciones. Pocos días le quedan a Kaori Kurihana para compartir sus conocimientos en el Instituto Nacional José Orlando Zepeda, en Chalatenango. Durante dos años ha contribuido en la formación de estudiantes que cursan el Técnico en Enfermería.

Orientaciones. Pocos días le quedan a Kaori Kurihana para compartir sus conocimientos en el Instituto Nacional José Orlando Zepeda, en Chalatenango. Durante dos años ha contribuido en la formación de estudiantes que cursan el Técnico en Enfermería.

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Kaori cuenta que su madre labora en un hospital y su padre trabaja como chef en otro hospital de Japón. De sus hermanos, uno es bombero y el otro ayuda a mejorar las diferentes arterias de la ciudad que la vio nacer y graduarse de enfermera.

Desde hace dos años la voluntaria japonesa apoya con sus conocimientos médicos a los jóvenes del Técnico en Enfermería que se educan en el Instituto Nacional José Orlando Zepeda del municipio de Chalatenango. Un mes después de su llegada al país, el 30 de septiembre de 2014, se presentó al centro académico que muy pronto se convirtió en su segunda casa y fue recibida por una familia local que le abrió sus brazos como a uno de sus hijos.

“Yo les llamo papá German y mamá Paula. Son las personas que me han ayudado y dado el abrigo de una familia salvadoreña desde mi llegada a Chalatenango”, comenta Kaori mientras dibuja una sonrisa al recordarlos.

Agrega que su interés en querer ayudar a más personas la llevó a enrolarse en el Programa de Voluntarios Japoneses para la Cooperación con el Extranjero. “En Japón yo laboraba en el Shin Kong Wu Ho-Su Memorial Hospital y veía casos de diabetes y el corazón, pero tenía la inquietud de salir de mi país para enseñar a otras personas prácticas sobre Enfermería y cómo realizarlas de una mejor manera. Eso nació en gran parte de ver a mi mamá trabajando en el hospital y a mi papá que también prepara los alimentos para enfermos”, cuenta la joven.

En El Salvador Kaori asiste a los maestros en temas de saneamiento ambiental, técnicas de enfermería y asistencia médica.

“Los estudiantes aquí son muy buenos, muy receptivos, lo malo es que muchas veces quieren ir directo a las prácticas y no leer mucho, y eso es muy importante en la medicina. Tienes que leer para estar seguro de qué estás haciendo con un paciente, cómo tratarlo y qué hacer en casos de mucha emergencia”, explicó la enfermera.

La voluntaria de JICA (Agencia de Cooperación Internacional del Japón) manifiesta que, entre lo que más le ha gustado de la gastronomía salvadoreña, está la manera en que se prepara el pollo, además de las pupusas de loroco. “Son una verdadera delicia, muy bueno el pollo y las pupusas, pero sobre todo las de queso con loroco”, afirma riéndose.

En el escritorio de Kaori Kurihana están pegados números en forma descendente, indicando los días que le quedan de estadía en El Salvador. “Ya tengo fecha de partida, con mucha tristeza me voy el próximo 27 de septiembre. Para ese entonces espero haber concluido todas las metas que me propuse tanto con los alumnos como con el instituto”, dijo Kurihana al ver las pocas hojas de números que ya quedan.

La voluntaria japonesa no descarta regresar en los próximos años, en calidad de turista, para seguir disfrutando de la gastronomía y los bellos paisajes.

Tags:

  • chalatenango
  • voluntaria japonesa
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