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La escuela de San Antonio del Mosco que empezó en una casita de adobe y hoy quiere un bachillerato

153 alumnos necesitan de una biblioteca, una sala de estudio y un sitio adecuado para consumir sus alimentos.

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La escuela de San Antonio del Mosco que empezó en una casita de adobe y hoy quiere un bachillerato

La escuela de San Antonio del Mosco que empezó en una casita de adobe y hoy quiere un bachillerato

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Rosalina Argueta Argueta tiene 67 años. Estudió sexto grado en el  municipio de Torola,  Morazán. Con tan solo ese nivel educativo y a sus 38 años empezó a desarrollar la docencia, en  plena época de conflicto armado en El Salvador.

Así que, en 1988, fundó el Centro Escolar Caserío San Dieguito, perteneciente al municipio de San Antonio del Mosco, en San Miguel, para tratar de atender la gran necesidad de educación que había en la localidad.

Foto: Erick Argueta 

Argueta inició en su propia casa, enseñándole a leer y escribir a Corina Argueta una de sus hijas, a Aracely Molina y a Edilia Argueta ambas vecinas. Ellas fueron sus primeras alumnas; empezó enseñándoles las vocales, números y el abecedario.

Días después, la noticia llegó a oídos de otros padres de familia, quienes tomaron la decisión de mandar a sus hijos a aprender. Eran aproximadamente 25 alumnos y en la casa de Rosalina.

Foto: Erick Argueta 

La casa que servía como escuela era de adobe, no cabían todos y no eran suficientes los lugares para sentarse. Ante la necesidad, las personas de la comunidad llegaron al acuerdo de crear una directiva y también de construir bancos de madera, para que los estudiantes se pudieran sentar, no eran cómodos pero las ganas de aprender eran grandes.

Niña Rosa, como es conocida por muchas generaciones de estudiantes del centro escolar, fue docente ad honoren por tres años. “Al ver a niños de 8, 10 ó 12 años que llegaban con los cuadernitos en la bolsa del pantalón y con la necesidad de aprender me motivaba a seguir enseñando sin ningún salario”, dijo.

Foto: Erick Argueta 

Para iniciar el segundo año, los padres de familia pidieron a Rosalina que continuara enseñándole a sus hijos. Ella aceptó, pero se necesitaban recursos didácticos y otra casa. Cirilo Quintanilla, director de la escuela del municipio de Carolina, San Miguel, les ayudó con una caja de yeso, libros de matemáticas, lenguaje y ciencias naturales.

A finales de ese segundo año, 1989,  Rosalina pudo graduar su primera promoción de parvularia.
Tres años después, la Asociación Patronato para el Desarrollo de las comunidades de Morazán (PADECOMS) apoyó la escuelita con madera para construir pizarras y pupitres, y proporcionaron un sueldo de 150 colones a Rosalina y otros docentes.

La cantidad de alumnos seguía aumentando y el reducido espacio de la casa cada vez era más sensible. Entonces las directivas de la comunidad compraron un terreno en 1,000 colones y construyeron una casa de bajareque y otra de adobe.

Gestión de un Centro escolar más moderno

La comunidad y PADECOMS se movilizaron para mejorar las condiciones de la escuela. Para el año 2000, Ayuda en Acción y SIASSO construyeron la escuela con 6 aulas, cocina, dirección, servicios sanitarios; donaron pupitres y pizarras. 

Dos años más tardes, sin embargo, Rosalina tuvo que dejar de ejercer la docencia por su estado de salud.

Actualmente, a la escuela del caserío San Dieguito asisten 153 alumnos desde parvularia a segundo año de bachillerato a distancia.

Pero la comunidad tienen un nuevo sueño: quiere que la escuelita que tanto esfuerzo les ha costado pase a ser Complejo Educativo.  “Ahora se ve la demanda; es por eso que se ha tomado la decisión de implementar el bachillerato regular. Esa es la propuesta que tenemos de la planta docente y la población estudiantil, que también lo solicita… Se hará el esfuerzo”, explicó Manuel de Jesús Joya Martínez, director departamental de educación.

Dijo que el proceso que se requiere para implementar este bachillerato tiene que ver con el presupuesto, el cual consiste en la asignación de horas clase, dos plazas docentes y la aprobación oficial del nivel central.

El centro escolar también necesita una biblioteca, un lugar para que los alumnos estudien y un sitio adecuado para que los estudiantes consuman sus alimentos.

Por ahora, los niños y adolescentes comen bajo los árboles, sentados en trozos de madera o en los arriates del jardín. “Si alguna institución puede ayudar a este centro escolar, que lo haga porque es necesario que siga evolucionando para seguir generando un aprendizaje de calidad, y que tengan un lugar adecuado para alimentarse”, mencionó Argueta.

 “Somos una comunidad de bajos ingresos económicos, por lo que las ayudas son bienvenidas, porque los estudiantes lo necesitan y si alguien desea unirse a la causa se le agradecerá porque la educación es una buena inversión para la sociedad”, dijo por su parte Lucio Rivera, padre de familia.

Tomando senderos para ser profesionales

Las malas condiciones de veredas  no es impedimento para que los estudiantes lleguen todos los días desde diferentes caseríos aledaños como: Nueva Concepción, San Diego, El Portillo y San José, los alumnos de más lejos caminan una hora y veinte minutos y los de más cerca veinte minutos.

Las oportunidades de prepararse profesionalmente en este lugar son pocas. De 70 estudiantes que se han graduado de bachillerato, 10 estudian en la universidad. “Somos un cantón casi en total olvido y una de las luchas es tener el bachillerato.

La promoción de este 2018 será la quinta de la modalidad semipresencial, debido a la pobreza y falta de oportunidades los alumnos no continúan sus estudios”, dijo el director Santos Porfirio Nolasco.
 

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