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La fuerza de Brenny, por el cáncer de su madre

Su madurez engaña: cualquiera que la escucha hablar no cree que es una niña de 13 años, su mentalidad abierta hace pensar eso, pero su corazón dispuesto a ayudar a los demás y su visión de la vida encajan en una adolescente con cimientos importantes.
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Con el corazón.  Brenny Portillo donó su cabello para que hicieran una peluca para mujeres con cáncer.

Con el corazón. Brenny Portillo donó su cabello para que hicieran una peluca para mujeres con cáncer.

Honor.  La niña donó su cabello a mujeres con cáncer, enfermedad por la que falleció su mamá.

Honor. La niña donó su cabello a mujeres con cáncer, enfermedad por la que falleció su mamá.

Feliz.  Brenny, a sus 13 años, donó 30 centímetros de cabello para  hacer pelucas.

Feliz. Brenny, a sus 13 años, donó 30 centímetros de cabello para hacer pelucas.

La fuerza de Brenny, por el cáncer de su madre

La fuerza de Brenny, por el cáncer de su madre

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Brenny ha tenido una base sólida en su familia: hermanos que la apoyan y le ayudan

a crecer; y un padre que ha sido su guía y respaldo, al igual que lo fue su madre hasta hace cuatro años, cuando falleció de cáncer.Ana Judith de Portillo perdió la batalla contra el cáncer el 26 de septiembre de 2011. De ahí a la fecha, su esposo, Mauro Portillo, ha continuado el camino de guiar a los tres hijos y buscar alcanzar la meta que como novios se propusieron.

Y sus frutos se ven. La conciencia que ha ido desarrollando Brenny la llevó a tomar la decisión hace unos días de cortarse el cabello y donarlo a la campaña que tiene la asociación Gente Ayudando Gente para recolectar cabello y hacer pelucas naturales que sean para beneficio de mujeres con cáncer en El Salvador.

A inicios de mes conoció la campaña que está realizando Gente Ayudando Gente, maduró la idea, la pensó bien y le dijo a su papá que quería donar su cabello para esta gran obra.

La niña, que cursa séptimo grado, sabe perfectamente que el cáncer es una enfermedad grave, difícil, pero también conoce personas que lo han superado. Por ello es que para apoyar a las mujeres luchadoras que se encuentran en sus tratamientos de quimioterapia Brenny decidió donar su cabello.

“Comentaba con ellos (familia): mi mamá hubiera necesitado una peluca natural y a mí me hubiera dado una gran alegría que otra persona lo hiciera. Yo no sé ni a qué persona le dan mi pelo, pero sé que puedo hacer feliz... Así como yo hice, me hubiera gustado que hubieran hecho feliz a mi mamá”, reflexionó la niña.

El dolor de haber perdido a un familiar con cáncer aún se mantiene en la familia Portillo, pero pesa un poco menos con la fortaleza de Dios, que se traduce físicamente en acciones y actitudes como la de Brenny.

“No puedo hacer mucho por las personas que tienen cáncer, pero es bueno saber que puedo ayudarlas con un poquito, aunque sea para que se sientan mejor... Porque esas personas acaban de pasar por un montón de cosas y algunas todavía lo siguen tapando y es triste saber que después de verse arregladas... Es bien difícil para ellas aceptar para ellas todo lo que viene después de la enfermedad”, reflexionó Brenny.

La niña está consciente de que a su mamá le detectaron muy tarde el cáncer. Pese a ello, se siente orgullosa de que su mamá cumplió su misión y sabedora que con sus hermanos “ahora está solo de nosotros de seguir con los valores que nos han puesto; de seguirla recordando como una persona buena y no pensar en negativo. Mi mami ya está en el cielo... Algún día, primero Dios, yo me pueda reunir con ella”.

Brenny ya está pensando en el próximo año, lo tiene claro: quiere que le crezca el cabello lo más que pueda para donarlo a la campaña. Días después de que le cortaron sus 30 centímetros de cabello (lo menos que es permitido donar) en uno de los salones donde los cortan gratis (cuando es para esta donación) confesó que se siente rara, que no le agarra la cola, pero el haber hecho algo bueno por alguien le conforta y le hace olvidar que ya no tiene el cabello largo, sino que corto.

Ahora, cuatro años después, desde el cielo Ana Judith se regocija al tener en la Tierra a su hija: con sentimientos y actitudes de una adolescente que está a punto de ser una mujer de la cual ella, sin duda, se siente orgullosa de haber sido madre.

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