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La guardia del arcoiris de tela en Panchimalco

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Existe una vieja creencia irlandesa, una leyenda, que dice que, al final del arco de un arcoíris, se encuentra un duende, un leprechaun, que resguarda en una olla un tesoro inigualable de gran valor. La mujer de esta historia tiene símiles con el protagonista de aquella leyenda; ella también resguarda un inmenso tesoro.

Sentada al final de un largo pasillo, Claudia Vega, de 72 años, termina de escoger los hilos más bonitos. Los enhebra en el telar y, con la delicadeza de sus pequeñas manos, los va ordenando uno a uno. Juntos ya, alrededor de su cintura, recuerdan un arcoíris en su más esplendorosa expresión. Los hilos, un arcoíris; y ella, atrás del arco, un duende.

Así, menuda como la mayoría de las "Panchitas", resguarda uno de los tesoros más valiosos de una herencia cultural de antaño.  Es una de las últimas mujeres de Panchimalco que mantienen vigente la elaboración de textiles artesanales, con telares de cintura. Hasta hace unos años había seis, ahora solo quedan cuatro.

“Trabajen, cipotas, que de esto van a vivir. Esto que hacemos, apréndalo a hacer bien. Más adelante, a saber cómo serán las cosas”, decía la abuela Cleofes a sus hijas y nietas. Y resultó ser cierto. Cleofes Viuda de Vega, era la abuela de Claudia, quizás la última gran confeccionadora de huipiles, paños de cabeza, y faldas de Panchita. Fallecida en 1983, fue ella quien enseñó a sus hijas la manufactura de las telas, toda una herencia prehispánica.

"De cantones de Panchimalco, e incluso desde San Salvador, venían a comprarle a mi abuela. Les encantaba su trabajo", afirma Claudia. Cleofes fue quien, durante décadas, vistió a las famosas “Panchitas”: aquellas mujeres de pequeña estatura, ataviadas de faldas de color rojo y azul, que lucen “pintorescas” en postales antiguas.

Las “Panchitas” casi que se encuentran en extinción. En Panchimalco cada vez es más difícil observarlas. Son pocas las ancianas que llegan de cantones -porque en el casco urbano, no hay- vestidas, de forma cotidiana, con su singular falda y paño. Las jóvenes, en cambio, visten a lo moderno. Incluso, a muchas, les apena vestirse de esa manera. Y es lo acostumbrado, pues incluso las Vega nunca anduvieron vestidas de tal forma.

Pero así como la usanza de esa vestimenta se va erosionando, la demanda, también. Y como es lógico, las manufactureras menguaron. Ahora sólo quedan cuatro, las mujeres de la familia Vega. Por ello, la casa de cultura de Panchimalco tuvo a bien contratar a Claudia para que sea ella quien mantenga vigente la elaboración de textiles artesanales.

Hasta el momento, Claudia tiene seis alumnos quienes están aprendiendo a tejer. Aún los alumnos no tienen la habilidad de la maestra, pero la intención es mantener vigente esta tradición.“No quiero que desaparezca esta herencia, es casi como que desapareciese una historia”, dice Vega, mientras sigue tejiendo.

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