La justicia también es para la niñez

Los pupitres y sillas de un aula del Centro Escolar República de Panamá sirven de escenario para simular una sala de audiencias. Un juez, un agente policial, un abogado defensor y un procurador son los protagonistas de la interpretación de una escena de violencia intrafamiliar. Alrededor de 40 niñas y niños los observan con atención durante la audiencia especial.
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Es martes 16 de mayo. Un pasillo de ladrillos color rojo conduce a la sala de audiencias donde esta mañana Carolina, una niña de 12 años, es protagonista de un caso violencia intrafamiliar junto a su madre. Ambas eran abusadas por su padre alcohólico. Los ojos bien abiertos de los niños no dejan pasar ningún detalle de los actores. “Nos ponemos de pie para el ingreso de la jueza”, dice el secretario de la audiencia.

Los niños y niñas se paran y dejan caer algunos pitillos y globos, entre risas nerviosas.

La jueza inicia la audiencia y escucha la declaración de los padres de Carolina. Las cabezas de los pequeños van de derecha a izquierda al escuchar las declaraciones de los abogados que representan a los padres de la niña.

Dentro de la sala de audiencias los niños del lado derecho se guían por las señas que una intérprete hace con sus manos. Ellos provienen del Centro Escolar Griselda Zeledón, una escuela de niños sordos. Sus bocas se abren al leer los gestos que hace su maestra de señas.

La jueza escucha a los abogados de ambos padres de Carolina y toma notas. La madre de la pequeña pide que su pareja salga de casa y le pague la manutención de su hija.

Los niños hacen señas y ademanes entre ellos, como si se preguntaran qué pasará con los padres de Carolina. La intérprete continúa señalando las acciones de los protagonistas en escena. Se escuchaba el tráfico de la calle principal frente a la escuela, pero en el aula predominan las voces de los actores principales.

Los dulces, bombones y espantasuegras quedan en el olvido cuando los niños escuchan que la jueza finaliza la audiencia. La juzgadora acepta la solicitud de la madre de la niña y ordena al padre asistir a sesiones de Alcohólicos Anónimos.

“De pie, por favor, para la salida de la jueza”, solicita el asistente de audiencia.

Los niños se levantan inmediatamente, como comprendiendo el proceso de audiencia.

Los protagonistas de este sociodrama no son precisamente actores. Los personajes son jueces, procuradores y agentes policiales que trabajan en casos reales del sistema de justicia salvadoreño. El sociodrama que hoy han protagonizado pretende promover los derechos de la niñez desde los actores reales de la Policía Nacional Civil, la Fiscalía General de la República y la Procuraduría General.

La Comisión Coordinadora del Sector Justicia, por medio de la Unidad Técnica Ejecutiva (UTE), desarrolla esta actividad del programa “La justicia también es para mí’’, con el cual buscan acercar las instituciones de justicia a los niños y niñas del país. El programa está dirigido a estudiantes de centros escolares públicos de la zona metropolitana de San Salvador, con énfasis en aquellos ubicados en zonas de alto riesgo social.

La directora general de la UTE, Kenia Elizabeth Melgar de Palacios, explicó ayer: “Hemos beneficiado a 14,000 estudiantes y 500 docentes de 15 centros educativos del área metropolitana de San Salvador”.

Los beneficiarios, hasta la fecha, provienen de los centros escolares República de Panamá, Mercedes Quinteros, Salvador Mugdan, Constitución 1950 y Griselda Zeledón. Al finalizar la simulación de la audiencia especial, la UTE regaló la Ley Lepina a los niños y niñas. El libro incluía material ilustrado de los derechos y deberes de la niñez salvadoreña, además de enseñar sobre la Ley Penal Juvenil y la Ley contra la Violencia Intrafamiliar.
 

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