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La maestra que hizo pupitres y ahora es líder en la iglesia en Comacarán

Ella se formó como maestra en la escuela Rural Mixta de Izalco, Sonsonate, entre libros y pequeñas candelas que iluminaban sus noches largas de estudio.

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El nombre Isabel Emperatriz de Álvarez le sienta a la perfección; ella tiene un aire aristocrático. A sus 82 años se sigue sentando erguida, con las piernas juntas. En la muñeca izquierda siempre luce su reloj color de oro, con pequeñas decoraciones y, como es su costumbre, pasa las tardes en su sofá de cuero. A su lado hay una pequeña mesa con un rosario de plata, símbolo de su fe.

Isabel es una señora de trato cálido, originaria de San Carlos, Morazán; en su mirada se refleja una infinidad de memorias. En el amplio corredor de su casa tiene un espejo grande y antiguo; y de las paredes de su hogar cuelgan un sinfín de cartas, recibos, estampas de santos y tarjetas de felicitaciones de navidades pasadas.

La “niña Isabel”, como le llaman cariñosamente, es una maestra jubilada. Prestó 31 años de servicio en la escuela, dos de ellos en el centro escolar José Amora, en el cantón Los Panes Segundos de Chinameca, y el resto en la escuela de Comacarán, San Miguel, hoy conocida como Complejo Educativo José Walter Escolero Núñez. Isabel, se quedó a vivir en dicha ciudad, ahí se casó y procreó 3 hijos.

Mientras camina a su habitación, añora con orgullo sus historias de la Escuela Normal, ubicada en Izalco, Sonsonate, donde estudió pedagogía. Aún recuerda que en la escuela, donde ingresó a los 19 años, usaba un uniforme de pantalón ancho a la cintura y zapatos cerrados de cinta. Ahí, dice, hizo amistades que ha conservado durante toda su vida y, sin importar la distancia, el contacto se mantiene con las más allegadas.

“Aun puedo escuchar las voces de mis compañeros de salón, las risas, y las lecciones que nos daban los maestros en aquel entonces. El tiempo pasa volando, pareciera que todo fue ayer”, comenta Álvarez sonriente.

En aquel entonces, Isabel dice que tuvo la suerte de tener una maestra de educación del hogar. Gracias a ella logró aprender modales, a tejer, a expresarse correctamente y desenvolverse con facilidad ante cualquier situación que se le presentara.

Su educación fue muy ardua en Izalco, y le valió para que, más tarde, fuera seleccionada y enviada para educar a los niños en una escuela en Comacarán, San Miguel.

“Los alumnos iban descalzos a la escuela en Comacarán. Nosotros les hacíamos los pupitres de tablas donde se sentaban 8 niños en una sola mesa, pero valía la pena, ya que ellos ponían mucho empeño por querer aprender”, Isabel Emperatriz de Álvarez.

Cuando Álvarez llegó a la pequeña comunidad, tenía muchas expectativas de mejorar la educación. La escuela de la localidad llegaba hasta 4º grado. Ahí empezó a trabajar como maestra auxiliar, pero su desempeño le permitió ser nombrada más tarde como directora. Con esfuerzo logró fundar hasta 6º grado, y luego su esposo continúo al frente de la escuela, que siguió ampliando su capacidad.

“Se fue incentivando y poco a poco tomó forma la escuela. Todos venían aquí, ya que únicamente había primero y segundo (grados) en los cantones. Recuerdo que estos lugares eran demasiado pobres; los alumnos iban descalzos a la escuela, nosotros les hacíamos los pupitres de tablas donde se sentaban ocho niños en una sola mesa, pero valía la pena ya que ellos ponían mucho empeño por querer aprender”, rememora Isabel con nostalgia.

En aquel entonces, dice, a los maestros nos les daban bonos. Además, era ella personalmente quien viajaba hasta San Salvador para traer el yeso, escobas, papel de oficio y de empaque. Ponía manos a la obra y, con una aguja e hilo, hacía los cuadernos a los alumnos que no podían comprarlos. Les daban uno para todas las materias. Los niños de aquel entonces aprovechaban al máximo cada pedacito de papel, recuerda.

Como maestra, tuvo un método de enseñanza y era el tan conocido “rigor y amor” que implementaba a sus alumnos, pero en especial aquellos que eran un tanto inquietos. Isabel recuerda a un pequeño niño en particular con una peculiaridad:

“Un empresario (que) fue mi alumno, Antonio Durán, tiene una su radio allí en San Miguel, todos los 22 de junio (Día del Maestro) se acuerda que yo era muy estricta (se ríe mientras recuerda). Él tenía la mala costumbre de andar armado, ya sea con un tenedor o cualquier otro artefacto, todo el tiempo le gustaba andar así, pero ahora le dice a sus excompañeros que está muy agradecido conmigo”. El amor no quita conocimiento, sentencia Isabel.

Luego de pasar momentos inolvidables en su labor en el magisterio, decidió que era momento de jubilarse. Lo hizo a sus 50 años de edad, con el propósito de vivir plena y tranquilamente y  así dedicarse de lleno a su hogar. Pero el destino le tenía preparada otra labor.

Como jubilada, sintió la necesidad de acercarse más a Dios. Empezó a frecuentar asiduamente la iglesia y así inició un gran proyecto de amor y servicio al prójimo. Hoy, ella dirige la labor de la comunidad católica en Comacarán.

Una mujer con una gran trayectoria llena de historia de perseverancia, optimismo y entrega. Estas características han hecho que su nombre sea muy conocido entre los habitantes del municipio. Se ha ganado el respeto y el cariño de toda la comunidad ya que, en palabras de algunos de sus alumnos y amigos más cercanos, ella marco de manera positiva sus vidas.

A sus 82 años, Isabel Emperatriz de Álvarez, sigue firme como un roble, con determinación y sus deseos de seguir en las obras de la iglesia, sin duda alguna su nombre, sus acciones serán muy recordadas por las siguientes generaciones ya que ha sido un pilar fundamental en la vida de ellos.

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