La mano dura produce resultado a corto plazo, pero no sostenible”

Enrique Núñez, experto en seguridad, habla de los retos en materia de seguridad de los países del Triángulo Norte. Superar narcotráfico y pandillas son algunos.
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El catedrático y experto en temas de seguridad afirma que existen dos Centroaméricas y que la más preocupante es la del norte, la franja que reúne a El Salvador, Honduras y Guatemala, donde la situación de inseguridad es aguda, crónica, lo cual se refleja de múltiples maneras, pero cuyo indicador más brutal, más grotesco, es el número de homicidios que se cometen en los tres países. En El Salvador, la cifra de homicidios es epidémica.

¿Como evalúa la seguridad en El Salvador, comparado con la región centroamericana?

Para que tenga una idea, con la última cifra de El Salvador sobre 100,000 habitantes que estaba en más o menos a poco más de 100, eso significa que El Salvador tiene 10 veces más homicidios que el país de Centroamérica que tiene menos que es Nicaragua; entonces, el primer dato que debemos de entender es que tenemos un gran contraste entre los países del norte y los países del sur. Los países del norte tienen tasas de homicidio y delictividad y presencia de la criminalidad organizada mucho más agudas. Eso tiene muchos rostros: está el rostro del delito común, está el rostro del crimen organizado y está el rostro de esa expresión entre el delito común y el crimen organizado, que son las llamadas pandillas y maras. Lo más notable tal vez sea que, más allá de categorizar lo seguro y otro espacio, teníamos que estar hablando de actores delictivos con una gran capacidad de mutación; son muy dinámicos, tienen una gran capacidad de evolución; entonces, eso explica por qué muchas veces nuestras políticas tienen resultados insuficientes, y es que cuando logramos entender la dinámica del delito, la dinámica de la criminalidad organizada, resulta que los actores delictivos mutaron o se transformaron o lo hacen de una manera mucho más rápida, másveloz que nuestras capacidades de respuesta.

Pero en el Triángulo Norte es donde hay más pandillas, no así en Nicaragua, Costa Rica.

Las pandillas y las maras son un fenómeno muy propio del norte de Centroamérica. No tenemos maras en su configuración, tan acabado y desarrollado como en Honduras, Guatemala y El Salvador, no los tenemos en Nicaragua, en Costa Rica o en Panamá. Tenemos pequeños gérmenes en la región, pero no son los grados de complejidad y escala que tienen el norte de Centroamérica. Aunque yo entiendo el debate que hay en El Salvador en torno al impacto de las maras en materia de la violencia contra la vida, el negocio principal de las maras no es matar: el negocio principal de las maras es la extorsión y eso explica por qué son tan florecientes, porque la economía, la extorsión es el mejor sistema impositivo que existe; se le cobra a la economía formal, a la economía informal, se le cobra a la señora que hace las tortillas en Guatemala o las pupusas en El Salvador, o que vende plátano maduro con queso en cualquier lado, se le cobra al chico que lustra botas y se le cobra al empresario que puso su venta de pollo, o tiene su tienda; entonces ese elemento de una economía delictiva, una economía ilícita floreciente, es lo que alimenta fundamentalmente el poder que tienen estos grupos criminales hoy llamados maras y pandillas; eso, sin lugar a dudas, es un fenómeno norteamericano.

¿Por qué cree que se da el fenómeno en los tres países?

Es muy difícil tener una respuesta. Yo he escuchado expertos en maras, que dan múltiples explicaciones: el volumen de la migración y de los retornados de migrantes, dado que en buena medida, según algunos de los especialistas, las maras y las pandillas, en su sentido más desarrollado, tienen origen en Estados Unidos. Sin lugar a dudas, las condiciones económicas que explican la migración, o sea una economía que tiene gran capacidad de expulsión, muy baja capacidad de captación, de producción de trabajo, especialmente en sociedades muy jóvenes como la nuestra, significa que tenemos una población joven con bajos niveles de educación, y sin exposición al trabajo o en funciones laborales, que se convierte en un pasto natural para el crecimiento de organizaciones delictivas de esta naturaleza.

El problema del narco no puede ser asumido solo con una lógica, e incluso se puede aplicar para las maras. No puede ser a su vez solo una lógica de seguridad, tiene que ser una lógica económica, porque al final es un asunto que actividad sea lícita o ilícita que produce más acumulación de riqueza, ¿dónde ganó más?, ¿dónde resuelvo mejor mis problemas?

¿Qué hacen los otros países para evitarlo?

Organización de barrio, la organización de cuadra, que actúa como una suerte de sistema de alerta temprana y una muy buena reforma policial, que se dio en Nicaragua, una de las más exitosas de América Central con enfoque de Policía de proximidad, Policía comunitaria. Esa combinación de comunidades organizadas que tienen confianza en la policía y que actúan con mecanismos de cambio de información, hay quienes dicen que permite una medida que se detecte, de manera temporal, la penetración de mareros como de cualquier otro tipo de actividad delictiva.

Aquí también se implementa la filosofía de Policía comunitaria, pero no ha habido resultados a corto plazo.

Un enfoque de Policía comunitaria requiere, por un lado, de la confianza de los ciudadanos en los cuerpos de seguridad, y no estoy emitiendo opinión si los salvadoreños confían o no confían en los cuerpos de seguridad; sin embargo, se requiere que las comunidades confíen en los policías designados para compartir información. El tema de la región es que nuestras sociedades confían poco en los cuerpos de seguridad y confían poco porque hemos visto durante muchos años que los cuerpos policiales, a veces, no son más un factor de solución, sino que se convierten en parte del problema de la inseguridad.

Pero, ¿cómo evitar eso?

Es muy difícil, no hay recetas. Lo que tenemos claro es que en materia de reforma de los cuerpos de seguridad es fundamental, primero, dignificar a la Policía; lo que le decía en términos del problema económico, de la criminalidad organizada en sus distintas expresiones. Igual que un joven posiblemente vaya a ganar más dedicado a un negocio ilícito, que siendo dependiente de una tienda que vende pollos en el barrio, de igual manera los salarios de los policías son insuficientes frente al apoyo a las potenciales ofertas que actores delictivos les puedan hacer. Hay que darle mejor salario, mejores condiciones de infraestructura mínima.

Actualmente han anunciado un bono a los policías de $150 trimestrales, pero a algunos policías lo califican como una “limosna”. ¿Es justo un bono de esa cantidad?

El asunto es que necesitamos generarles una remuneración decente a los cuerpos de seguridad y eso es un desafío en una región que enfrenta problemas fiscales y presupuestarios muy notables, es un fenómeno regional. Tenemos un problema de crisis presupuestarias muy notable. Ustedes tienen una economía que crece poco, una baja recaudación fiscal. La idea de los bonos es tratar de compensar los malos salarios con un pago especial, es una manera de tratar de decir “bueno, voy a darte un premio especial, un extra por el trabajo” . El asunto es que eso no resuelve el problema, porque este tipo de bonos atenúan la insuficiencia en la cobertura de necesidades del policía o de su familia, en una coyuntura específica, pero no resuelve el mes siguiente, y el siguiente, y el siguiente. Lo que necesitamos es generar recursos suficientes para que haya un sistema de remuneración decente para la Policía o para las Fuerzas Armadas y otras instituciones que laboran en seguridad.

¿La contribución especial para la seguridad en el país soluciona el problema?

Yo estoy convencido de que frente a una situación de impacto tan determinante como tienen la inseguridad en materia, no solo de la vida humana, sino también en la vida familiar, incluso de la economía nacional, porque lesiona las condiciones de competitividad del país, el nivel de inversión en materia de seguridad que tienen que hacer las empresas, yo creo que hay que hacer esfuerzos extraordinarios de financiamiento. Fortalecer una política pública requiere de esfuerzos extraordinarios.

¿La represión, al estilo mano dura, es la clave?

Es una opción que la gente pide capturar de forma inmediata, ver los resultados, pero no es suficiente. Ustedes son un buen caso de cómo la mano dura produce el resultado de corto plazo, pero no resultado sostenible. Honduras es otro ejemplo, en el gobierno de don Ricardo Maduro los niveles delictivos hondureños cayeron drásticamente. Al siguiente gobierno, habían duplicado el nivel más alto previo a la política de mano dura. Aquí ha pasado lo mismo, ¿verdad?

¿Cómo sostener la política de un gobierno a otro con intereses y visiones diferentes?

No podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo. En cualquiera de los países, los gobiernos arrancan con una gran vitalidad y esa vitalidad baja paulatinamente, y al bajar la vitalidad normalmente baja la efectividad de la política pasada en seguridad como en muchas otras cosas. El asunto es que nosotros pensamos que una estrategia de seguridad o una política de seguridad va a dar resultado y eso no es cierto. Las políticas tienen lineamientos que establecen el tiempo, pero acciones de política concreta variables en el contexto, y eso es la flexibilidad de la que muchas veces se carece.

¿La tregua entre pandillas, como la que hubo en el país a partir de marzo de 2012, es una opción?

Es muy difícil evaluar la tregua desde afuera, pero escuchando el amplio debate que ha habido en el país, creo que hay que abordarla de distintas dimensiones. Uno es cuál fue el resultado concreto que la tregua tuvo. Pareciera evidente que hubo una coyuntura, más o menos sostenida, no sé, de un año y pico más, y nos dio una contracción dramática del nivel de homicidios. Eso te da una idea de que la tregua era la que involucraba voluntad de los actores delictivos que se pusieron de acuerdo, pero además de tener una idea del poder que tienen, el poder de matar de estos actores que se pusieron, en esa oportunidad, de acuerdo. Lo otro, en qué medida es el periodo de contracción de homicidios que no permitió, por ejemplo, la reorganización de los grupos juveniles en las pandillas o el afinamiento de los sistemas de reclutamiento. Tendríamos que preguntarnos también en qué medida ese acuerdo no generó un clima para que el negocio floreciera, o sea, se redujeron los homicidios, pero la pregunta es qué pasó con la extorsión, se mantuvo igual creció, decreció. Esos son puntos a evaluar.

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