La millonaria extorsión escondida en el centro de S. S.

Fiscal dice que comerciantes no denuncian y que por eso es difícil resolver las extorsiones en el centro. Pandilleros se disfrazan de vendedores para recolectar el dinero en la zona.
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La cantidad de vendedores extorsionados y los montos de dinero que los pandilleros mueven a diario, producto de esa exigencia a los comerciantes del Centro Histórico de San Salvador, son desconocidos para la Unidad Especializada Antiextorsión de la Fiscalía General de la República (FGR). La explicación del coordinador de esa unidad, Alfredo Quijano, es que la falta de denuncias hace imposible dimensionar el problema.

“Manejar una cuantía en el Centro Histórico de San Salvador (sobre las extorsiones) es bien difícil de establecer y determinar; el flujo de dinero es variable. Lo que sí se puede decir es que la particularidad de las extorsiones en el centro de San Salvador es que no es a través de una línea telefónica, sino que es personal. Ellos (los extorsionistas) casi siempre van de vendedor en vendedor”, dijo Quijano.

El jefe fiscal detalló que entre enero de 2015 y marzo de 2017 han sido capturados 10 supuestos pandilleros que se dedicaban a extorsionar en el centro capitalino. De esos, ocho ya fueron condenados y los otros dos aún continúan en el proceso judicial. Las 10 capturas, según reconoce Quijano, son resultados minúsculos ante los miles de comerciantes formales e informales que son extorsionados en las 250 cuadras de ventas del Centro Histórico de San Salvador. Según su testimonio, pagan en promedio $30 al mes, lo que deja una cifra millonaria.

“El problema, que no permite pasar de este esfuerzo pequeño, es que los comerciantes ya se adaptaron a que los pandilleros les cobren la mal llamada ‘renta’. Incluso, ellos ya tienen en su presupuesto el rubro destinado al pago de la extorsión. Nosotros hemos determinado que hay una modalidad de extorsión que llamamos goteo. Las personas no lo ven tan grande porque es un pago a diario, pero al final del mes se vuelve una gran cantidad de dinero que se mueve”, dijo.

La jefa de la delegación San Salvador Centro, Évelyn Marroquín, coincidió con Quijano al decir que la falta de denuncias hace que las investigaciones sobre las redes de extorsión en el centro sean lentas y con pocas capturas.

“La gente no denuncia porque dice que tiene miedo a que algo le pase si habla. Dicen que no confían en la Policía Nacional Civil, dicen que agentes pueden ser corruptos. Pero todo eso es falso. Cuando la gente colabora con su denuncia, resolvemos los casos. Hago un llamado a que denuncien”, dijo Marroquín.

El jefe fiscal agregó que sus investigaciones han revelado que la mayoría de veces los pandilleros no asesinan a los vendedores por no pagar la extorsión y que, por esa razón, no deben temer a denunciar. Según Quijano, “a los extorsionistas no les interesa matar. No les sirven los comerciantes muertos, sino vivos para que les estén pagando, pero amenazan psicológicamente diciendo que conocen a su familia, hijos, dónde viven y que si no pagan los matarán”.

Quijano y Marroquín también coincidieron en que es difícil para las autoridades determinar cuál es el destino del dinero de la extorsión. De acuerdo con Quijano, algunas de las investigaciones han concluido que la mayor cantidad de dinero se reparte entre los que coordinan la recolección y lo demás va hacia los cabecillas nacionales. Sobre los jefes locales de la pandilla, que coordinan la logística de recolección del dinero, como el alias “Snider” del mercado Sagrado Corazón, Quijano y Marroquín solamente dijeron que tienen investigaciones abiertas, pero que no pueden revelarlas.

Así extorsionan en el mercado

Personas cercanas al mercado Sagrado Corazón detallaron a este periódico, bajo anonimato, cómo se organiza la pandilla para cobrar la extorsión, puesto por puesto, todos los viernes por la mañana.

Todo inicia después de las ocho de la mañana, cuando pandilleros disfrazados de vendedores de dulces se pasean por los pasillos del establecimiento comercial observando que no haya policías o personas que consideren sospechosas. De acuerdo con los informantes, estos pandilleros pueden identificarse porque solamente andan una bolsa transparente de dulces y no la variedad: dulces, chocolates y galletas, tal como lo hacen quienes realmente se dedican a vender.

Luego pasa el pandillero recolector del dinero, disfrazado de comprador con una bolsa donde carga productos y fardos de papel higiénico o lejía sobre sus hombros. Anda bien vestido: camisa manga larga y utiliza lentes. Saca una pequeña libreta en la que lleva anotados a todos los vendedores, pero aparenta que es una lista de comprados. Detrás del recolector siempre hay dos o tres pandilleros que lo escoltan, pero se quedan escondidos entre la gente. Normalmente, los escoltas andan con uniformes escolares y bolsones con varios cuadernos y libros, de acuerdo con el testimonio.

Además de los comerciantes, en la periferia del Centro Histórico, donde se ubican trabajadoras sexuales, una representante de ellas también detalló que los pandilleros les exigen $2 diarios. En ese lugar, que pidió no identificar, los pandilleros controlan incluso quiénes pueden o no ser sus clientes.
 

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